Leer primer capitulo de ‘Infiel’, el mejor libro de cuentos de la escritora estadounidense Joyce Carol Oates

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Los deseos y las tentaciones hermanadas con el pecado y que dormitan en el lado oscuro del ser humano tienen rostro y nombre en el nuevo libro de Joyce Carol Oates: Infiel. Historias de transgresión (Alfaguara). Un volumen de 21 cuentos en el que la siempre candidata al premio Nobel de Literatura ha dado un paso más allá en su exploración y conocimiento de la psicología y emociones del individuo. El resultado es un espejo roto en 21 trozos, que ha sido catalogado como su mejor recopilación de relatos, uno de cuyos inéditos, Au Sable, adelanta hoy Babelia en exclusiva en la edición digital de este diario. Infiel llegará a las librerías este miércoles 13 de enero.

El temor, la decepción, la inocencia turbia, el sexo, la muerte, pero sobre todo la pérdida y alguna ausencia latente como alma en pena, dominan estas 21 historias. Y la que avanza hoy ELPAÍS.com, Au Sable, aborda uno de los temas cruciales y polémicos: la decisión de morir voluntariamente, pero Joyce Carol Oates (Nueva York, 1938) va más allá y se asoma en lo que hay detrás de quienes se quedan.

La autora de títulos como Qué fue de los Mulvaney,Blonde y La hija del sepulturero ha reconocido en una entrevista que sus cuentos “proceden de un sustrato de realismo psicológico; sin embargo, a menudo tienen lugar en la mente del individuo… son verdaderas novelas en miniatura: relatos que abordan la vida entera de una persona, con un altísimo grado de condensación y concentración”. Una escritura contenida y austera hecha de temblor que ofrece al lector lo justo pero lo suficiente para que éste complete la historia narrada. Vea a sus personajes. Conozca y reconozca la gente a su alrededor. E, incluso, se enfrente así mismo.

Como en esta historia de Au Sable que avanza hoy ELPAÍS.com, cuyo comienzo guarda el espíritu de las aguas mansas: “Agosto, primera hora del atardecer. En la quietud de la casa en la zona residencial, sonó el teléfono. Mitchell dudó sólo un momento antes de levantar el auricular. Y allí estaba el primer tono discordante…”.

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