Caín

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La obra

Tras el asesinato de Abel, la caída en desgracia divina empuja a Caín a vagar por la tierra de Nod con el único y dudoso bien de la inmortalidad.

En la pluma de Saramago, sin embargo, ese destierro se convierte en un viaje de conocimiento, un vertiginoso ir y venir por tiempos y lugares que permitirá a Caín comprender el origen de su propia maldición.

Desde el sacrificio de Isaac por Abraham hasta la conquista de Jericó, de la destrucción de Sodoma al Diluvio Universal o a los padecimientos de Job, Caín asiste a cada uno de los episodios de una historia de sangre, la bíblica, escrita por un dios caprichoso e irresponsable.

Con la distancia que le permite la ironía, pero con la cercanía que le otorga un compromiso apasionado con los hechos que narra, Saramago nos regala una cruda a la par que humorística parodia del gobierno del Cielo.

«El señor los quiso, el

señor los juntó… Hasta

que un día el futuro

entendió que ya era hora

de manifestarse

En esta nueva novela, José Saramago parte de los orígenes más remotos del hombre que el mundo cristiano recuerda: la creación de Adán y Eva y la expulsión del Paraíso. El primer crimen humano, el asesinato de Abel por Caín, da pie a que Dios descargue su ira por segunda vez sobre los hombres y condene a Caín a vagar eternamente por la tierra de Nod, es decir, la tierra de la nada. Y ello después de que ambos realicen un trato vergonzante en el que, a cambio de su silencio y en una especie de soborno, Dios le otorga a Caín la inmortalidad.

Siguiendo los pasos de Caín, el autor encuentra la guía que nos mostrará desde un lugar privilegiado algunos de los episodios más significativos del Antiguo Testamento: el abortado sacrificio de Isaac por Abraham, la destrucción de Sodoma y Gomorra, la ira de Moisés en el monte Sinaí, la conquista de Jericó, el Diluvio Universal… Capítulos todos ellos con un denominador común: la crueldad del dios cristiano y la arbitrariedad de sus decisiones.

Testigo presencial e incluso protagonista de algunos de estos episodios, con la seguridad en sí mismo que le da no tener nada que perder, Caín se convierte en la conciencia crítica que persigue a Dios y a sus fieles incondicionales, que condena los sacrificios de los inocentes, que no halla sentido a las pruebas divinas, que busca razones donde sólo se ofrecen designios. De ello resulta un cuestionamiento de la fe ciega, de la obediencia incondicional, a la vez que una parodia del autoritarismo. El dios de los cristianos, falto de razones y en ocasiones se diría que de razonamiento, se muestra a la luz de los diálogos con sus siervos como un niño caprichoso o un tirano.

Ese ir de atrás adelante en el tiempo a que está condenado el protagonista, o más exactamente, como dice su autor, «esos súbitos cambios de presente», harán que Caín cuente con la perspectiva de quien sabe lo pasado y lo por venir, y que paradójicamente actúe más como dios que el mismo Dios. Es Caín es el único personaje que se pregunta sobre el destino, sobre el sentido de su vida, y que tiene incluso respuestas para ello.

Con Caín, Saramago se adentra en la historia cotidiana de la Biblia. Cotidiana porque, a partir del destierro que el asesinato de Caín provoca, el autor juega a poner voz y palabra concreta a cada discurso, diálogo e incluso pensamiento de los grandes protagonistas de la Biblia. Con ello nos hace más comprensibles hechos y personajes desde siempre parapetados tras la solemnidad y el misterio de los textos sagrados. Caín sigue de cerca, por tanto, los hechos de la Biblia y sobre ellos fabula, pero partiendo de un conocimiento cierto de los textos sagrados.

Como otras novelas de su autor, Caín resulta demoledora en su perspectiva del destino humano, y lo hace a través de su protagonista principal, el cual adopta una visión desesperanzada de la providencia, desprovista de confianza en el futuro del hombre y la bondad de Dios. Y en este paisaje desolador, son quizá los personajes «malditos» de la Biblia quienes despiertan mayores simpatías: Caín y la hechicera Lilith, además de los desterrados Adán y Eva.

En la corta pero intensa novela que es Caín, por medio de un fino sentido del humor y de la ironía, José Saramago vuelca una visión de los hechos bíblicos madurada al calor de los años, las experiencias y los libros; una visión que ante todo está teñida de crítica y cuestionamiento, que huye de los lugares comunes y de la parodia fácil aun a riesgo de resultar insolente; una visión que, en definitiva, tiene en la injusticia y el dolor humano el faro de todo razonamiento.

Declaraciones del autor

«Escribo para comprender, y desearía que el lector hiciera lo mismo, es decir, que leyera para comprender. ¿Comprender qué? … Cuando alguien está en una lectura y levanta la mirada como si estuviera aprendiendo con mucho más intensidad lo que acaba de leer, es el momento en el que ese alguien está totalmente involucrado, como si pensara: esto es mío, esto tiene que ver conmigo. Uno saca de la lectura lo que necesita.»

«En cierto sentido se podría decir que, letra a letra, palabra a palabra, página a página, libro a libro, he venido, sucesivamente, implantando en el hombre que fui los personajes que creé.

Considero que sin ellos no sería la persona que soy hoy, sin ellos tal vez mi vida no hubiese logrado ser más que un esbozo impreciso, una promesa como tantas otras que de promesa no consiguieron pasar, la existencia de alguien que tal vez pudiese haber sido y no llegó a ser.»

«Llevamos siglos preguntándonos los unos a los otros para qué sirve la literatura y el hecho de que no exista respuesta no desanimará a los futuros preguntadores. No hay respuesta posible. O las hay infinitas: la literatura sirve para entrar en una librería y sentarse en casa, por ejemplo. O para ayudar a pensar. O para nada. ¿Por qué ese sentido utilitario de las cosas? Si hay que buscar el sentido de la música, de la filosofía, de una rosa, es que no estamos entendiendo nada. Un tenedor tiene una función. La literatura no tiene una función. Aunque pueda consolar a una persona. Aunque te pueda hacer reír. Para empeorar la literatura basta con que se deje de respetar el idioma. Por ahí se empieza y por ahí se acaba.»

Sobre Caín

«Dios, el demonio, el bien, el mal, todo eso está en nuestra cabeza, no en el Cielo o en el infierno, que también inventamos. No nos damos cuenta de que, habiendo inventado a Dios, inmediatamente nos esclavizamos a él.»

Declaraciones de la traductora

«Caín es uno de los protagonistas principales. Otro es Dios y otro es la humanidad, con sus distintos nombres y pulsaciones. En este libro, como en los anteriores, El Evangelio según Jesucristo, por ejemplo, nuestro escritor no se anda por las ramas, ni busca subterfugios a la hora de abordar lo que durante milenios, y en las distintas culturas y civilizaciones, han dicho que es intocable e innombrable: la divinidad y el conjunto de normas y preceptos que los hombres establecen en torno a esa figura para exigirse a sí mismos –o tal vez sería mejor decir para exigirles a otros– una fe inquebrantable y absoluta, en la que todo se justifica, desde negarse a uno mismo hasta la extenuación, o morir ofrecido en sacrificio, o matar en nombre de Dios.»

«Caín no es un tratado de teología, ni un ensayo, ni un ajuste de cuentas: es una ficción en la que Saramago pone a prueba su capacidad narrativa al contar, desde su peculiar estilo, una historia de la que todos conocemos la música y algunos fragmentos de la letra.»

PILAR DEL RÍO

Extractos de la obra

«Entonces el señor es capaz de todo, de lo bueno, de lo malo y de lo peor, Así es, Si tú hubieras desobedecido la orden, qué habría sucedido, Lo que el señor suele hacer es mandar la ruina o una enfermedad a quien le falla, Entonces el señor es rencoroso, Creo que sí, respondió abraham en voz baja, como si temiese ser oído, para el señor nada es imposible, Ni un error, ni un crimen, preguntó isaac, Los errores y los crímenes sobre todo, Padre, no me entiendo con esta religión, Haz por entenderte, hijo mío, no tendrás otro remedio.»

«La tierra está parada, señor, dijo josué con voz tensa, desesperada, No, hombre, tus ojos te engañan, la tierra se mueve, da vueltas sobre sí misma y va girando por el espacio alrededor del sol, Entonces, si es así, manda parar a la tierra, que sea el sol el que se pare o que se pare la tierra, a mí me es indiferente siempre que pueda liquidar a los amorreos.»

«Al contrario de lo que suele decirse, el futuro ya está escrito, aunque nosotros no sepamos cómo leer la página, dijo caín mientras se preguntaba de dónde habría sacado la revolucionaria idea, Y qué piensas del hecho de haber sido elegido para vivir esa experiencia, No sé si fui elegido, pero algo sé, algo sí he aprendido, Qué, Que nuestro dios, el creador del cielo y de la tierra, está rematadamente loco, Cómo te atreves a decir que el señor dios está loco, Porque sólo un loco sin conciencia de sus actos admitiría ser el culpable directo de la muerte de cientos de miles de personas y se comportaría luego como si nada hubiese sucedido, salvo que, y pudiera ser, no se tratara de locura, la involuntaria, la auténtica, sino de pura y simple maldad.»

«Alegría, se preguntó a sí mismo, para caín nunca habrá alegría, caín es el que mató a su hermano, caín es el que nació para ver lo inenarrable, caín es el que odia a dios.»

«Qué sabes tú del corazón de job [dijo dios], Nada, pero sé todo del mío y algo del tuyo, respondió caín, No creo, los dioses son como pozos sin fondo, si te asomas a ellos ni siquiera conseguirás ver tu imagen, Con el tiempo todos los pozos acaban secándose, tu hora también ha de llegar.»

«Dios no vino a la botadura. Estaba ocupado con la revisión del sistema hidráulico del planeta, comprobando el estado de las válvulas, apretando alguna tuerca mal ajustada que goteaba donde no debía, probando las diversas redes locales de distribución, vigilando la presión de los manómetros, además de una infinidad de otras grandes y pequeñas tareas, cada una de ellas más importante que la anterior y que sólo él, como creador, ingeniero y administrador de los mecanismos universales, estaba en condiciones de llevar a buen término y confirmar con su sagrado ok.»

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