Cartas a los Jonquières, Cortázar privado

 

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Capítulo de ‘Cartas a los Jonquiéres’

DOCUMENTO (PDF – 6,3Mb) – 14-10-2010

Portada de el libro 'Cartas a los Jonquières' de Julio Cortázar 

Portada de el libro ‘Cartas a los Jonquières’ de Julio Cortázar- ANAGRAMA

Cartas a los Jonquières (Alfaguara) reúne la correspondencia entre el autor de Rayuela y sus amigos de toda la vida. Babelia avanza en primicia algunas de ellas.

Un hombre eminentemente privado con un mundo interior preservado como una obra de arte. Así era la imagen que se tenía de Julio Cortázar (1914-1984) hasta que apareció la colección de cartas que el autor de La vuelta al día en ochenta mundos había enviado a uno de sus amigos de toda la vida, el pintor y poeta Eduardo Jonquières, con mensajes especiales para su mujer, María, y a su hija, Maricló. Cortázar y Jonquières se conocieron en Argentina a mediados de los años treinta, cuando el novelista hacía prácticas antes de graduarse como maestro de escuela. Aquella amistad duraría toda la vida. Casi lo mismo que la correspondencia que Alfaguara publica estos días en un volumen de cerca de 600 páginas titulado Cartas a los Jonquières y que Babelia y ELPAIS.com avanzan hoy en primicia.

En una edición cuidada por Aurora Bernárdez, traductora y viuda de Cortázar, y el profesor Carles Álvarez Garriga, Cartas a los Jonquières reúne 126 cartas (117 de ellas inéditas), 13 tarjetas postales y hasta un recorte publicitario. El libro reproduce, además, las dedicatorias manuscritas a sus amigos de las obras maestras del escritor argentino: de Historias de cronopios y de famas a Rayuela.

“Además de que estas cartas ofrecen una imagen nueva de Cortázar”, dice Álvarez Garriga, “las correspondientes a los años de su instalación definitiva en Europa (1951-1955) nos informan con esmero y puntualidad casi semanal sobre un período del que apenas sabíamos nada. Estas cartas valen por el diario que no tenemos; accedemos con ellas a parte de su construcción intelectual porque, a la gran cultura literaria que ya tenía, aquí está sumando el aprendizaje de la mirada”.

En efecto, además, de asistir a la intimidad de un hombre al que todos creían reservado y aquí se muestra como un “hermano mayor” que no se calla nada, asistimos también al nacimiento de toda una obra y a una impagable colección de impresiones sobre una Europa -Italia, Suiza, España, Francia por supuesto- que entre 1950 y 1983 -las fechas de unas cartas que se cierran un año antes de la muerte de Cortázar- vivió el medio siglo más cambiante de su historia.

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