La cuarta herida de Miguel Hernández

Escritores, actores y políticos reivindican la memoria del poeta alicantino en el Teatro Lara.

Juan Diego Botto, durante la lectura. Foto: Alberto Di Lolli.

Alberto Ojeda
Tres heridas tenía Miguel Hernández: la de la vida, la de la muerte y la del amor. “Debemos evitar que tenga otra: la del olvido”, ha dicho Alfonso Guerra durante el homenaje ofrecido al poeta esta mañana en el Teatro Lara. Y a juzgar por la cantidad de gente que se ha sumado al tributo, ese objetivo, de momento, está cumplido. Aunque la verdad es que la reivindicación de sus versos, superada la posguerra, no ha dejado de intensificarse con el paso de los años.

Por el escenario de la sala madrileña han desfilado un nutrido plantel de actores: Marisa Paredes, Cristina Rota, Fele Martínez, Alberto San Juan, Blanca Portillo, Tina Sainz, Emilio Gutiérrez Caba… Cada uno de ellos ha leído alguno de sus poemas. Especialmente emotiva ha sido la declamación -con su característica voz de trueno- de Vientos del pueblo me llevan realizada por Juan Luis de Galiardo. Y la lectura, por parte de Juan Diego Botto, de una carta a Josefina, escrita desde la cárcel, en la que felicita a su mujer por lo buenas que están las magdalenas que le manda.

Otro momento álgido del homenaje ha sido la intervención de Alfonso Guerra. A él le ha correspondido cerrar el turno de lecturas. Lo ha hecho, entregado, recitando la Elegía a Ramón Sijé. Al terminar, Marisa Paredes le ha comentado: “Con razón querías ser actor”.

Luego, el político socialista ha departido con Luis García Montero, a vueltas ambos con la figura del autor de Perito en lunas. Para Guerra, Miguel Hernández es “el escritor que mejor representa el compromiso con el oficio de poeta, porque el escribía versos como el carpintero hace sillas”. También cree que es imposible leerle sin sentir compasión hacia él, porque es un hombre que “siempre estuvo penando” y que fue un ejemplo de entrega hacia sus ideales republicanos: “Mientras otros poetas vivían en la retaguardia organizando fiestas en palacios, él sí estaba en el frente, como zapador, abriendo trincheras…”.

Sobre esa fuerza simbólica también ha incidido Luis García Montero: “Miguel Hernández representa como nadie el deseo de transformación de España en los años 30, con la República”. Ha destacado que en su vida puede apreciarse como, paulatinamente, fue dejando atrás los valores conservadores y reaccionarios que le inculcaron en el pueblo para abrazar la civilidad más moderna y permisiva.

Junto al poeta granadino y el ex vicepresidente de Gobierno, ha terciado Pilar Cortés, de la editorial Espasa, que ha presentado las obras completas de Miguel Hernández publicadas por su sello, para el que trabajó en vida el autor de El rayo que no cesa, como ayudante de José María Cossío en la escritura de su enciclopedia taurina. La editora ha destacado que esta vez la compilación “ha prescindido del aparato crítico que tiene las que ya sacamos en el 92, para acercarlas a cualquier lector”.

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