Los premios de 2009

Dibujo de Miguel Calatayud, premio Nacional de Ilustración 2009, para Libro de las M’Alicias (Kalandraka).-

Los premios nacionales, del Ministerio de Cultura, distinguieron a dos autores “indiscutibles”. En la modalidad de literatura infantil, al eficaz narrador y sensible analista de la psicología infantil Alfredo Gómez Cerdá, por Barro de Medellín (Edelvives), obra ya premiada con el Ala Delta 2008, y en la modalidad de ilustración, al respetado Miguel Calatayud, el más vanguardista de los ilustradores españoles de los ochenta y, sin duda, uno de los renovadores de la literatura infantil del país. Kalandraka acaba de recuperar uno de sus libros más emblemáticos, Libro de las M’Alicias, con texto de Miquel Obiols, que ya había sido galardonado con el Nacional de Ilustración para Libros Ilustrados para Niños en 1992, en una espléndida edición, recomendable para lectores de ocho años en adelante.

El análisis y denuncia de la realidad social menos complaciente, presente en Barro de Medellín (la posible redención de dos “niños de la calle” colombianos a través del contacto con la cultura), se repite también en otras dos buenas novelas premiadas: Una habitación en Babel, de Eliacer Cansino (la vida en un instituto de secundaria de un barrio marginal en Andalucía, con el trasfondo de los inmigrantes de las pateras), premio Anaya de Literatura Juvenil, y La cabeza de Medusa, de Marilar Aleixandre, premio Fundación Caixa Galicia (las consecuencias de la violación a una adolescente). Y también en una obra de teatro, El último curso, de Luis García Matilla, premio SGAE/Anaya de Teatro Infantil y Juvenil (sobre el acoso escolar). Otras dos novelas han optado por la literatura de género: el policiaco, ambientado en el mundo del baloncesto, en el caso de La muerte a seis veinticinco, de Jordi Cervera, premio Edebé Juvenil, y el terror, inspirado en las inquietantes leyendas de Bécquer, en La última bruja de Trasmoz, de César Fernández García, premio Jóvenes Lectores de La Galera, el único galardón concedido por un jurado de chicos de entre 12 y 15 años.

Para lectores más pequeños (a partir de 6-8 años), dos estupendos poemarios -Ciudad laberinto, de Pedro Mañas (Faktoría K de Libros), premio Ciudad de Orihuela, y Lo que Noé no se llevó, de Enrique Cordero, premio Luna de Aire, que convoca y edita el CEPLI de Cuenca- y tres álbumes ilustrados: ¡Ñam!, de David Peña (SM), premio Internacional de Ilustración de la Fundación SM; Un gran sueño, de Felipe Ugalde (Kalandraka), premio Internacional Compostela, y Don Queharé, de Ruth Vilar y Arnal Ballester (La Galera), premio Hospital Sant Joan de Déu.

Barro de Medellín. Alfredo Gómez Cerdá. Edelvives. Zaragoza, 2008. 146 páginas. 7,90 euros. Libro de las M’Alicias. Miquel Obiols. Ilustraciones de Miguel Calatayud. Kalandraka. Pontevedra, 2009. 34 páginas. Libro das M’Alicias Libro de les M’Alicias ( 15 euros. Una habitación en Babel. Eliacer Cansino. Anaya, 2009. 252 páginas. 10 euros. A cabeza de Medusa / La cabeza de Medusa. Marilar Aleixandre. Xerais / Anaya, 2009. 222 páginas. 12,50 euros y 192 páginas. 8 euros. El último curso. Luis García Matilla. Anaya. Madrid, 2009. 136 páginas. 7,50 euros. La mort a sis vint-i-cinc / Muerte a seis veinticinco. Jordi Cervera. Edebé. Barcelona, 2009. 278 páginas. 9,30 euros. La última bruja de Trasmoz. César Fernández García. La Galera. Barcelona, 2009. 182 páginas. 14,50 euros. Ciudad laberinto. Pedro Mañas. Faktoría K de Libros. Vigo. Lo que Noé no se llevó. Enrique Cordero. CEPLI. Cuenca, 2009. 46 páginas. 5 euros. ¡Ñam! David Peña. SM. Madrid, 2009. 28 páginas. 14,20 euros. En Faiquè / Don Queharé. Ruth Vilar. Ilustraciones de Arnal Ballester. La Galera. Barcelona, 2009. 32 páginas. 17 euros. Un gran sueño. Felipe Ugalde. Kalandraka. Pontevedra, 2009. 40 páginas. 15 euros (existen ediciones en gallego, catalán, euskera, portugués, inglés e italiano).

Los, aproximadamente, medio centenar de premios de literatura infantil y juvenil que se fallan durante el año en toda España son un buen reflejo del nivel del sector, y también un práctico instrumento para enfrentarse a la siempre difícil tarea de seleccionar buenas lecturas entre la avalancha de novedades. Y es que, si bien es verdad que un premio no siempre “garantiza” la calidad de la obra premiada, sí que, al menos, se puede decir que esa obra ha pasado por un doble filtro -el habitual de los editores y el excepcional de un jurado de expertos-, lo cual permite confiar en un buen “control de calidad”. Claro que el nivel de cada premio viene marcado por el nivel de los originales presentados… y a veces ese nivel no cumple las expectativas. De ahí los fallos de “desierto” que se producen en algunas convocatorias. Pero no es el caso de este año. 2009 ha sido un año bueno, tanto en narrativa como en libro ilustrado, e incluso en poesía y teatro, dos géneros apenas presentes en la producción anual.

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