Isabel Allende: “No se puede desvalorizar a alguien porque tiene éxito”

El siempre debatido premio recayó este año en el escritor chileno (sin acepción de género) que más libros vende en el mundo y quizá si el más conocido a nivel internacional. Sus virtudes literarias, sin embargo, han sido discutidas. Pero la autora de “La casa de los espíritus” está feliz y ya tiene una novela lista.

Patricio Tapia

En 1925, cuando George Bernard Shaw recibió el Nobel de Literatura, decidió rechazar el dinero del premio porque era “un salvavidas lanzado a un nadador que ya ha alcanzado la seguridad de la orilla”. De esa seguridad, al menos en lo que a dinero se refiere, hace ya tiempo que goza Isabel Allende, autora de éxito multitudinario, casi una marca de fábrica, que cuenta las ventas de sus libros y a sus lectores en cifras de varios ceros.

Pero los premios literarios no son sólo cuestión de dinero. Ciertamente no lo es el Nobel, e incluso el más modesto Premio Nacional de Chile, que nació (y en parte fue criado) bajo una admonición asistencial -muchos escritores no podían vivir de sus derechos y ya viejos no contaban con previsión-, tiene dimensiones simbólicas, de prestigio e incluso políticas. Quienes no cuentan con recursos no sólo quieren una pensión; quienes cuentan con ellos por el éxito comercial, quieren algo más que eso. La fama, el reconocimiento artístico, el registrar su nombre en la historia de la literatura nacional, contarán entre sus posibles motivos. Tampoco se puede descartar la pretensión de encabezar una cruzada de género: después de todo, afianzar el feminismo o cuando menos luchar contra el machismo y el patriarcado han sido razones invocadas por Isabel Allende para disputar el premio de este año.

Debates sobre su obra

Si, al parecer, el premio no fue tan disputado en las deliberaciones del jurado a la hora de elegir a su ganador, sí fue ampliamente debatido con anterioridad. A diferencia de ocasiones anteriores, la autora tuvo el apoyo de ex presidentes y de miembros del Congreso. A semejanza de todas las ocasiones anteriores, hubo un fuego cruzado de bandos, autores y opiniones entre detractores que sostenían que su obra era subliteratura y un conjunto de best sellers sin calidad, y partidarios que afirmaban que ella ha dado más figuración a Chile que ningún otro escritor y que millones de lectores no pueden estar tan equivocados al valorar su obra. Una obra ya amplia en la que suelen aparecer aguerridas mujeres, generalmente enredadas en vaporosas historias de amor, contra un trasfondo de agitación política (desde golpes de Estado a revoluciones), abarcando un registro que va desde crónicas familiares de varias generaciones hasta recuentos autobiográficos, además de novelas históricas y juveniles. Si en su ficción acostumbran figurar hechos increíbles o trágicos, sus memorias registran hechos no menos increíbles y a veces trágicos.

Prueba viviente de los beneficios del vegetarianismo y del chocolate, Bernard Shaw, después de recibir el premio Nobel cuando estaba a punto de cumplir setenta años, siguió escribiendo por otros veinticinco. Isabel Allende, por su parte, también continúa escribiendo, aunque piensa tomarse un año libre. Horas después de recibir la noticia del premio, cansada, entre las llamadas y felicitaciones, se da el tiempo para responder desde su casa en los Estados Unidos.

-Usted ha escrito que los premios más importantes son las cartas de sus lectores. ¿Sigue pensando lo mismo?

“Sigo pensando lo mismo, que es lo más importante. Y este premio realmente lo consiguieron ellos. Para mí, sin duda, es muy significativo recibir un premio que me da mi país, pero lo cierto es que los lectores fueron quienes lo lograron”.

-¿Y le gustaría ganar el Nobel?

“A todo el mundo le gustaría ganar el Nobel”.

-¿Qué razones adujeron las editoriales para rechazar “La casa de los espíritus” en su momento?

“Yo creo que no la leyeron en algunas editoriales y en otras no me dieron razones. Nadie me contestó. En algunas partes me consta que no la leyeron y en otras partes me imagino que simplemente no les gustó o era un riesgo publicarla; nadie me conocía, era una obra un poco complicada, demasiado larga o el manuscrito les pareció impublicable, no sé. Nunca recibí una respuesta”.

-¿Alguna vez le rechazaron algún libro por poco comercial?

“Nunca me han rechazado un libro por ese motivo. Es decir, te dicen otras cosas: podrían decirte que el libro no se corresponde con su línea o que no calza con la lista de sus obras, pero nadie te dice que no lo publican porque sea poco comercial”.

-¿Qué le produce, orgullo o irritación, cuando la comparan con García Márquez?

“Me produce un gran orgullo. Gabriel García Márquez es el gran escritor del siglo XX latinoamericano. Es Premio Nobel, un autor que cambió el tono de la literatura en América Latina. ¿Cómo no va a ser un halago tremendo ser comparada con él? Ahora desgraciadamente ya no me comparan hace mucho tiempo con García Márquez”.

-¿Le produce orgullo o irritación cuando la comparan con Corín Tellado?

“Ah, eso no lo había oído todavía”.

-¿Considera que la medida del valor de un escritor está en el favor de los lectores?

“No, no siempre. Porque hay veces en que se termina por reconocer a un escritor, o el valor de un escritor, muchos años después de su muerte. Y hay escritores, o más bien artistas de toda clase, que no tuvieron ningún reconocimiento en vida. No, no creo que eso sea así. Pero tampoco creo que porque un escritor tenga popularidad es malo. Piensa en cuántos escritores que han sido muy populares en su vida siguen publicándose y siguen leyéndose: grandes novelistas rusos, Dickens, Mark Twain y tantos otros. No es que me esté comparando con ellos, pero quiero decir que no se puede desvalorizar a alguien porque tiene éxito. Eso es injusto”.

-¿Se le ocurre una frase que defina su obra literaria?

“Yo diría que escribo sobre relaciones. Sobre relaciones humanas”.

-De los otros premiados con el Nacional, ¿quiénes le parecen una compañía agradable?

“Me encanta estar en compañía de Jorge Edwards, en compañía de José Donoso y de tantos otros. También de Zurita; sé que yo no soy santo de su devoción, pero él es santo de la devoción mía. Encuentro que es un gran poeta”.

-¿Podría indicar el rasgo más insufrible de los chilenos?

“Ay, yo diría que es el chaqueteo, la envidia… No, espérate. Lo más insufrible de los chilenos es un exagerado sentido de clase, un clasismo que es terrible porque es excluyente, como el racismo en los Estados Unidos”.

-¿Agregado a la envidia?

“Además de la envidia. Pero, en realidad, lo que más me ha dolido siempre en Chile es lo mal que se trata a la gente que se considera inferior porque nació en otra parte, porque tiene otro apellido, porque tiene menos plata. Eso a mí me irrita profundamente: que no se valore a la gente por lo que la gente es, sino por un sentido de clase mal entendido”.

-A su juicio, ¿cuál es el destino de las mujeres?

“El destino de las mujeres es cambiar al mundo, en estos momentos”.

-¿Qué opina del vegetarianismo?

“Bueno, parece que es el futuro, porque está siendo cada vez más difícil y más caro alimentar a esta humanidad que crece y crece con carne. Yo siempre me he burlado de los vegetarianos, porque hay todo un fanatismo al respecto, es una cosa casi religiosa. Pero desde el punto de vista económico parece que va a ser la solución”.

-¿Le gustan los chocolates?

“Me fascinan. Negros, sí. Chocolate bien oscuro, bien oscuro”.

-¿Es cierto que este año se lo tomó libre y no hay novela?

“En realidad, es el próximo año: el 2011 me lo tomé libre y voy a tener un año sabático. Pero ya tengo terminada otra novela que se va a publicar el próximo año, si Dios quiere”.

-Si no es mucha la indiscreción, ¿se puede saber algo de ella?

“Bueno, no puedo dar el título, porque no lo tengo todavía, pero es una novela muy contemporánea. De hecho, sucede en el año 2009. Es la historia de una niña joven, muy joven, una americana de 20 años. Comienza aquí en los Estados Unidos y termina en Chile, en Chiloé”.

Castigar la popularidad

Si es por méritos, Isabel Allende está sobre Santiván, Jara, Garrido Merino, Campos Menéndez, Scarpa, para nombrar algunos Premios Nacionales muertos: no hay ofensa al mencionarlos. Si se trata de polémica, en 68 años este galardón ha causado guerras prolongadas, de modo que las intermitentes opiniones actuales se olvidan enseguida. Y si hablamos de influencias, quienes postulan las ejercen o esperan que otros las desplieguen en su favor. Allende pudo conseguir la firma de Obama o Lula, pero le bastó con el inmenso apoyo recibido. El problema es otro: la absurda ley que rige esta condecoración, cuyos mayores defectos son el jurado y el patrocinio de instituciones. Allende es ajena a ello y castigarla por su popularidad es pura mala fe. En cuanto al valor de su obra, es legítimo encontrarla buena, pasable o mala, pero resulta inicuo atacar personalmente a una escritora que jamás ha sido descomedida con sus colegas. Ella misma, sometida por sus compatriotas al aprieto de disculparse, ha dicho que a nadie sin calidad se la lee durante 30 años. Y tiene razón, porque se la seguirá leyendo por largo tiempo, y eso, en lugar de molestarnos, debería regocijarnos. El servicio que ha prestado a la literatura chilena es incalculable, pues miles de hombres y mujeres que no saben español conocen a los autores nativos tras haber devorado sus novelas. Tampoco hay incompatibilidad entre ella, Marín, Eltit, Hahn y otros creadores excepcionales que lo recibirán, sobre todo si el premio se vuelve a dar en forma anual.

Un premio extraviado

Si el fundamento de la concesión del Premio Nacional de Literatura 2010 es la calidad y excelencia literaria de la obra de Isabel Allende, como arguyó el jurado en voto de mayoría, es difícil concordar con la decisión. No se trata de negarle por completo méritos en este ámbito, sino sopesarlos y ponerlos en relación con los de los restantes candidatos. Diamela Eltit, Jorge Guzmán, Germán Marín e Isidora Aguirre reunían, cada uno a su modo, largamente, una mayor contribución a las letras nacionales. No es la primera vez que en la historia de este galardón se producen extravíos que conducen a omisiones de escritores de un oficio más silencioso, pero de gran talento.

En este caso preocupa, sobre todo, la influencia excesiva de la publicidad y la industria editorial, la subyacente confusión entre calidad y popularidad y, en particular, la falta de estímulo para la libertad e imaginación creativas en el plano de los mundos narrados y de nuevas formas de enriquecer y ampliar el idioma.

Ésta es la oportunidad de pensar, con profundidad, acerca del sentido de este premio y traducir esa reflexión en cambios en la composición del jurado de modo que garantice la selección de artistas de la palabra, verdaderos guardianes y pioneros en el lenguaje de la tribu.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: