ASTÉRIX Y OBÉLIX: 50 años pateando los traseros a los romanos y a la historia

Se celebró el aniversario de la famosa historieta que idearon René Goscinny y Albert Uderzo. Una creación que, gracias a su estilo satírico y desenfadado, entretiene a niños y adultos.

Javier Rojahelis

Qué puede resultar más ilustrativo para entender el lugar que ocupa la historieta de Astérix y Obélix en el alma de los franceses que el hecho de que hayan bautizado con el nombre de uno de sus personajes al primer satélite que enviaron al espacio?

Lo cierto es que es este mismo tipo de devoción hacia el cómic creado por Uderzo y Goscinny hace 50 años el que ha terminado convirtiéndolo con el tiempo en uno de los principales íconos de la cultura popular francesa. Podría decirse que casi tanto como la Torre Eiffel, la baguette e incluso Edith Piaf.

No por nada los personajes ya tienen dos adaptaciones cinematográficas, que se financiaron con la sola taquilla de Francia y en las que se involucraron estrellas como Gérard Depardieu y Roberto Benigni. A esto se suman las versiones animadas que se han hecho de la serie, un parque temático al más puro estilo de Disneylandia -en la versión antigua y menos tecnológica, eso sí- y la nada despreciable suma de 350 millones de ejemplares de la historieta vendidos alrededor del mundo.

Francia versus Estados Unidos

¿Pero cuál fue el secreto o la fórmula mágica para llegar a este resultado? Bueno, justamente una pócima mágica creada por un druida que, milagrosamente, transformaba a los galos de una pequeña aldea en invencibles guerreros dedicados a humillar constantemente a las fuerzas invasoras romanas. Una anécdota inexistente en los anales de la historia, pero gracias a la cual el guionista René Goscinny y el dibujante Albert Uderzo lograron justamente darle lo que necesitaba a un pueblo francés que venía saliendo de una vergonzosa ocupación nazi que lo había tenido conviviendo con el enemigo durante gran parte de la Segunda Guerra Mundial. A lo que se sumaba una posguerra en la que, de algún modo, también habían dependido de otro imperio que se estaba formando, el norteamericano.

De ahí que, aunque la verdad histórica dice que los galos fueron sometidos al imperio romano luego de la derrota de Vercingetórix en la batalla de Alesia, la idea de crear una aldea gala que se mantuviera incólume no era un simple juego de ficción más. De hecho, se sabe que detrás del primer “Astérix” que publicaron Uderzo y Goscinny estaba la idea de hacerle frente abiertamente a la mentalidad y a los íconos que estaban trayendo los cómics norteamericanos.

Los mismos autores contaban que ese era el espíritu de toda la revista “Pilote”, que es donde apareció por primera vez su cómic de galos en 1959. Además, confesaban que hasta había existido un cierto grado de improvisación en el estreno que hicieron de sus personajes, porque no habían trabajado ni pensado en ellos, sino en otra historia para publicar en la mencionada revista. Así es, Goscinny y Uderzo habían trabajado una versión humorística del clásico “Roman de Renart”, pero a último minuto se enteraron de que ese mismo tema ya había sido elaborado por otros artistas.

Estaban a mediados de agosto y tenían que hacer otro proyecto, que debía estar listo para su publicación el 29 de octubre. Los autores contaron que se reunieron a tomar licor de anís y a fumar mucho, pensando y pensando en algún período de la historia de Francia que fuera importante y que no se hubiera trabajado en el llamado noveno arte. De ese alcoholizado y bohemio modo llegaron a la Galia, a sus guerreros y a la pócima mágica que se les ocurrió como el elemento ideal para contrarrestar la superioridad numérica de los romanos y, de paso, para romper la verdad histórica. Y no la rompieron una, sino varias veces.

Menos erudición y más pastiche

La verdad es que Goscinny, quien sería el guionista del cómic hasta su muerte en 1977, no era ni un profundo historiador, ni menos un filólogo. Pero aún así se documentó con “La guerra de las Galias” de Julio César, “La vida cotidiana en Roma” de Jérôme Carcopino y “La historia de Roma” de André Piganiol. Aunque él mismo confesaba que a la hora de trabajar cerraba los libros y dejaba que el pastiche se apoderara de él. De tal modo que junto con los detalles que sí se ajustaban a la verdad histórica venían también los irónicos anacronismos como, por ejemplo, cuando se ve a una tropa de godos marchando mientras entonan “Lili Marleen”.

Y, en relación a las aparentemente eruditas citas en latín que de pronto profieren algunos personajes, el crédito se lo daba Goscinny a esas clásicas páginas rosadas que ocupaban el medio del diccionario Pequeño Larousse y que contenían las más emblemáticas frases latinas de la cultura clásica. Así de simple.

Por otra parte, y en relación a las lecturas más políticas de la historieta, se planteó alguna vez que el propio general De Gaulle les habría pedido presentar un cómic que simbolizara la resistencia francesa, esa misma que ocurrió en Francia durante la Segunda Guerra a pesar de que la mayoría de los parisinos convivía de modo civilizado con los nazis (como bien retrató André Zucca en sus fotos). Una estrategia que los teóricos conspirativos plantean como una suerte de apaciguamiento psicológico y de conciencia para los franceses. De más está decir que los autores negaron esas instrucciones planteando que el cómic iba mucho más allá de los franceses y que, incluso, muchas de sus páginas podían entenderse como una sátira al chauvinismo. Como cuando en “Astérix gladiador” los galos protagonistas se pasean por la moderna y sofisticada Roma sin prestarle ningún interés ni a sus termas, ni a sus esculturas, ni a sus delicias gastronómicas y lo único que añoran es volver a la aldea para comer jabalí. Ironías que, en todo caso, otros han interpretado como el más fiel reflejo del engreimiento cultural de los franceses.

Mirada al capitalismo

Lo que sí genera un acuerdo es que la historieta de los galos posee un trasfondo de crítica de la realidad contemporánea. Uno de los más claros ejemplos de ello es el número “Obélix y compañía” que se puede leer como una acertada sátira del capitalismo especulativo. En concreto, la historia muestra a un consejero del César que decide cambiar la estrategia del uso de la fuerza contra los galos -que claramente no estaba dando resultados- hacia un plan que socave las bases sociales de la aldea de Astérix. La idea es llevar el afán de lucro a los galos ofreciéndoles dinero por los inútiles menhires (monumentos neolíticos consistentes en una gran roca), para que así terminen tan afanados en la tarea de producirlos que esto traiga consigo una crisis social entre ellos.

El punto es que la estrategia de los romanos al final se vuelve en su contra y los menhires se convierten en un producto preciado entre los romanos, quienes reclamarán el derecho a ser ellos y no los galos los que tengan el permiso para fabricarlos. La consecuencia de esto es que el sestercio, la moneda en Roma, termina devaluada por culpa del inútil producto. La historieta es de 1976, pero su resonancia crítica resulta tan válida ahora, con la crisis “subprime”, como en ese momento.

Uderzo en la polémica

Este mismo perfil de crítica se fue perdiendo en alguna medida cuando, después de la muerte de Goscinny, Uderzo tomó completamente la continuación de la saga. Y si bien en “El cielo se nos cae encima” (2005) se retoma la parodia a los imperialismos que tratan de invadirnos culturalmente, la pluma de Uderzo acaba siendo bastante más gruesa y debe recurrir a una rebuscada invasión de extraterrestres para graficar, por un lado, el imperialismo norteamericano representado por Dyswaltlandia (claramente Disney) y, por otro, el imperialismo de Japón representado por Namgas (que es obviamente alusivo al manga o cómic japonés).

De algún modo, Uderzo se ha excusado de que actualmente el cómic de Astérix sea más liviano y no logre tener la insolencia de antes argumentando que hoy lo políticamente incorrecto no es viable como antes. En Le Figaro comentó: “Yo soñaría con hacer viajar a nuestros galos a la África negra. Pero yo sé que eso inevitablemente traerá acusaciones de racismo. Cuando yo era chiquillo, Hachette publicó un álbum titulado “Mickey, el africano”. Eso sería impensable hoy. Solamente hay que ver lo que ha pasado recientemente con “Tintín en el Congo””.

Pero no es la única crítica que ha tenido que recibir Uderzo. Su propia hija se fue recientemente en su contra, a raíz del anuncio de que autorizaría la continuación de las aventuras de Astérix después de su muerte. Uderzo justificó su decisión: “Astérix no me pertenece. El pertenece a los lectores. Estoy convencido de que otros talentos podrán continuar dándole vida a Astérix , como fue el caso de lo que ocurrió con ‘Lucky Luke’ después de la muerte de su autor”. Frase en la que los seguidores más acérrimos no ven más que la inauguración de una franquicia que terminará en manos del mejor postor. Y como bien saben nuestros amigos galos, el dinero no es el mejor consejero en estos casos.

Fiebre por Astérix

Los festejos en torno a los 50 años de Astérix y Obélix comenzaron este 22 de octubre, con el lanzamiento de una publicación en homenaje al aniversario.

La historieta del libro, realizada por Uderzo comienza en las primeras páginas mostrando a los protagonistas como si fueran 50 años más viejos que su apariencia tradicional en el cómic. Luego, en el relato participa una larga lista de personajes de otros números de la saga, que vienen a entregar sus regalos a los héroes.

El libro incluye una historieta inédita del fallecido Goscinny, pero que poco tiene que ver con la historia de los galos, sino que corresponde a la faceta de su trabajo en “Pilote”.

Los seguidores ciertamente no quedaron muy contentos en relación con esta floja edición de aniversario e incluso más de alguno exclamó “¡Por Tutatis!”, al ver que en una de las páginas se hacía un guiño al reality show “Operación Triunfo”.

Por otra parte, el servicio postal francés presentó una serie de sellos conmemorativos y en el Museo del Cluny de París comenzó una exposición de láminas originales y sin colorear de Albert Uderzo, así como algunos textos escritos a máquina por el propio Goscinny, incluyendo objetos como la propia máquina Keyston Royal que el guionista usaba al escribir.

Además, en los jardines del museo se colocaron algunas de las singulares versiones plásticas que se incluyeron en el número aniversario del cómic, como una en la que Astérix y Obélix aparecen como parte del famoso cuadro “La libertad guiando al pueblo” de Delacroix.

Otro homenaje fue el que protagonizó el compositor parisino y fan de la saga, Frédéric Chalin, quien dirigió un concierto en el Teatro Champs-Élysées titulado “Le Tour de Gaule musical d’Astérix”. Y hasta el propio buscador Google se cuadró el 29 de octubre con los tributos al cómic francés, colocando en la cabecera de su página una imagen en la que Astérix y Obélix aparecen, cómo no, lanzando por los aires a un romano de una patada. Los festejos a los personajes continuaran durante el próximo año se supone que habrá nuevas sorpresas para los fanáticos.

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