Papeles Inesperados

«Papeles inesperados»
Para alegría de cronopios y sorpresa de famas y esperanzas, Julio ha vuelto en Mayo desde la otra orilla. Y aquí estamos todos bailando catala sin parar en torno a esa vieja cómoda que, volviendo a sus esencias de árbol, nos florece estos «Papeles inesperados».
Aurora Bernárdez, su viuda oficial, aunque no única, pues todas sus lectoras lo somos de algún modo, y el crítico y escritor Carles Alvarez han atado estas hojas olvidadas que nos devuelven al gigante fascinador de palabras veinticinco años después de haberle disputado a la vida su último round.
Es difícil creerse que una viuda heredera universal y depositaria de un legado literario de la inmensidad de Cortázar haya vivido un cajón como una casa tomada en la que no entrar durante décadas. En cualquier caso, da igual que este hallazgo sea producto de magias cortazarianas o estrategias editoriales. Dice Carles Alvárez en su prólogo que hay dos tipos de lectores: los héroes que somos los que queremos saber todo del escritor, aunque sean las notas para el panadero, o los vinagretas que considerarán que esta obra traiciona su memoria. Los primeros estamos de enhorabuena, los segundos siempre pueden optar por ignorar estos papeles de Cortázar sin Cortázar.
Queda la duda de si El Gran Cronopio hubiera querido esta publicación y el orden o inclusión de algunos de sus contenidos. Como dice el propio autor en «De trufas y topos», “para corregir todos tenemos tiempo y ojos”. Pero claro, eso lo escribió cuando vivía y veía. Papeles inesperados reúne algunos textos que el propio Cortázar descartó de «Historias de Cronopios y Famas», de «Libro de Manuel» y de «Un tal Lucas». De todas formas, los que queremos tanto a Julio, sólo nos atenemos al placer de este nuevo descubrimiento. Con la tranquilidad de que él mismo se encargó en vida de quemar y destruir mucho de lo que que no quería ver publicado, pero con la duda razonable de que el fuego no haya alcanzado todos los fuegos que el hubiera encendido a día de hoy.

Ojalá haya algún perseguidor recopilando los papeles amorosos y creativos que le faltan a este Julio inesperado
Univeros cortaziano

Lo que está claro es que estos «Papeles inesperados» sólo pueden disfrutarse plenamente a partir del conocimiento del universo cortazariano y sus inquietudes poliédricas. Aunque algunas de estas páginas permiten un goce independiente , sobre todo en la parte poética y en los textos sueltos ,todas, sin excepción, son parte de un territorio cuya cartografía está dibujada en sus obras precedentes. Sin conocer los ochenta mundos creativos de Cortázar es difícil dar la vuelta a este libro. Papeles inesperados es un Julio de Julios al que, sin embargo, se le encuentra una gran carencia: el rastro de Carol Dunlop, su definitivo y gran amor. La escritora y fotógrafa canadiense, segunda y última esposa de Cortázar , con la que escribió a dos manos Los autonautas de la Cosmopista y que falleció en 1982 sin ver acabado el libro es la gran ausente de Papeles inesperados. Cuando Julio Cortázar murió dos años después, Aurora Bernárdez devolvió a la familia de Carol todas sus pertenencias, incluidas las cámaras fotográficas. El rastro de la Osita (como la llamaba Cortázar) apenas es visible en estos Papeles algo tan sorprendente como inesperado teniendo en cuenta la pasión que se profesaron. Hasta el punto de que el escritor y ella comparten tumba , presidida por la estatua de un cronopio, en el cementerio de Montparnasse, París.
La referencia a Dunlop en uno de los textos agrupados por los editores bajo la denominación Fondos de Cajón puede no ser casual, pero el Lobo Cortázar deja claro en el título, El lento desplazarse de las constelaciones por tu piel,la intensidad de su amor hacia Carol. “En la tumba de la Osita…Cuánto quisiera que escribiésemos de nuevo muchas páginas…Creo que lo haremos, quiero que lo hagamos. Estaremos de nuevo tan juntos,Osita”. Como anteriormente lo hizo en el emocionado Post-Scriptum de los Autonautas: “…A ella le debo lo mejor de mis últimos años…”
Ojalá haya algún perseguidor recopilando los papeles amorosos y creativos que le faltan a este Julio inesperado. Esperemos que no duerman en ningún cajón otros veinticinco Mayos.
Mientras llega otro hallazgo, nada mejor que abrazar este libro, seguir bailando catala y cantando”:¡Cronopios de todos los países, uníos! Contra los tontos, los dogmáticos, los siniestros,los amarillos, los acurrucados, los implacables, los microbios”.
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