Tununa Mercado:Yo nunca te prometí la eternidad

Tununa Mercado
Por Teresa Gatto
Las ficciones post dictatoriales de la narrativa latinoamericana exhiben marcas que operan como suturas de la memoria desgarrada por la experiencia del exilio. Es el caso de Tununa Mercado.
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Yo nunca te prometí la eternidad

Las ficciones post dictatoriales de la narrativa latinoamericana exhiben marcas que operan como suturas de la memoria desgarrada por la experiencia del exilio.

En la obra de Tununa Mercado hay núcleos narrativos que se reiteran exhibiendo una insistencia dentro del cuerpo textual y una repetición que es un más allá del texto en tanto tiene una errancia hacia otros textos. Los textos de Tununa Mercado dan a leer las cicatrices de ese pliegue de tiempo que es la desterritorialización y al mismo tiempo figuran un trabajo de análisis que busca restaurar lo que está dañado, los bloqueos del decir, la parálisis y la depresión.

En tres textos de Tununa Mercado: En estado de memoria (1990), Narrar después (2003),y Yo nunca te prometí la eternidad (2005), la presentación esquiva trata de atrapar una experiencia de pérdida que lleva a la escritura. Dicha pérdida es a la vez condición de posibilidad del acto escriturario y difumina los límites de género literario impidiendo una tipificación. En los tres textos antes mencionados: Narrar después, En estado de memoria y Yo nunca te prometí la eternidad, los títulos funcionan como un instructivo de puesta de sentido. Después, memoria, nunca y eternidad postulan algo del orden del tiempo y de la reminiscencia.

Tiempo perdido, memoria recobrada, tiempo entre paréntesis, bloqueos de la memoria, etc. Tiempo y memoria se materializan al ser narrados. La memoria se consuma como narrativa en dos sentidos: como relato de progresión en el hilo del tiempo y como trama que entrelaza hechos, personajes, espacios.

Los textos que integran En estado de memoria (1999) y Narrar después (2003) escapan renuentes a una tipificación genérica, se componen de ficciones autobiográficas, ensayos, memorias, confesiones. Dice la propia Mercado en una entrevista:

“No se trata de relatos, al menos en el sentido más habitual del término, tampoco de artículos ni de memorias, pero algo hay de todo eso, y también de ensayo y de confesión. Aparecido por primera vez en 1990, En estado de memoria no sólo rompía entonces con la noción de género literario o la desconocía drásticamente, sino incluso con la de literatura tal como se la suele entender”.

Es posible que la imposibilidad de tipificación proceda de algo que los propios textos nombran: núcleos que no logran disolverse y que migran de un texto a otro, escapando a caprichosas tipificaciones, zigzagueando entre el diario, la confesión o el ensayo, pertinaces como un grumo sólido. Esos grumos son el desvalimiento, la fragilidad, el síntoma corporal y la conciencia de estar alojada en un moridero, en ese hueco que sólo es productivo ya que impulsa a escribir.

El hueco es el vacío que impone el exilio, el desalojo de la patria que busca un nuevo espacio en la escritura, tal vez la única patria posible. Los años del exilio son una masa compacta, sin desbrozar que destruye y arrasa. El tiempo del exilio tiene el trayecto de un gran trazo, lejano y liso como un horizonte, un más allá donde transcurre la vida:

“El tiempo sucede más allá, en otro sitio, se lo oye transcurrir en los silencios de la noche, pero se lo aparta, no se lo quiere percibir porque se supone que el destierro va a terminar, que se trata de un paréntesis que cuenta en ningún devenir”

Ese paréntesis, ese pliegue de tiempo que es el destierro y que ha migrado de un texto a otro, reaparecerá en Yo nunca te prometí la eternidad. La novela expandirá una historia ya presente en Estado de memoria y Narrar después.

La tragedia de Pedro Preux, reaparece en forma expandida y estallada como novela dado que hay traumas que se convierten en marcas lacerantes, marcas que no pueden circunscribirse, que son capaces de expandirse siempre. Que en palabras de la autora, se vuelven heridas autónomas y autosuficientes.

La historia de Pedro Preux es la de un niño que, en 1940, escapa con su madre. Huyen hacia el sur de Francia para salvaguardarse del avance nazi sobre París. Madre e hijo buscan al padre y marido, brigadista internacional en la Guerra Civil Española. La huída es desesperada y, en ese desconcierto, la madre pierde a Pedro en la muchedumbre cuando ella va a buscar alimento. Años después, Tununa Mercado conoció a Pedro como su profesor de Técnicas textiles, en el Taller Nacional del Tapiz, en el Distrito Federal de México.

La tejedora de historias se había encontrado con alguien que necesitaba que alguien hilvanara la suya. Alguien que le proveyera un entramado Y así como en los otros textos el núcleo unión-separación de la tierra era clave de los relatos, en Yo nunca te prometí la eternidad, la unión separación de madre e hijo opera como esa clave, dice Tununa Mercado: “Mi texto hace presente todo el tiempo lo que es una pérdida, una separación, todo lo que implica un exilio, que es todo lo contrario a la promesa de eternidad. Todo eso instala la provisoriedad. La cifra del exilio es lo aleatorio, lo contrario de la eternidad”.

De este modo, el hombre cuya historia se narra por vez primera en Visita Guiada, texto que pertenece a En estado de memoria, tiene ya una nacionalidad difusa, se pegotea a los exiliados argentinos y hace de ese grupo, un lugar de pertenencia. Hasta aquí sólo sabemos que luego de extraviarse de su madre es internado en un campo de refugiados huérfanos del que se escapará un tiempo después con secuelas indelebles ya y se reencontrará con su madre. Y en una vuelta de tuerca casi perfecta del destino, en un alto del camino al apearse a buscar agua hallarán al padre perdido. Pero Pedro, Pierre o Pierrot como se lo llamaba de niño, nunca volvió a encontrar a su madre, ambos aunque juntos estaban irremediablemente perdidos. En este punto del relato Pedro es asimilado a cualquier exiliado argentino:

“Vivía como todo paria, estabilizado en su vacío, dispuesto a regenerarlo toda vez que éste podía ser llenado de alguna expectativa; encontraba a cada instante la posibilidad de restablecerlo porque no dejaba de corregir y de rectificar, nada estaba nunca completo para él, nada era perfecto ni justo (…).”

Nada mejor para vivir como paria que asimilarse a otros parias, a parias recién estrenados, los nuevos exiliados, los argentinos. Ese grupo que tal vez le permitiera a Pedro la reproducción del vacío que es el estado propio del éxodo. Aquí el relato se pliega sobre la condición histórica para narrar las visitas que toda la familia realizaba a la casa del exilio dramáticamente interrumpido de León Trostky.

La historia de Pedro será retomada por segunda vez en Historias, memoria, texto incluido en Narrar Después. Aquí el texto da una vuelta intertextual y narra como el personaje de Visita guiada al reconocerse en esas páginas cita a la autora para confiarle el diario de su madre. Un ejercicio en donde en clave, Sonia la madre de Pedro había trazado el mapa de un derrotero narrativo.

El diario escrito en francés dejaba huecos, intersticios, vacíos que como una aporía estaban repletos de significación. Aquí Mercado se interroga sobre si completar lo silencios del diario, verificar los trayectos cegados que encubren el derrotero por los pueblos de Francia en medio de la guerra, no la ponen ya al borde de la literatura: “¿La novela va a ser la forma de representar una historia que se entreabre cada vez que se la roza?

En cada ejercicio escriturario de Tununa Mercado sabemos más de Pedro y finalmente la novela estalla en Yo nunca….

Al comienzo de este trabajo señalé la sensación de pérdida que conllevaba la escritura de exilio y porqué no, la lectura de estos textos. La modernidad se constituye en un punto donde estallan todas las certezas y el regocijo de lo nuevo desaparece ante el vértigo que todo lo vuelve obsolescente.

La escritura es un ejercicio restaurador, es una labor de análisis que repara lo que está dañado, opera como una microcirugía reparando las necrosis, las imposibilidades del decir, la inmovilización y la depresión. Esta tarea de sutura, se evidenciaba en los textos de los dos libros mencionados, allí se hace evidente que cada relato, confesión o ensayo figuran la escritura como un impulso vital, se escribe para no morir, escribir es el equivalente a sobrevivir. Escritura que es una apuesta en donde la melancolía gana la partida siempre.

En Yo nunca te promteti… esa tarea reparadora estalla en múltiples operaciones de tejido de materiales heteróclitos que sólo tienen en común la escisión, sujetos escindidos, separados de familia, tierra, afectos, etc.

De este modo Mercado arma en base a los materiales que le provee su profesor de tapiz, un tejido donde se mezclan profusamente voces y registros que hacen avanzar la trama que sustenta la historia de Pedro Preux, la de su madre, la de su abuela Gertrud que vive en Jerusalén. Esa recomposición, ese rompecabezas que se arma con el esqueleto del diario de Sonia, las fotos, las cartas y los derroteros que incluyen las iniciales WB (figura que alude a Walter Benjamín) El Diario de Sonia, los recuerdos de Pedro, las cartas entre Gertrud, madre de Sonia y su hija y también la carta en donde la abuela Gertrud narra la experiencia del campo, también en una carta que sólo se lee después que la narradora la trae aquí y la hace traducir y de ese modo ambos nietos: uno en México y otro en Jerusalén, reponen la experiencia del campo , pero nunca la unión familiar, sólo hay familia en lo escrito y en la foto, y esto se repite dando cuenta de lo que no hay, hay un punto en que la propia escritura de Mercado desencriptando el diario de Sonia o entrevistando a los que viven en Palestina o viendo la foto de la familia de cuarenta y seis personas que jamás se reúnen, da cuenta de lo imposible, de lo que no se puede narrar. Si la madre es equivalente a la patria, Mercado le devuelve a Pedro a su madre.

Pero la novela es también una narración que examina sin equívocos el hecho de narrar. Hay una obsesiva búsqueda de datos de la que la narración da cuenta. Hay además una investigación minuciosa que siempre resulta reflejada en el texto. Cada paso, cada detenimiento, cada obstáculo y su derribamiento están expuestos en la novela. Cada travesía explicitada, cada operación sobre el texto pone también en jaque la noción de género:

“Me llamó la atención que al libro no le pusieron novela´ en la tapa. Y aunque yo pienso que es una novela, creo también que es un artefacto diferente, un texto. Siempre tuve problemas para designar lo que yo hago. Las fronteras entre ficción y no ficción en mi escritura son muy lábiles. En el momento en que yo me comprometo con el texto, estoy haciendo ese trasvasamiento entre lo literario, lo histórico y lo personal. Yo no invento novelas de caballerías. De todas maneras, creo que es muy diferente a las novelas históricas que hemos estado leyendo en Argentina en los últimos años.”

Así, los escurridizos e inestables textos de Tununa Mercado ocupan como señala Ildeber Avelar, una posición liminal, entre la novela, la autobiografía, y la teoría: ya que si bien los datos biográficos tienten a confundir a Mercado con la voz textual, el mismo texto, con su entramado de aproximaciones y alejamientos, duplicaciones, repeticiones y alucinaciones, hace cargo de dar pistas de su identidad balaceándose siempre en la inestabilidad de género y sumergiéndose en el duelo, que sin césar es la condición de posibilidad de la escritura y ésta a la vez una utopía ya que esa elaboración queda siempre diferida.

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