¿Quién fue el niño del gueto?

La imagen del Gueto de Varsovia de 1943. | US Holocaust MemorialLa imagen del Gueto de Varsovia de 1943. | US Holocaust Memorial

  • Un libro disecciona la imagen más simbólica del Holocausto judío…Pero no consigue identificar a su protagonista principal

Sal Emergui | Jerusalén

La imagen del niño del gueto de Varsovia, apuntado con un fusil, las manos en alto y la cara aterrorizada, retrata no sólo un momento ordinario del Holocausto; retrata la extraordinaria crueldad nazi aunque no se vea ni una gota de sangre. La imagen vale más que mil palabras; vale años de investigación sobre la maquinaria asesina del Tercer Reich y sobre la angustia de los protagonistas de la foto-símbolo.

En otras palabras, ¿qué ha sido de ese niño? ¿Sobrevivió? ¿Qué pasa con las dos presas judías en primer plano y los tres soldados alemanes a su alrededor?

Preguntas que se hizo Dan Porat, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén y especialista en la Shoa. La imagen del niño se convirtió en su obsesión. En una visita en el 2004 al Yad Vashem de Jerusalén, donde se honra y homenajea a las víctimas del Holocausto, Porat escuchó a un guía explicar que “el niño sobrevivió, estudió Medicina, se convirtió en doctor en Nueva York; hace un año emigró a Israel”.

El profesor escuchó sobrecogido. Deseaba creer ese relato para dar un nombre y apellidos a la estampa. Una historia a la cara del niño. Una biografia a la que apoyarse. Quizá, también, como lección de superviviencia al horror. Pero necesitaba algo más que palabras para calmar su curiosidad académica y personal. Conectado a los asustados ojos del niño encerrado en el infierno de 1943, Porat decidió investigar hasta el último rincón de la foto. El resultado es su obra ‘El niño: una historia del Holocausto’ (en otoño, La Esfera de los Libros lo publicará en España), donde sigue e intenta recomponer las piezas del demoledor puzzle visual.

Muchos supervivientes han dicho que son o creen ser el niño de la foto”, comenta Porat que confiesa con tristeza que no ha podido dar con su auténtica identidad. Tampoco confirmar si sobrevivió o, por el contrario, fue asesinado como el millón y medio de niños judíos en los campos de exterminio nazis.

En su trabajo, el profesor pone en duda la teoria más extendida, según la cual el niño es el doctor Tsvi Nussbaum, que hace 31 años afirmó que creía ser el protagonista de la foto. Según él, la imagen se tomó en Varsovia en julio de 1943. Sus padres habían sido asesinados antes en la localidad polaca de Sandomierz, a 125 kilómetros. Porat cree que Nussbaum se confunde. En primer lugar, sostiene el profesor, Nusbaum no estuvo en el gueto en el momento de la sublevación y posterior represión. El crío estaba refugiado con sus tíos en Varsovia pero fuera del gueto. Décadas después, Nusbaum recordó un momento de su infancia en el que fue apuntado por un militar nazi como ocurre en la fotografía. Escenas así se produjeron miles de veces sin que nunca llegaran al objetivo de una cámara.

Porat indica en su libro que si la versión Nussmbaum fuera cierta y la foto hubiera sido tomada en verano, no se entiende por qué las personas fotografiadas iban vestidas con ropa de invierno. Y otra pregunta: ¿Cómo pudo ser en julio si la imagen fue entregada el 2 de junio en un informe especial al jefe de los SS, Heinrich Himmler?

Más fácil parece reconocer la identidad del militar nazi que apunta al niño con su arma. Se trata de Josef Blosche, apodado en el gueto judío como ‘Frankenstein‘ por su extraña y cruel afición (no tan extraña en esos años) de disparar a niños y mujeres judías embarazadas.

La imagen fue tomada, seguramente, por Franz Konrad, un oficial nazi nacido en Austria y apodado ‘el Rey del Gueto’, con todo el significado negativo que uno puede imaginar. Como muchas de sus fotos, quedó registrada en el llamado ‘Informe Stroop’ en honor a su autor, el oficial Juergen Stroop. Encargado de aplastar el gueto en la primavera del 43, Stroop ordenó incendiarlo después. Hecho el trabajo, el oficial escribió unas palabras famosas e infames: “El barrio judío de Varsovia ya no existe”.

En la búsqueda del niño judío, Porat se encontró con las tres figuras del lado oscuro: El fotógrafo, el oficial y el soldado. Los tres fueron llevados posteriormente a un tribunal y ejecutados por sus crímenes.

Unos crímenes documentados en millones de papeles, datos, diarios, cartas, testimonios, libros, vestimentas, restos de zapatos, películas y fotos. Aunque pocos objetos tienen la fuerza que irradia la impotencia del niño del gueto de Varsovia. Una imagen vale seis millones de víctimas.

James Ellroy: “A la caza de la mujer” Primer capitulo

Imagen de la cubierta del nuevo libro de James Ellroy.- MONDADORI

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Primeras páginas de ‘A la caza de la mujer’

DOCUMENTO (PDF – 77,76Kb) – 09-02-2011

Desde los 10 años, a James Ellroy le persigue la sombra de su madre, asesinada en una zona deprimida de Los Ángeles, ciudad en la que éste nació en 1948. En el valle de San Gabriel, “un destierro en unos altos hornos, de blancos incultos y espaldas mojadas empapados, un paraíso de pacotilla”, lo recuerda en A la caza de la mujer. “Escribo historias para consolarla a Ella como fantasma. Ella es ubicua y nunca es familiar”. En su madre está su origen como narrador “desde que deseé verla muerta y decreté su asesinato” después de que ésta le propinara una torta al saber que prefería vivir con su atípico padre tras su divorcio. Un progenitor de imaginación desmedida -aseguraba haber sido amante de Rita Hayworth o amigo del inexistente Perry Mason de la serie-, que el pastor de la iglesia describía como “el blanco más holgazán del mundo”, capaz de espiar a su mujer “para demostrar su relajo moral”. Una práctica que enseñó a su hijo y que éste confiesa haber repetido sin dejar marcas desde una década después. Lo ha reconocido en su último libro, A la caza de la mujer (Mondadori), unas memorias lúcidas, crudas, descarnadas y sin censuras previas de un hombre exhibicionista que se bautiza a sí mismo como “el mejor autor de novela policíaca” y “de todo menos un liberal”.

Las memorias salen a la venta hoy y Babelia ofrece sus primeras páginas. Su leitmotiv, la frase “Agarraré el destino por el cuello” de Ludwig van Beethoven, con quien se compara y a quien dedica un libro titulado en inglés The Hilliker Curse, en alusión al apellido de soltera de su madre. No recuerda sus lágrimas por su muerte, pero sí su obsesión por la lectura policíaca después de leerse todos los informes de la investigación que cayeron en sus manos.

A la caza de la mujer no es el primer texto autobiográfico de Ellroy, que abordó este título tras concluir su trilogía sobre la historia velada de Estados Unidos (América, Seis de los grandes y la última entrega, Sangre vagabunda, en Ediciones B). En 1996 publicó sus memorias Mis rincones oscuros, libro con un aire policial que contrasta con A la caza de la mujer, una auténtica autoconfesión. Pero toda su obra, como La Dalia Negra, está marcada por la violación y brutal asesinato de su madre aún sin resolver.

A la caza de la mujer nació como un serial en primera persona para la edición estadounidense de la revista Playboy, como antes hiciesen los escritores Gabriel García Márquez, Ian Fleming, Ray Bradbury, Haruki Murakami, Jack Kerouac o Norman Mailer. Pero luego tomó forma de libro. Arranca con su madre o la niñera alemana que le descubrió el sexo a los nueve años, pero hace un repaso a las mujeres que han pasado por su vida: la escritora Erika Schikel, su actual pareja (“con la que pienso pasar el resto de mi vida”), además de su ex esposa Helen Knode y otras dos que prefiere no nombrar y que fueron inalcanzables. Unas mujeres que le “dan el mundo y lo mantienen tenuemente seguro” de sí. “Novias, esposas, ligues de una noche, acompañantes de pago”, cuenta en A la caza de la mujer. “Cifras modestas al principio. Un frenesí incontable después”.

 

“El gran diseño” de Stephen Hawking

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Primer capítulo de El gran diseño

El universo según Hawking 

Portada del último y polémico libro de Stephen Hawking El gran diseño (Crítica) que ha escrito junto al científico Leonard Mlodinov.-

Venimos de la nada. De un universo que lo contenía todo, y que se crea a sí mismo continuamente, sin la intervención de un Dios. Y la filosofía ha muerto. Estas son algunas de las conclusiones de Stephen Hawking en su último y polémico libro El gran diseño (Crítica) que ha escrito junto al científico Leonard Mlodinov. Aseguran que el Big-Bang es una consecuencia inevitable de las leyes de la física y no de ninguna mente superior. Un asomo a dichas teorías lo ofrece hoy Babelia, en esta edición de ELPAIS.com, al avanzar del primer capítulo cómo el Big-Bang contiene las claves de todas las teorías desarrolladas de este esperado ensayo. Además de este adelanto de El gran diseño, que llegará a las librerías el próximo 15 de noviembre, Babelia publicará el sábado un artículo a cargo del científico y académico José Manuel Sánchez Ron.

El nuevo libro del científico británico llega ocho años después de su anterior éxito: El universo en una cáscara de nuez (Crítica). El astrofísico escribe ahora que “dado que existe una ley como la de la gravedad, el Universo pudo crearse a sí mismo -y de hecho lo hizo- de la nada. La creación espontánea es la razón de que exista algo, de que exista el Universo, de que nosotros existamos. Para eso no es necesario invocar a Dios”.

El profesor de Cambridge y autor de Breve historia del tiempo socava argumentos creacionistas. Afirma que el universo no sólo tiene una historia posible. Ante las preguntas que el ser humano alguna vez se plantea, como ¿cuál es la naturaleza de la realidad? O ¿de dónde viene todo lo que nos rodea? Hawking asegura contundente que la filosofía ha muerto porque “no se ha mantenido al corriente de los desarrollos modernos de la ciencia, en particular de la física. Los científicos se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda del conocimiento. El objetivo de este libro es proporcionar las respuestas sugeridas por los descubrimientos y los progresos teóricos recientes”.

En ello juega un papel fundamental la que parece ser una teoría definitiva que acabe con el rosario de preguntas una vez que se da respuesta a una de ellas. Es la Teoría M, que “no es una teoría en el sentido habitual del término, sino toda una familia de teorías distintas, cada una de las cuales proporciona una buena descripción de las observaciones pero solo en un cierto dominio de situaciones físicas”.

Según esa teoría M, nuestro universo no es único, sino que hay muchísimos universos más que no requirieron de la intervención de ningún Dios o Ser Sobrenatural. Y entra en juego las teorías de espacio-tiempo: “Cada universo tiene muchas historias posibles y muchos estados posibles en instantes posteriores, es decir, en instantes como el actual, transcurrido mucho tiempo desde su creación. La mayoría de tales estados será muy diferente del universo que observamos y resultará inadecuada para la existencia de cualquier forma de vida. Sólo unos pocos de ellos permitirían la existencia de criaturas como nosotros. Así pues, nuestra presencia selecciona de este vasto conjunto solo aquellos universos que son compatibles con nuestra existencia. Aunque somos pequeños e insignificantes a escala cósmica, ellos nos hace en un cierto sentido señores de la creación”.

Hacia el final del libro Hawking y Mlodinov reconocen que las leyes de la naturaleza nos dicen cómo se comporta el universo pero no responde a las preguntas de por qué: ¿por qué hay algo en lugar de no haber nada? O ¿por qué existimos?. Y como saben que la respuesta de muchas personas puede ser un Dios que decidió crear todo, afirman que eso desviaría la pregunta a qué o quién creó a Dios. Es decir, volvemos a la pregunta eterna. Los científicos recuerdan, entonces, que nuestras respuestas obedecen o están limitadas por nuestra capacidad cerebral. “Tal como en nuestro universo, en el Juego de la vida la realidad depende del modelo que utilicemos”.

Vargas Llosa: después del Nobel

El escritor, en la rueda de prensa en Madrid. | AfpEl escritor, en la rueda de prensa en Madrid. | Afp

Luis Alemany | Madrid

Los mismos flashes, los mismos “Oh, es Mario”, la misma mujer (Patricia) que se escabulle, el mismo trato cordial pero muy formal… Y una novela nueva, ‘El sueño del celta’ [Lea un extracto], ya en las librerías. 500.000 ejemplares de primera edición, 22 traducciones encargadas… Los que ya han podido leer sus páginas dicen que parece un ‘crossover’ anglosajón, no muy experimental en las formas.

Así es Mario Vargas Llosa, su vida y su literatura, tras el premio Nobel.

El Nobel

‘Mi sueño es que mis libros se leyeran como yo leí los libros que me cambiaron la vida’

– “El sueño secreto, mío y de todos los escritores, creo, es que mis libros se leyeran como yo leí los libros que me cambiaron la vida. Ese ha sido mi sueño y nunca sabré si se hará realidad”.

– “El Nobel ha sido una sorpresa total, un reconocimiento muy grato, pero mi vida ha cambiado completamente. Una revolución”.

– “Da la sensación de que la gente lo considera muy importante. El acoso periodístico no tiene límite. El departamento en el que estábamos viviendo en Nueva York, por ejemplo, se llenó de gente desconocida para mí. Cómo llegaron allí, no lo sé, pero desde entonces, mis horarios han volado por los aires, duermo dos o tres horas al día, cuando duermo. Pero lo que me tranquiliza es saber que es transitorio. Siento un desequilibrio con el que no me siento cómodo. Pero bueno, no me estoy quejando”.

¿Se apagará su voz tras el premio

– “Ningún peligro. Me encontrará la muerte con la pluma en la mano”.

Su héroe, Roger Casement

‘Casement fue quien le dijo a Leopoldo II que lo de las colonias era mucho peor que el canibalismo’

– “Conocí a Casement a través de Joseph Conrad. Conrad fue lleno de ilusiones a un país que, gracias a la publicidad de bondadoso que se había dado Leopoldo II de Bélgica, se iba a incorporar a la civilización. Y allí se encuentra a Casement que le dice que de eso nada, que la barbarie es mucho peor que antes. Mucho peor que el canibalismo… El efecto que le causa lo que ve es de tal naturaleza que Conrad enferma, cancela su contrato, escapa a Inglaterra y escribe ‘El corazón de las tinieblas’, un libro sobre cómo el hombre civilizado se convierte en un bárbaro”.

– “El caso de Casement es un caso trágico. Fue una de las grandes figuras sociales y una de las más olvidadas. En el Congo, sólo encontré una persona que tuviera una muy vaga idea de quién fue Casement. Y no creo que haya habido una sola persona en Europa que haya hecho tanto contra los crímenes perpetrados en el Congo”.

El nacionalismo

Casement es un héroe antieuropeo y nacionalista, una extrañeza para Vargas Llosa:

‘El nacionalismo Es una plaga que ha llenado de sangre la Historia. Nuestro subdesarrollo en América Latina procede del nacionalismo’

– “Hay un momento en el que el nacionalismo es una valencia positiva: en los países ocupados, víctimas de potencias coloniales. Buscar la liberación hace del nacionalismo una ideología de signo positivo. Lo que hizo Casement por Irlanda es positivo. Me identifico con él, lo hubiera apoyado. Pero incluso en ese momento, el nacionalismo arrastra a un momento de violencia y se ve en su caso. Casement se radicaliza, justifica la violencia, hace afirmaciones sectarias e injustas empujado por una fuerza discriminatoria, si se escarba, racista. Es una plaga que ha llenado de sangre la Historia. Nuestro subdesarrollo en América Latina procede del nacionalismo.

Lo que ha aprendido con la novela

– “Una de las enseñanzas de lo que significó la vida de Roger Casement es que, cuando desaparece toda forma de legalidad, brota la barbarie, la crueldad. Casement fue uno de los primeros europeos que comprendió lo que el colonialismo representaba. Vio en lo que se convertía la Europa civilizada, la de la legalidad, la civilidad, las buenas maneras… En un mundo de monstruosas crueldades. Su enorme mérito es haberlo comentado con lujo de detalles”.

– “Su vida acabó mal. Denunció la explotación en la Amazonia, abrazó el nacionalismo irlandés y, por ello, fue encarcelado por el Reino Unido por traición a la patria y le acabaron por atribuir unos diarios sexuales bastante embarazosos”.

– “Casement era maniáticamente educado, se burlaban de su prurito en el tratamiento. No decía una palabrota. Mi impresión es que, cuando estaba solo, soltaba los frenos, podía, mentalmente, gozar. Son sus fantasías sexuales privadas. Eso nos recuerda que los héroes no nacen con una marca de perfección en la frente. Uno puede ser un héroe en un campo y un ser humano con los desvaríos de los seres humanos. Y eso no lo empequeñece”

América

[Un periodista mexicano preguntó a Vargas Llosa si las victorias de los republicanos en EEUU y de Dilma Roussef en Brasil quiere decir que hay dos Américas: la del sur, de izquierdas; y la del norte de derechas. Vargas Llosa no estuvo de acuerdo]:

‘Los héroes no nacen con una marca de perfección en la frente’

“El caso de América Latina hay que hacer una matización. La diferencia importante es la que hay entre Gobiernos democráticos y Gobiernos que no lo son. Entre los democráticos, hay gobiernos de izquierdas y de derechas. Eso ya es un adelanto sobre el pasado, cuando no había izquierdas ni derechas democráticas. Y también hay gobiernos que no son democráticos: dictaduras como la de Cuba, gobiernos que se dirigen hacia la dictadura como Venezuela, Gobiernos a los que conducen al autoritarismo como los de Nicaragua y Bolivia… Pero creo que América Latina va en la buena dirección. Y en EEUU, la democracia está arraigada.

– “El revés del Partido Demócrata [en EEUU] no pone en peligro nada. Además, los resultados son menos dramáticos de lo que se esperaba. El voto de castigo ha sido menor de lo que se esperaba. En realidad, en EEUU hay un debate muy interesante que no se entiende bien desde el exterior: decidir si las políticas sociales deben ser canalizados por el estado o por la sociedad civil. Hay una desconfianza al estado”.

– “Roussef, tengo la impresión, la política del presidente Lula, que en política interna ha sido excelente: la clase media crece, la pobreza disminuye… Mi esperanza es que la política internacional mejore. Que haya menos complacencia con las dictaduras. El caso de Argentina es muy trágico. Un país próspero y desarrollado que se ha ido subdesarrollando por razones políticas sin que hubiera un motivo exterior. Eso tiene un nombre, el peronismo, que sin embargo sigue siendo muy popular en Argentina y que ha sustituido la palabra política. Mientras Argentina no deje atrás esa experiencia, Argentina no va a despegar”.

Gabriel García Márquez: Yo no vengo a decir un discurso

 

Gabriel García Márquez

A Gabriel García Márquez no le gusta hablar en público y mucho menos dar discursos. Y cuando lo ha hecho ha sido empujado por las circunstancias o por el cariño a un amigo. Algunas de esas intervenciones son conocidas y otras no tanto por el gran público que ahora podrá acceder a esa memoria oral del Nobel colombiano en el volumen Yo no vengo a decir un discurso, que editará Mondadori el 29 de octubre. El título corresponde a una de las frases que García Márquez pronunció en su primer discurso con 17 años. Como adelanto, Babelia publica hoy en ELPAIS.com la estructura y temas de dicha antología y algunos fragmentos, especialmente del titulado América Latina existe, que la revista cultural del diario publicará completo este sábado 23 de octubre.

Se trata de uno de los textos más comprometidos y clarificadores de la visión de García Márquez (Aracataca, Colombia, 1927) sobre su continente. Lo pronunció en la isla de Contadora (Panamá) en 1995 cuando algunos países latinoamericanos crearon un grupo que buscaba analizar y proponer soluciones a la situación compleja que atravesaba el continente en todos los aspectos. Las palabras allí pronunciadas por el autor de El coronel no tiene quien le escriba y El otoño del patriarca es un resumen de su preocupación por su continente, al que siempre ha mirado desde dentro y desde fuera. Ha pensado el origen y las circunstancias de su tierra y del destino que ha corrido. Quince años después la situación no ha cambiado mucho. Y ese pasado y esa realidad la ha contado García Márquez a través de su imaginación convirtiendo esas historias locales en arte literario universal. Este texto América Latina existe es una especie de continuación del discurso que pronunció en Estocolmo 1982 cuando recibió el Nóbel de Literatura: La soledad de América Latina, también incluido en este volumen.

Yo no vengo a decir un discurso reúne 22 intervenciones públicas y conferencias de García Márquez donde ha abordado todos los temas: literarios, políticos, sociales, artísticos o ecológicos. La primera de ellas pronunciada en 1944, con 17 años, en la despedida a la clase un año superior a la suya, en la “nevera” del Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá, en mitad de los Andes y lejos de su costa caribeña. En ella, el autor de cuentos como El ahogado más hermoso del mundo hace una breve aproximación sobre lo que es la amistad, pero, sobre todo, invita a compartir entre todos el “doloroso instante de la despedida”. Con unas cuantas pinceladas describe a los compañeros de quienes dice que “todos van en busca de la luz impulsados por un mismo ideal”

Así, García Márquez fue escuchado antes que leído. Tras esta intervención de 1944, el libro trae los siguientes discursos: Cómo comencé a escribir (reproducido por el diario El Espectador de Bogotá en 1972 y que ha servido de material a sus biógrafos y estudiosos); también está la pieza titulada Por ustedes, cuando recibió en Caracas, en 1972, el II Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos por Cien años de soledad; sus reflexiones sobre el futuro en Palabras para un nuevo milenio que compartió en La Habana durante el II Encuentro de Intelectuales por la Soberanía de los Pueblos de Nuestra América, en 1985; su preocupación por el medio ambiente queda reflejada en Una alianza ecológica de América Latina, en Guadalajara (México), en 1991; no faltan sus homenajes a amigos como Álvaro Mutis, Belisario Betancur y Julio Cortázar; su pasión por el reporterismo queda patente en Periodismo: el mejor oficio del mundo, durante al LII Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en Los Ángeles en 1996; no falta su provocador discurso de 1997 en el I Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Zacatecas, México: Botella al mar para el dios de las palabras; sobre Colombia habló en La patria amada aunque distante, en Medellín en 2003; y, claro, el discurso que dio en Cartagena de Indias en 2007 con motivo del IV Congreso Internacional de la Lengua Española donde se le rindió homenaje por sus ochenta años: Un alma abierta para ser llenada con mensajes en castellano. Todas estas piezas han sido revisadas por el autor y corregidas de manera mínima.

Son 22 textos que conforman una biblioteca y memoria oral de Gabriel García Márquez. De 66 años de escritura de un clásico de la literatura universal que antes que empezar a ser leído fue escuchado, y del que Babelia avanza hoy un fragmento elacionado con la preocupación que siente por América Latina.

Las memorias del ‘rolling stone’ Keith Richards

Mick Jagger, Charlie Watts y Keith Richards, en una imagen de archivo. | GtresMick Jagger, Charlie Watts y Keith Richards, en una imagen de archivo. | Gtres

Afp | Londres

Parece que las memorias del ‘stone’ Keith Richards van a dar tanto que hablar como su famosa caída de un cocotero. El libro, que saldrá a la venta el próximo 26 de octubre y que llevará por título simplemente ‘Life’, recoge las relaciones entre Mick Jagger y Marianne Faithfull, la cárcel y sus amores.

Los extractos publicados por el diario británico ‘The Times’ revelan los secretos de la historia de los Rolling Stones, una de las bandas más carismáticas del siglo XX. Richards arregla sus cuentas y no se guarda para sí la descripción de las tensas relaciones que mantenía con Mick Jagger, al que llamaba ‘su majestad’ o ‘Brenda’, y al que tacha de “insoportable” a principios de los 80.

“Apreciaba a Mike, pero no he pasado por su camerino en más de 20 años”, asegura el guitarrista, que a veces echaba de menos a su amigo. También afirma que Jagger tiene un “pito pequeño”, en referencia a su órgano sexual, según le reveló Faithfull. Con ella, confiesa, tuvo una pequeña relación mientras la cantante era la novia de Jagger. En una ocasión, revela, fueron sorprendidos en “flagrante delito” y tuvo que huir por una ventana

El guitarrista también cuenta un viaje por España con Brian Jones, uno de los fundadores del grupo, y la novia de éste, Anita Pallenberg, modelo, actriz, diseñadora y habitual de The Factory de Warhol. Ella le comenzó a realizar una felación en un coche para su sorpresa. “Todavía recuerdo el olor de los naranjos en Valencia. Cuando se sale con Anita Pallenberg por primera vez, no se olvidan los detalles”. Pallenberg tuvo después dos hijos con Richards.

Otro momento glorioso de su vida fue cuando le detuvieron en Londres después de haber consumido ácidos: “Llamaron a la puerta y miré por la ventana. Vi que estaba lleno de enanos, todos con los mismos trajes. Resulta que eran agentes pero yo no me di cuenta. Parecían personas pequeñas vestidas de azul oscuro y con cascos brillantes. Les dije que entraran, que hacía frío fuera”. La noche terminó en comisaría.

Cartas a los Jonquières, Cortázar privado

 

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Capítulo de ‘Cartas a los Jonquiéres’

DOCUMENTO (PDF – 6,3Mb) – 14-10-2010

Portada de el libro 'Cartas a los Jonquières' de Julio Cortázar 

Portada de el libro ‘Cartas a los Jonquières’ de Julio Cortázar- ANAGRAMA

Cartas a los Jonquières (Alfaguara) reúne la correspondencia entre el autor de Rayuela y sus amigos de toda la vida. Babelia avanza en primicia algunas de ellas.

Un hombre eminentemente privado con un mundo interior preservado como una obra de arte. Así era la imagen que se tenía de Julio Cortázar (1914-1984) hasta que apareció la colección de cartas que el autor de La vuelta al día en ochenta mundos había enviado a uno de sus amigos de toda la vida, el pintor y poeta Eduardo Jonquières, con mensajes especiales para su mujer, María, y a su hija, Maricló. Cortázar y Jonquières se conocieron en Argentina a mediados de los años treinta, cuando el novelista hacía prácticas antes de graduarse como maestro de escuela. Aquella amistad duraría toda la vida. Casi lo mismo que la correspondencia que Alfaguara publica estos días en un volumen de cerca de 600 páginas titulado Cartas a los Jonquières y que Babelia y ELPAIS.com avanzan hoy en primicia.

En una edición cuidada por Aurora Bernárdez, traductora y viuda de Cortázar, y el profesor Carles Álvarez Garriga, Cartas a los Jonquières reúne 126 cartas (117 de ellas inéditas), 13 tarjetas postales y hasta un recorte publicitario. El libro reproduce, además, las dedicatorias manuscritas a sus amigos de las obras maestras del escritor argentino: de Historias de cronopios y de famas a Rayuela.

“Además de que estas cartas ofrecen una imagen nueva de Cortázar”, dice Álvarez Garriga, “las correspondientes a los años de su instalación definitiva en Europa (1951-1955) nos informan con esmero y puntualidad casi semanal sobre un período del que apenas sabíamos nada. Estas cartas valen por el diario que no tenemos; accedemos con ellas a parte de su construcción intelectual porque, a la gran cultura literaria que ya tenía, aquí está sumando el aprendizaje de la mirada”.

En efecto, además, de asistir a la intimidad de un hombre al que todos creían reservado y aquí se muestra como un “hermano mayor” que no se calla nada, asistimos también al nacimiento de toda una obra y a una impagable colección de impresiones sobre una Europa -Italia, Suiza, España, Francia por supuesto- que entre 1950 y 1983 -las fechas de unas cartas que se cierran un año antes de la muerte de Cortázar- vivió el medio siglo más cambiante de su historia.

Mario Vargas Llosa se encuentra con su destino

J. ERNESTO AYALA-DIP

Escritores latinoamericanos

Resulta cuando menos curioso que el mejor libro que se escribió sobre la personalidad y obra del premio Nobel Gabriel García Márquez, lo haya escrito el flamante hoy también premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. Hablamos de García Márquez: historia de un deicidio. Simetrías del azar y de la alta estética narrativa. Alguna vez dijo el gran escritor peruano que los únicos límites de la novela realista son la realidad, “que no tiene límites”

Dicha sentencia tenía que ver con una de las características esenciales de su novela La ciudad y los perros (1963), obra con la que el escritor adquiere su consagración y prestigio internacionales. Y con motivo de este mismo título agregó entonces que la realidad supone la existencia de las pesadillas de Kafka, el empeño psicológico hecho prodigio verbal de Proust, el orbe mítico de Carpentier, las empecinadas y tortuosas búsquedas de Dostoiesvsky, la luminosa objetividad de Hemingway. Vargas Llosa escribió muchas novelas. Algunas de ellas ya forman parte de lo mejor que se escribió en castellano. Como la citada La ciudad y los perros, donde se juntan la representación de un habla popular, inmediata, con el uso exacto del monólogo interior.

Estoy seguro que los lectores del escritor se dividen entre los que prefieren Conversación en la Catedral (1971) y los que se quedan con La guerra del fin del mundo (1981). Aunque bien pudiera haber un tercer grupo que se quedara con las dos. Como un servidor. En ambas novelas se reflejan dos maneras diferentes de enfrentarse al hecho literario. En la primera, proyecto totalizante, las corruptelas políticas peruanas (más un puntilloso detalle de perversiones) en el marco de un gran despliegue de recursos narrativos; en la segunda, con un cambio de mapa geográfico e histórico, una reinterpretación libresca de Os sertoes, del escritor brasileño Euclides da Cunha, y una poderosa metáfora de los fanatismos ideológicos y religiosos de la sociedad contemporánea. Mario Vargas Llosa se alimenta de fuentes estrictamente literarias. Fuentes decimonónicas. Flaubert garantiza el respeto por la frase, los tiempos verbales exactos para generar la sensación de tiempo íntimo, histórico y novelístico. Y Víctor Hugo, la función ética, la escritura titánica.

La versatilidad de Vargas Llosa es encomiable. Como lo demuestra Elogio de la madrasta (1988), una verdadera ofrenda a lo mejor de la literatura erótica. Su riqueza conceptual alcanza estratos sociales, psicológicos; en el nivel de las estrategias narrativas son estudiados y aplicados con precisión quirúrgica el espacio, el tiempo, las voces narradoras y puntos de vistas. Todo en pos de su máxima literaria: la verdad de las mentiras.

Ensaya la novela de misterio policiaco insertada en el espacio del terrorismo político del Perú de los años noventa: Lituma en los Andes (1993): una novela amarga si se atiende su desilusión por las proclamas políticas cuando conducen al sectarismo y a la deshumanización de los medios empleados para alcanzar unos fines no menos inconfesables. La fiesta del Chivo (2000), probablemente una de las mejores novelas sobre dictadores que se escribió en castellano. Soy un admirador incondicional de sus dos últimas novelas: El paraíso de la otra Esquina (2003) y Travesuras de la niña mala (2006).

En la primera convergen algunas de las pasiones literarias de Vargas Llosa: la gran novela decimonónica, el trazo naturalista, el esbozo entre folletinesco y melodramático, la fascinación histórica y la trascendencia moral. Y en la segunda descuella la capacidad del autor para crear una heroína de tanto calado irónico como humano. Las ideas políticas de Mario Vargas Llosa, su defensa de ciertas políticas neoliberales pueden que no lo hagan demasiado simpático a mucha gente. Podríamos decir, como Marx decía de Balzac, que el autor de La casa verde es políticamente conservador pero en el terreno del arte de la ficción es progresista. Yo tampoco comparto muchas opiniones de Vargas Llosa sobre muchas cosas en las que se siente obligado a opinar. Pero en la concepción que tiene de la novela y, a través de ésta, de la realidad, siempre estoy y estaré de acuerdo con él. Pero, vaya, me dejaba otra joya literaria, La tía Julia y el Escribidor (1977). La combinación perfecta de alta literatura y una deslumbrante simulación de literatura popular, además de un inestimable ejercicio de literatura autobiográfica.

*Crítico literario

JOSÉ SARAMAGO: El hombre novelado

FotoFotoArriba, el escritor, en su casa de Lanzarote. Abajo, firmando un ejemplar de su novela ‘La caverna’ en 2001. | Carlos Miralles y Fernando Ruso

Sin pausa pero sin prisa, así vivió su vida José Saramago, que a los 76 años (en 1998) se convirtió en el primer escritor portugués en ganar el Premio Nobel de Literatura. Hay quien dice que fue un escritor tardío, pero lo cierto es que su primera novela, ‘La viuda’, la escribió con 24 años (en 1947). Él estaba loco por publicarla y lo consiguió, pero apareció con el nombre de ‘Tierra de pecado’, más comercial, según su editor. Muchos años después contaría siempre que en aquel momento él «no sabía nada ni de viudas, ni de pecados».

Saramago nació en Azinhaga el 16 de noviembre de 1922, una aldea situada al norte de Lisboa. Allí creció José de Sousa, su verdadero apellido, hijo de una pareja de trabajadores rurales. Según contó el escritor en alguna ocasión, la culpa de que le cambiaran el apellido fue de un funcionario del Registro Civil, que al inscribirle en el censo apuntó el apodo familiar en lugar del apellido real. De esta forma, José se convierte en el primer Saramago de la familia Melrinho Sousa (como apuntara en una de sus citas: «Conoces el nombre que te dieron, no conoces el nombre que tienes»). Su padre quiso que estudiara cerrajería mecánica, parecía destinado a ser campesino u obrero, pero en el programa del oficio que iba a aprender había una asignatura de literatura que empezó a despertar al lector que había en él.

Aunque publicó algunos libros de poemas a finales de los años 60 y primeros 70 (época en la que se afilió al Partido Comunista), el éxito no le llegaría hasta 1982, con la novela ‘Memorial del convento’. Después aparecieron ‘La balsa de piedra’ (1986), ‘Historia del cerco de Lisboa’ (1989) y ‘El evangelio según Jesucristo’, publicada en 1991. Esta última novela fue muy polémica en Portugal, que decidió vetarla y no la presentó al Premio Literario Europeo de ese año. Para entonces Saramago ya había conocido a la periodista Pilar del Río (28 años más joven que él), quien se enamoró del portugués al leer en Sevilla ‘Memorial del convento’. Era el año 1986 y ella, ciega de amor, se empeñó en entrevistar al escritor. Dos años después (ella contaba 38 primaveras y él 66 inviernos a sus espaldas), se daban el ‘sí, quiero’ en Portugal, donde residían. Pero el hecho de que su patria vetara una de sus novelas provocó que ambos establecieran su residencia en Lanzarote.

El Nobel, en un aeropuerto

Desde la isla canaria continuaría su producción literaria. Allí escribiría ‘Los cuadernos de Lanzarote’, ‘Ensayo sobre la ceguera’, ‘Todos los nombres’ o ‘La caverna’. Hasta que en 1998 consiguió el Nobel. «Fue una azafata quien me dijo que había ganado el premio», confesó Saramago en una entrevista. Al parecer, él estaba en el aeropuerto alemán de Francfort, a punto de embarcar para tomar rumbo a la isla, cuando le avisaron por megafonía de que tenía una llamada. Y antes de que pudiera atender el teléfono, la azafata le comunicó la noticia.

Saramago ya había visto reconocida su labor en 1995, con la obtención del Premio Luis de Camoes, el más importante en lengua portuguesa, instituido en 1988 por los gobiernos de Brasil y Portugal. Pero ni los reconocimientos, ni su avanzada edad le llevaron a pararse en el camino. Continuó escribiendo, insistiendo en los frentes que había abierto, machacón hasta el final con sus ideas. Tras lograr el Nobel publicó obras como ‘El hombre duplicado’, ‘Ensayo sobre la lucidez’ y, más recientemente, ‘Las pequeñas memorias’, ‘El viaje del elefante’ y ‘Caín’. Sólo la muerte, el 18 de junio de 2010, cuando contaba 87 años, impidió que siguiera ampliando su producción.

No buscaba una meta, pero sin quererlo, la alcanzó. Contribuyó a difundir la literatura portuguesa y sus obras ya forman una parte inseparable de ella y un lugar al que acudir para no olvidar su nombre, para recordarle, siempre, con ‘saudade’.

Su obra

Medio siglo de culpa en Estados Unidos con John Irving . Leer primer capitulo

John Irving publica La última noche en Twisted River (Tusquets)

Portada de libro 'La última noche en Twisted River' de John  Irving

Un padre y un hijo en su huida de un crimen atraviesan los últimos cincuenta años de Estados Unidos. Es la nueva novela de John Irving: La última noche en Twisted River (Tusquets) que contiene todo el ADN literario de su autor: cruces de caminos morales y éticos y de vidas, una situación inesperada que trastoca el destino, la culpa que persigue, el derecho a cambiar y reinventarse, la obsesión, el amor y la amistad desplegadas con nobleza y con un arranque de gran ritmo. Por eso Babelia adelanta hoy en ELPAIS.com ese primer capítulo de esta historia que promete seguir los pasos de popularidad marcados por su autor con títulos como El mundo según Garp, La cuarta mano y Una mujer difícil.

Ganador de varios premios como el O’Henry, el National Book Award o el Oscar por el guión de Las normas de la casa de la Sidra, adaptación de su propia novela Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra, las novelas de John Irving (1942) son de las más esperadas por el público estadounidense.

El escritor de New Hampshire (1942) vuelve a situar su historia en su tierra, esta vez en un campo maderero en abril de 1954; “no mucho después del último deshielo y el inicio de la temporada del barro”, todo un augurio de lo que habrán de vivir un padre y un hijo. Junto al drama que asalta a Dominic y a Danny, envueltos en emociones y dudas, Irving los sitúa en una época de transición en todos los sentidos: el político (la II Guerra Mundial ha terminado nueve años atrás y acaba de ocurrir lo mismo con la de Corea), la sociedad empieza a experimentar un cambio en espiral imparable y se avanza sin saber muchas veces hacia donde. Cinco décadas en continua transición pero donde la culpa, la redención, la zozobra y la venganza parecen perseguirse de manera circular.

Eso es lo que sigue a ese comienzo frenético de La última noche de Twisted River (recuerda por un instante el magistral inicio Amor perdurable, de Ian McEwan) y también arremansado de las costumbres cotidianas y de amigos en un campo maderero en Estados Unidos a orillas de un gran río. Más adelante, la novela será una corriente de tensión, retratos y emotividad a través de unos personajes y situaciones muy bien delineadas que puede empezar a leer hoy en el avance literario que ofrece Babelia en esta edición de ELPAIS.com.

Una obra en la que el propio Irving parece hablar en boca de uno de sus protagonistas que se hace escritor: “Al fin y al cabo, existía constancia de que Danny había declarado que las elecciones estadounidenses del año 2000 -las que Bush ‘robo’ a Gore- fueron de hecho un ‘pucherazo”. O cuando unas líneas más adelante afirma: “Lo que Danny había declarado a los medios era que su antiguo país, como lo llamaban, a veces lo llevaba a recordar y valorar una frase de Samuel Jonson muy citada: ‘El patriotismo es el último refugio de los canallas”.

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