El amor por la lectura es una alegría eterna

Mientras los hábitos de lectura están cambiando con nuevas herramientas como el iPad, Kindle u ordenadores portátiles, millones de personas siguen disfrutando del incomparable placer de abrir un libro y compartir su amor por la lectura. Este amor por la lectura es el tema de un hermoso artículo de la autora Lisa Dale, publicado por el grupo de blogs británico Tote Bags ‘n’ Blogs.

Cuando era una niña fui la “primogénita de todo” en mi familia (hija, sobrina, nieta, bisnieta… todo). Y creo que, en consecuencia, MUCHA gente asumió la responsabilidad de leerme.

Mi madre en particular nos cogía a mi hermano y a mí, nos acomodaba en el sofá del cuarto de estar y abría un libro. Leíamos los viejos clásicos, mucho de Rudyard Kipling. Mis historias favoritas eran “Rikki-Tikki-Tavi” (¡cómo no iba a adorar una historia cuyo título tenía tanto ritmo interno!) y también “El hijo del elefante” (otra musical, superviviente de las historias cuyas líneas todavía resuenan en mi cabeza hoy en día).

Sin embargo, al final, la vida se complicó. Mi madre tuvo que aceptar un trabajo a tiempo completo inesperadamente cuando mi padre se fue. Esas largas tarde de lectura llegaron a su fin. Iba a junta mi madre y le preguntaba: “¿Podemos leer?”. Y a veces, aunque estaba exhausta, decía “Vale”. Otras veces, era un simple “No”.

¿El resultado? Aprendí a leer sola, y nuevos mundos se abrieron ante mí. El placer de sentarme tranquilamente con un libro, de concentrarme, de perderme en una historia, en privado, era una experiencia totalmente diferente a la de leer con mi familia sentada a mi lado. Leía y leía.

Ahora que soy adulta (la misma edad que tenía mi madre cuando su vida se disparó sin control) tengo mis propias preocupaciones a las que enfrentarme. Nada demasiado horrible, pero, de vez en cuando, todos pasamos alguna noche sin dormir.

Y es mi novio el que viene al rescate. “¿Quieres que te lea algo?”, dice.

Y abre un libro, una revista o incluso una página web (una vez me leyó para que me durmiera sobre la naturaleza de la niebla) y me duermo suavemente, fácilmente, agarrada al sonido de su voz, aflojándose y tensándose dulcemente hasta que soy solo vagamente consciente del momento en que apaga la luz.

Mi madre me dio un regalo maravilloso: el regalo de apreciar la palabra escrita. Y cuando mi novio me lee por las tardes es difícil no sentirse arropada por su generosidad y su amor.

Cuando le lees una historia a alguien, creo que le das una pequeña parte de ti. No importa que las palabras no sean tuyas. Compartir una historia es compartir tu corazón. Y mientras que las televisiones se estropean y los iPads se pierden, leer un libro es una memoria que guardas para siempre.

PREGUNTA PARA LOS LECTORES: ¿Qué persona de vuestra vida fomentó vuestro amor por la lectura? ¿Ha transmitido ese amor a otra persona?

¡Feliz, alegre y maravillosa lectura!

Lisa Dale.

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