Leer ‘Compañeros de viaje’ Henry James

Portada de ‘Compañeros de viaje’, de Henry James

NAVONA | 18-01-2010

Portada de 'Compañeros de viaje', de Henry James
Foto

Fragmento de ‘Compañeros de viaje’, de Henry James

Transparente y sin rodeos, y hasta con un cierto halo de ingenuidad en lo contado. Así era Henry James en sus inicios antes de ser realmente el Henry James que se convertiría en una referencia universal del arte de la escritura. Y así se puede comprobar en Compañeros de viaje, una pieza que escribió con 26 años (1869), y que se publica por primera vez en España bajo el sello de Navona. Una primicia que hoy avanza Babelia en ELPAÍS.com, y que a partir de hoy se puede encontrar en las librerías.

La belleza, la frescura y la capacidad de sorpresa de un veinteañero James (Nueva York, 1843-Londres, 1916) se refleja en este texto que realiza sobre su primer viaje a Italia, y especialmente por Venecia. La luz, las emociones y la vida del Sur le impactaron de tal manera que se muestra encantado de un recorrido que le permite definir a Italia como una “fascinante novela”. Una influencia que trascendió a este Compañeros de viaje porque jugó luego un papel inspirador y fundamental en títulos como Horas italianas y Los papeles de Aspern.

En este corto relato, Henry James no sólo describe el paisaje italiano, sino que también muestra su fascinación ante la belleza de los museos y las obras de arte (“la gran emoción era sentirme entre escenarios en los que el arte se había introducido tan libremente”), declara su predilección por Tintoretto, describe la gracia de los paseos en góndola y la forma de afrontar el vivir de los italianos (“me senté ante la puerta de un café, con un grupo de chismosos devotos de las noches meridionales”) y, claro, también hace su aparición una bonita historia de amor.

Una narración en línea recta como un tren por la campiña, diáfana y entusiasta. Una especie de boceto de la vida que doce años después de aquel viaje habrá cambiado con obras como Washington Square (1881) y Retrato de una dama (1881), donde las sinuosidades de las emociones y sentimientos de sus personajes y su enfrentamiento con la realidad se convierten en una de sus señas de identidad en un estilo fino. Más adelante vendrán obras como Otra vuelta de tuerca, Las alas de la paloma y La copa dorada. Obras en las que la conciencia de los personajes vertebran la narración.

Pero antes de descubrir las intenciones de la vida de verdad, Henry James se retrata en pasajes como éste que hoy se puede leer en ELPAÍS.com: “El descuido y la malevolencia son menos astutos que el genio de un gran pintor. El fresco ha sabido preservar con habilidad maestra una abundancia de belleza que sólo el amor perfecto y la compasión pueden llegar a percibir plenamente”.

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