Herta Müller ‘Cada frase es una obra de arte’

Herta Müller, hoy, en Madrid. | EfeHerta Müller, hoy, en Madrid. | Efe

  • La premio Nobel presenta ‘Todo lo que tengo lo llevo conmigo’

Emma Rodríguez | Madrid

Herta Müller es menuda, viste sobriamente de negro y mantiene las distancias con quienes la acribillan a preguntas y quieren saber cuáles son las razones que la llevan a escribir, cuáles son las interpretaciones que se ocultan detrás de lo que cuenta. “Lo que quiero decir es lo que pongo en mis novelas. No hay más. Muchas veces lo que escribo es sobreinterpretado y no siemrpe es una suerte que sea así”, señala.

La escritora rumana, Premio Nobel de Literatura 2009, ha venido a España para presentar ‘Todo lo que tengo lo llevo conmigo’ (Siruela), título que hace referencia al mínimo equipaje del protagonista, un joven de 17 años que abandona su pueblo después de la II Guerra Mundial camino de un campo de trabajo en la Unión Soviética, cargando su maleta con sus pocas posesiones, con todo aquello que cree que puede hacerle falta.

“Todos nos rodeamos de más cosas de las que necesitamos, pero no es esa idea la que late en el fondo de la novela. Aquí hablo de la gente que sufrió la deportación, de los desposeídos de todo, incluso de la propia vida”. Estas palabras de la escritora rumana bastan para apresar lo que consigue con su novela: hacer que el lector viaje al interior de una pesadilla que fue realidad.

La escritora lo sabe bien. Su propia madre formó parte de la minoría alemana de Rumanía, castigada por colaborar con los nazis a trabajar para reconstruir la diezmada Unión Soviética. La biografía de esta mujer se levanta sobre durísimos pilares, de ahí la fuerza de su mirada, la brecha que es capaz de abrir en la realidad con una prosa de aliento poético.

Cada frase es una obra de arte“, declara Müller, quien con esta novela rinde homenaje a su amigo el poeta Oskar Pastior, quien fue el que le proporcionó todos los detalles, quien la hizo sentir lo que significa sentir cerca la humillación y “el ángel del hambre”, expresión que él utilizaba para hablarle de la experiencia.

La identidad es importante en la obra de quien se ha movido en dos realidades y en dos lenguas, la alemana y la rumana, pero la escritora le quita importancia. “Todos venimos de algún sitio, es cierto, pero a mí no me gusta reflexionar sobre ello. Hablar de la identidad es más propio de los políticos. La identidad es algo que cambia constantemente. Yo no me reconozco en las fotos de la infancia ni me parezco a la chica pelirroja de mis 20 años”, asegura con una inmensa sonrisa que quita gravedad a los pasadizos negros de su obra.

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