Qué son las revoluciones / Y otros ensayos sobre arte y literatura, de Guy Davenport

LETRAS LIBRES /  (De click para agrandar)

¿Qué es un ensayo de Guy Davenport? Un rito mediante el cual una poderosa imaginación literaria, visual, arquitectónica y musical inicia al lector en un vasto mundo de referencias y tradiciones, en el que privan la voluntad de crear y el hambre de belleza. En efecto, el narrador, ensayista, traductor y pintor norteamericano Guy Davenport (Anderson, Carolina del Sur, 1927-Lexington, Kentucky, 2005) fue un creador de curiosidad desbordante, un artista de la digresión capaz de combinar la perspectiva general con la minucia, de enlazar los ámbitos del gusto y de propiciar el diálogo entre las obras maestras más distantes en el tiempo. La ensayística de Davenport se caracteriza por una profusión de intereses aparentemente desconectados entre sí que, sin embargo, adquieren deslumbrante coherencia. Porque, más allá del impecable rigor de su argumentación, de la meticulosidad de su acopio de datos o del refinamiento de su estilo, su escritura es un flujo interior plagado de recuerdos, intuiciones móviles, pensamientos intempestivos e imágenes que confluyen. Esta facultad de relacionar brinda a sus ensayos una tensión casi narrativa, pues cada detalle adquiere significación y puede ocultar la clave de sus mapas artísticos, de sus catedrales de símbolos o de sus genealogías de valores. No es extraño que la escritura de Davenport implique un reto intelectual, y hasta físico, por su exigencia de concentración y devoción compartida o por la agilidad y disposición indispensables para seguirlo en sus saltos intelectuales y en sus complejas maniobras de analogía y razonamiento.

En Qué son las revoluciones, el más reciente libro vertido al español por su pulcro y acucioso traductor e interlocutor Gabriel Bernal Granados, pueden hallarse lo mismo perfiles artísticos y humanos que joyas en la apreciación de las artes plásticas, diatribas contra la modernidad o acertijos literarios. Además del espléndido panfleto historiográfico que da título al libro, es posible encontrar, entre muchos otros temas, un retrato grandiosamente pintoresco de John Ruskin, ese apóstol de la inteligencia y la más refinada civilización, cuya mente privilegiada desemboca en la locura; un elogio de la arquitectura y un lamento contra las nuevas formas de barbarie en la convivencia y la traza urbana; un recuento omnisciente, lleno de arrojo y emotividad, de la década magnética de los años cuarenta en el arte norteamericano; un ensayo sobre la lectura que recuerda los muchos obstáculos (pedagogía obstrusiva, moda) que cualquier lector tiene que vencer para encontrar a los grandes autores; un obituario de su amigo Hugh Kenner, el gran crítico literario canadiense y biógrafo de Pound, y, por supuesto, un perfil del propio Pound, que reivindica la ambición y magnitud titánica de su empresa, alude a la doble moral que lo condenó y hace un perfil íntimo de este poeta, o mejor dicho, de esta inmensa compilación de cultura poética e histórica encarnada en un individuo.

La enumeración de temas apenas plantea el amplio pero bien delimitado territorio en que se mueve Davenport, que si bien suele trasladarse de Grecia a los rincones perdidos de Norteamérica, al mismo tiempo sabe enlazar esos recorridos convocando una serie de espacios y etapas comunes. De modo que lo más significativo es su método de exploración y unificación, que consiste en recuperar vestigios y relacionar datos dispersos para indagar familiaridades, semejanzas y orígenes insospechados de las distintas tradiciones. Este método arqueológico de la apreciación artística conduce a una sencilla, aunque impopular conclusión: lo verdaderamente moderno responde a una raíz arcaica; el oficio artístico y la voluntad de forma, pese a sus mutaciones, guardan constantes a través del tiempo; la vanguardia más exigente proviene de una genealogía asombrosamente estable y existe un registro invisible de la cultura que puede adquirir corporeidad si se atiende a sus rastros. Hay, pues, en Davenport una convivencia de las épocas y una fusión de las formas que, sin embargo, no tiene nada que ver con la nivelación y superposición sin memoria que promueve el posmodernismo, sino, al contrario, con una idea fuerte de tradición. A través de estos ensayos se revela prodigiosamente ese flujo que conecta obras, valores y actitudes hacia el arte, y las ideas de herencia, vocación y destino artísticos adquieren nueva concreción y grandeza: es posible observar la sucesión infinita de maestros y aprendices, los ciclos de influencias y parricidios y las coincidencias entre artistas que burlan el tiempo. Por eso, más allá del universo de correspondencias que revela, esta épica del espíritu artístico que emprende Davenport logra conmover al lector y transmite el entusiasmo y el sentido de plenitud de una vida ofrendada nada más que al arte. ~

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