José Saramago: “Cuando muera, editen un libro con las cartas de los lectores”

Saramago: 'Cuando muera, editen un libro con las cartas de los  lectores'

José Saramago pasea por Granada en 1999 :: R. L. PÉREZ

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No sabemos si con el último suspiro de vida, José Saramago repasó todos los grandes momentos de su historia personal. Y vio, como en las películas, esas instantáneas repletas de personas, lugares y cariño. Páginas y páginas en las que, con no poco orgullo, Granada tuvo su pequeño hueco para el escritor portugués. Su amor por Pilar del Río, de Castril, le unió profundamente con la ciudad.
Con la pena en el alma, desde Granada queremos recordar las tiernas palabras de José Saramago, un 9 de abril de 1999, cuando visitó la ciudad para participar en el acto de entrega de los premios IDEALES.
Una noche repleta de corazón, sin discursos predefinidos, en los que lanzó una idea que hoy nos vemos, entre lágrimas, obligados a reescribir: «Cuando no pertenezca al mundo de los vivos me gustaría que se editara un último volumen en el que se recojan todas las cartas de los lectores y de los amigos. Creo que sería un magnífico complemento para saber lo que se piensa sobre la calidad literaria de mi obra».
José Saramago, en memoria, desde Granada:
Saramago: 'Cuando muera, editen un libro con las cartas de los  lectores'

José Saramago se despide. :: IDEAL
“Mi destino se ha enlazado con Granada”
José Saramago no llevó un discurso escrito al acto de entrega de los IDEALES. Prefirió dejar hablar a su corazón y al final le salió una intervención afectiva, amorosa, en la que habló de sus sentimientos por Granada, y todo dicho con la delicadeza y profundidad que le caracterizan. «No creía que esto fuera tan emotivo, no me esperaba tanto, pese a que desde hace tiempo me defiendo de las emociones», señaló el Premio Nobel para abrir boca.
Y a partir de ahí hilvanó un discurso intimista en el que quedó claro el gran amor que siente por su esposa -Pilar del Río- a la que citó en una decena de ocasiones. Pilar siguió desde la primera fila todo el discurso de Saramago. Lo hizo con una mirada cómplice, y se le veía feliz al ver como el escritor encandilaba con sus palabras y su mensaje a los asistentes al acto.
Saramago explicó que estuvo en Orce y Venta Micena en el año 1985, y de aquel viaje surgió la obra La balsa de piedra. Un año después conoció a Pilar del Río, lo que el escritor interpreta como «si poquito a poco algo estuviera empujándome a algunas cosas esenciales en mi vida, como mi mujer, su familia granadina, Castril de la Peña…Parece como si una parte de mi destino estuviera enlazado con esta provincia, para en el tramo final de mi vida me pudiera llegar la felicidad, aunque yo prefiero llamar la armonía».
Mezclando ideas, Saramago habló en este momento de la jubilación «uno de los errores más dramáticos de la sociedad actual, y lo peor de todo, la jubilación anticipada, que es como una muerte anunciada cuando la persona está en su mayor madurez y sentido común».
Entre las cosas esenciales que el escritor citó fue a sus amigos y a los lectores. «Cuando no pertenezca al mundo de los vivos me gustaría que se editara un último volumen en el que se recojan todas las cartas de los lectores y de los amigos. Creo que sería un magnífico complemento para saber lo que se piensa sobre la calidad literaria de mi obra».
«Llegué tarde a Granada»
«Yo llegué tarde a Granada» refirió Saramago al valorar el suplemento de IDEAL sobre su obra, -que previamente le había entregado Andrés Cárdenas en forma de carpeta en una cuidada edición-, y anunció que será uno de los objetos más preciados de su biblioteca. «Granada y la provincia me ha dado todo lo que tengo mejor. No lo cambiaría por nada, ha sido una casualidad pero ha sido en Granada donde abordé y encontré, en La balsa de piedra, a una marinera con la que viajé hacia el sur. Estamos necesitados de que el mundo sea uno, y todo lo que lo fragmente es un atentado a la dignidad humana».
José Saramago recordó con emoción como no sólo Granada, sino toda España, recibió con alegría su Premio Nobel de Literatura, lo que confirma los buenos amigos que tiene en este país. Tras unas palabras dedicadas a su familia granadina, y un nuevo reconocimiento de su amor por Pilar, Saramago concluyó su intervención.
Aplauso
En ese momento los asistentes al acto comenzaron un aplauso que se prolongó varios minutos y que obligó a Saramago a saludar en varias ocasiones con los brazos abiertos. El público puesto en pie dio una ovación sentida que llegó a emocionar al Premio Nobel.
A partir de ese momento Saramago se vio envuelto en una nube de admiradores, bolígrafo en ristre, solicitando autógrafos. Poco a poco, Saramago se fue apartando del gentío, y consiguió refugiarse con su familia.
Al final, conocer a José Saramago fue un hecho que mereció la pena a cuantos asistieron a la fiesta de los IDEALES. No cabe duda de que es una figura singular que ayer selló para siempre su compromiso con Granada. Un pacto que comenzó en el 85, cuando el autor de La balsa de piedra visitó Orce, un año antes de acabar enamorándose perdidamente de la granadina que ha llenado su vida.
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