Publican un libro sobre los migrantes que aparecieron en el documental de Rulfo y Hagerman

Como la dictadura en los países del sur de América Latina o como la violencia cotidiana en Colombia, la migración es el tema que, en el último siglo, ha transformado la historia de México. Y como ha ocurrido en esos países, desde el arte y la escritura se construyen formas de memoria en torno de esos procesos históricos.

En ese sentido, el documental Los que se quedan marca una línea al recordar que la migración no es una mera estadística sino una historia a la vez individual y colectiva.

Lo dijo Juan Carlos Rulfo -codirector de la cinta junto con Carlos Hagerman-: “La película intenta decir: ‘Asómate y te darás cuenta de que eso de irse es más grave de lo que imaginabas.’ Sí, es fuerte. La gente que permanece aquí y también la que regresa, se queda con un estado de ánimo de soledad muy particular. Les falta algo. A este país se le está yendo su alma; si le quitas a su gente sólo queda el cascarón, se va la fuerza de trabajo. Lo cierto es que si cuentas a toda la gente que se queda y que tiene su pensamiento allá, este país entero ya se fue”.

En un ejercicio que da continuidad a la película, se acaba de publicar un libro homónimo de crónicas más detalladas de los pueblos y personajes que protagonizaron el filme de Rulfo y Hagerman.

La publicación -edición de lujo realizada por Fundación Bancomer- presenta una suma de historias que son el testimonio del esfuerzo por salir adelante de mexicanos del norte, centro y sur del país.

El libro permite conocer con más pausa el contexto social y cultural de las comunidades, el pasado de los personajes que se vieron en la pantalla grande y lo que vino a sus vidas meses después de haberse realizado la película: algunos ahora cuentan la historia desde Estados Unidos y otros, en México, siguen esperando el regreso de su gente.

La publicación contiene textos de los escritores y periodistas Roger Adam, Rocío Cerón, Carla Faesler, Cristina Faesler, Jerónimo Hagerman, César Gándara, Tanya Huntington, Miriam Mabel Martínez, Laura Emilia Pacheco, Alejandro Páez y León Plascencia Ñol.

Junto a las crónicas de Los que se quedan, destaca también el gran trabajo realizado por los fotógrafos Gabriel Batiz, Oscar Hagerman, Paula Haro, Diego Pérez, Ana Lorena Ochoa, Mark Powell y Rodrigo Vázquez.

Por qué volver

El propósito del libro, escriben en la presentación los directores, es seguir la vida de estas familias mexicanas desde otra óptica y en otras circunstancias “porque en la película y en la vida las historias no terminan, se reanudan y prosiguen”.

Como en el filme, en el libro también se advierten las preguntas que rondan a quienes se van o se quedan: a qué irse y por qué, qué llevar, qué dejar, a qué volver, cuándo volver.

El amor que se ve roto es lo que lleva a los propios migrantes, a los hijos jóvenes o niños, a las esposas, a las viudas, a los padres o los huérfanos a hacerse preguntas que de otro modo no harían y a confesar sentimientos que por íntimos casi nunca se dan a conocer.

Así, se les lee o se oye decir a los personajes cosas como: “La vergüenza de volver derrotado al pueblo fue lo que lo hizo resistir”. “¿Para qué se supone que formas una familia?”. “Me da miedo perder a mi familia, es lo único más valioso que tiene uno”. “No quiero que se vaya; no importa que no estudiemos, pero sí que estemos todos juntos, querernos”.

Las personas y los lugares

El libro Los que se quedan sigue nueve de las 11 historias de la película. Laura Emilia Pacheco, por ejemplo, retoma la historia de Raquel y Ricardo, en San Cristóbal de las Casas, y describe con detalle la vida en La Hormiga, asentamiento de indígenas evangélicos, de donde es esta artesana que perdió a su pareja poco después de que él se fue a EU, donde lo mataron. A diferencia de la película, aquí se puede seguir una historia mucho más personal, donde la escritora profundiza en el dolor de la pérdida y la soledad.

León Plascencia Ñol viaja por varias regiones de Zacatecas y habla, entre otros lugares, de Laguna Grande, donde buena parte de la gente ya no vive allí, una región de la que muchos emigraron hacia Estados Unidos: “Hay una sensación de abandono. Calles vacías, casas vacías, plaza vacía.”

Tanya Huntington sigue en Jalisco la historia de la adolescente Yaremi y su padre Rodolfo, quien ahora ha regresado y que, se veía en el documental, era añorado por la familia: “Rodolfo Manzo se fue de la tierra, de trabajar con ella, para regresar aquí. Pasó por ser mano de obra en una fábrica de muebles en Atlanta, Estados Unidos y, a pedido, casi súplica de su familia, ha regresado a cultivar la tierra. Trabaja por las mañanas, cultiva ejotes. Es silencioso, casi solitario. Y aunque ha vuelto a su pueblo, a su familia, hay un dejo de tristeza que no le abandona”.

Para seguir la historia de la niña Evelyn y su madre Maricela, el escritor Alejandro Páez viaja a Estados Unidos -en la película ambas aún estaban en el pueblo de Dzoncauich, Yucatán- y desde allí cuenta esa nueva etapa familiar tras el anhelado encuentro con su padre que vivía allí. “Yo he sido de los que se quedan y de los que se van -dice Maricela en Los Ángeles-. Las dos cosas son tristes. Primero porque cuando uno se va, pues deja a su familia. Y sí me dolió mucho dejar a mi mamá, a mi papá, a mis hermanos. Pero si yo los dejé por irme, también me dolió mucho quedarme y que mi esposo se fuera y de veras ahora entiendo a las que son madres solteras, a las que son dejadas, a los muchos que han venido acá y nunca regresan”.

En la construcción de esta historia, los realizadores del documental Los que se quedan han retomado un fragmento de “Luvina”, cuento de El llano en llamas, donde Juan Rulfo describió: “Sólo quedan los puros viejos y las mujeres solas, o con un marido que anda donde sólo Dios sabe donde… Vienen de vez en cuando como las tormentas de que le hablaba; se oye un murmullo en todo el pueblo cuando regresan y uno como gruñido cuando se van… Plantan otro hijo en el vientre de sus mujeres, y ya nadie vuelve a saber de ellos sino hasta el año siguiente y a veces nunca… Es la costumbre. Allí le dicen la ley, pero es lo mismo”.

Como colofón, en la publicación se ofrecen detalles en torno de la problemática de la migración en estas comunidades además de estadísticas sobre su actividad económica y una breve descripción de las fiestas y la vida cultural de estos municipios.

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