La vida breve de una leyenda Miguel Hernández VI

El poeta pastor. El místico, el sensual. El cronista en verso del frente. El comunista que antes fue católico. El despreciado, el desubicado. El desafortunado. En 2010 se cumplen 100 años del nacimiento de uno de los poetas más importantes, simbólicos y enigmáticos del siglo XX español. Dos escritores, un político, un músico y el autor de su última biografía reflexionan en estas páginas sobre las distintas facetas de un creador tocado por la leyenda. Y tres poetas le rinden homenaje con nuevos poemas en exclusiva para ‘El País Semanal’.

POESÍA SOCIAL

Por BENJAMíN PRADO

Lo mismo que inventar es comprender

algo que aún no existía

y traducir lo oscuro al lenguaje de la luz,

leer su corazón

fue soñar un idioma sin la palabra usura,

sin miseria, injusticia, desigualdad, prohibido…

sin palabras que fuesen el veneno en el agua,

y la sal en la herida.

Si otros querían vidas análogas a un mundo

en el que el generoso es rehén del ingrato

y el fuerte hace culpable de su violencia al débil

y el embustero acusa

al engañado de querer saber,

él hablaba de libertad,

banderas,

equilibrio y razón.

Si decían que nada es verdad para siempre,

que todo se transforma con decirlo al revés,

del modo en que el azar se hace la raza

o el líder el redil

o el animal la lámina,

Miguel les contestaba que era posible un mundo

en el que se pudiese cambiar de dirección

sin cambiar de sentido

–como aviva,

como oro,

como radar,

como ala–;

un mundo con respuestas, más allá del pasado,

en el que cada vida no pudiese encerrarse

en un solo destino.

Leías a Miguel y en el espejo

de sus poemas, ya se reflejaban

todos los nombres de sus asesinos.

CON SUS PALABRAS (Miguel Hernández)

Por LUIS MUÑOZ

Dilo con tus palabras –pide

mientras que el autobús renquea

al emprender una subida.

Yo no sé –le responde–,

es como un nudo en medio

del esternón,

algo que no te deja libre

ni un momento,

un golpe sin destino

que si lo olvidas da, al poco rato,

mucho más fuerte.

Ahora con las suyas,

de uno de sus últimos poemas:

Sólo la sombra. Sin astro. Sin cielo.

Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles

dentro del aire que no tiene vuelo,

dentro del árbol de los imposibles.

EXPULSIÓN DE LOS MERCADERES DEL TEMPLO

Por ELENA MEDEL

Vidas de tres o cuatro años en cajas

de cartón: tanto entregué que conmigo se marcha.

Ni un vacío: vidas de tres o cuatro años,

sus siluetas marcando la pared.

Me libré de los templos. Sonreídme, decid

adiós al hueco: dadnos hoy

la boca que sople, apagando el volcán.

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