‘Claraboya’, novela inédita de José Saramago

El autor terminó la obra con 30 años y, al no ser publicada, decidió no entregar ningún otro escrito durante 20 años

Portada portuguesa de 'Claraboya', de Saramago

Portada portuguesa de ‘Claraboya’, de Saramago- FUNDACIÓN JOSÉ SARAMAGO

La Fundación José Saramago anunció el sábado pasado la publicación a mediados de octubre, en Portugal y Brasil, de Claraboya una novela que el fallecido nobel portugués acabó con 30 años recién cumplidos (a principios de la década de los años 50) y tras la cual mantuvo un silencio creativo de dos décadas. Ese silencio “de alguna manera, tiene su origen en la falta de respeto con que el autor se sintió tratado”, señala la institución en un comunicado. La obra está disponible en formato digital desde el sábado.

 El escritor entregó esta segunda novela a un amigo con relaciones en el mundillo editorial, relatan desde la Fundación. Durante años no sólo no recibió respuesta de la editorial, sino que tampoco pudo recuperar el original enviado.

40 años después de aquello recibió noticias de que “en una mudanza” la editorial (ahora ya sí muy interesada en publicar Claraboya) había hallado el manuscrito. El autor consideró que habían pasado demasiados años como para publicar ese texto, pero dejó manos libres a sus herederos por si querían que viera la luz tras su fallecimiento.

La obra, previsiblemente, será publicada en castellano, catalán e italiano en primavera. Mientras tanto, en su blog (El cuaderno de Saramago) se irán publicando fragmentos diarios del libro “como si de un puzle se tratase y sin llegar a contar la historia de que Claraboya narra”, indican las fuentes.

Cartas a los Jonquières, Cortázar privado

 

Foto

Capítulo de ‘Cartas a los Jonquiéres’

DOCUMENTO (PDF – 6,3Mb) – 14-10-2010

Portada de el libro 'Cartas a los Jonquières' de Julio Cortázar 

Portada de el libro ‘Cartas a los Jonquières’ de Julio Cortázar- ANAGRAMA

Cartas a los Jonquières (Alfaguara) reúne la correspondencia entre el autor de Rayuela y sus amigos de toda la vida. Babelia avanza en primicia algunas de ellas.

Un hombre eminentemente privado con un mundo interior preservado como una obra de arte. Así era la imagen que se tenía de Julio Cortázar (1914-1984) hasta que apareció la colección de cartas que el autor de La vuelta al día en ochenta mundos había enviado a uno de sus amigos de toda la vida, el pintor y poeta Eduardo Jonquières, con mensajes especiales para su mujer, María, y a su hija, Maricló. Cortázar y Jonquières se conocieron en Argentina a mediados de los años treinta, cuando el novelista hacía prácticas antes de graduarse como maestro de escuela. Aquella amistad duraría toda la vida. Casi lo mismo que la correspondencia que Alfaguara publica estos días en un volumen de cerca de 600 páginas titulado Cartas a los Jonquières y que Babelia y ELPAIS.com avanzan hoy en primicia.

En una edición cuidada por Aurora Bernárdez, traductora y viuda de Cortázar, y el profesor Carles Álvarez Garriga, Cartas a los Jonquières reúne 126 cartas (117 de ellas inéditas), 13 tarjetas postales y hasta un recorte publicitario. El libro reproduce, además, las dedicatorias manuscritas a sus amigos de las obras maestras del escritor argentino: de Historias de cronopios y de famas a Rayuela.

“Además de que estas cartas ofrecen una imagen nueva de Cortázar”, dice Álvarez Garriga, “las correspondientes a los años de su instalación definitiva en Europa (1951-1955) nos informan con esmero y puntualidad casi semanal sobre un período del que apenas sabíamos nada. Estas cartas valen por el diario que no tenemos; accedemos con ellas a parte de su construcción intelectual porque, a la gran cultura literaria que ya tenía, aquí está sumando el aprendizaje de la mirada”.

En efecto, además, de asistir a la intimidad de un hombre al que todos creían reservado y aquí se muestra como un “hermano mayor” que no se calla nada, asistimos también al nacimiento de toda una obra y a una impagable colección de impresiones sobre una Europa -Italia, Suiza, España, Francia por supuesto- que entre 1950 y 1983 -las fechas de unas cartas que se cierran un año antes de la muerte de Cortázar- vivió el medio siglo más cambiante de su historia.

Elogio de la novela policíaca

Escrito por Marina, blog Inezie Essenziali
Traducido por Xurxo Ventos. Ver artículo original en italiano

Para estas vacaciones hemos seleccionado para vosotros un post de Marina y de su blog “Inezie essenziali”, que ha hecho descubrir a nuestros lectores europeos una pasión muy italiana, la novela policíaca, que Marina consume como una dulce droga…

Hay novelas policíacas y novelas policíacas, claro. Pero yo hablo justamente de esas hechas sólo de un asesinato, una caza y el descubrimiento del culpable. Ninguna ambición literaria, sólo una trama, hecha de misterio, escalofrío y revelación. Brutales, en cierto sentido. Hay circunstancias de la vida en que yo las consumo como una droga. Las Mondadori se leen en un par de horas. Dos horas de anestesia total.

Dado que después no me queda nada, su precio me parece siempre demasiado alto. Pero no se escatima con las medicinas.
De todas formas existen tienditas especializadas en viejas novelas policíacas vendidas a a mitad de precio que pasan de mano en mano desde hace treinta o cuarenta años. De hecho es posible devolverlas, dejárselas valorar y coger otras a cambio. Son frecuentadas por coleccionistas apasionadoes del género y, supongo, por gente como yo que va en busca de la potente forma de remolino mental, sin riesgo de reflexión, que sólo las auténticas novelas policíacas garantizan. Lo que hace de ellas un arma vencedora contra el ansia es su capacidad de impedir cualquier identificación con los personajes. Éstos son simples caracterizaciones. Sus sentimientos son estereotipados, personifican un vicio o una pasión sin suscitarla jamás. Son máscaras y no nos afectan. La lectura no activa ningún mecanismo que pueda hacernos penar o gozar con ellas. Nos enganchamos a la trama y ella nos lleva consigo sustrayéndonos a nosotros mismos y a nuestras tramas. Pero hace falta tener la cautela de descartar los grandes clásicos, los maestros de la novela policíaca, aquellos que al escalofrío saben dar un alma. A estos hay que evitarlos como la peste. Gran invención las auténticas novelas policíacas.
Me compraré una carretada.

El ‘postcarvalhismo’ en la novela negra

Manuel Vázquez Montalbán. | Jorge MorenoManuel Vázquez Montalbán. | Jorge Moreno

  • Autores e historiadores discuten el legado del detective de Vázquez Montalbán

Marta Medina | El Escorial

Todo Conan Doyle tiene a su Sherlock Holmes, un personaje –o mejor dicho, ‘el’ personaje-, que empieza por ser un esbozo secundario y que, al final, eclipsa a sus compañeros de reparto y se adueña de cualquier historia concebida por la mente de su creador. Le tortura, le impide centrarse y le exige un protagonismo absoluto. Con todos ustedes, el Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán, el Philip Marlowe de Raymond Chandler, los Chamorro y Belvilacqua de Lorenzo Silva, los Caldas y Estévez de Domingo Villar…

“La serie Carvalho empezó en 1972 con ‘Yo maté a Kennedy'”, recordó este jueves la periodista Rosa Mora en el curso ‘Pepe Carvalho: cómo se crea un personaje en la novela negra’ de la Universidad Complutense. Pero en este punto hay división; ‘Yo maté a Kennedy’ registra la primera aparición del personaje, pero no es la primera novela centrada en él. En el libro, Carvalho aparece como un personaje inverosímil, un comunista que, harto de su mujer Muriel, viaja a Estados Unidos y recibe el encargo de la CIA de acabar con Kennedy. ¿Es ése nuestro Carvalho?

Ya en ‘Tatuaje’, aparece el Carvalho barcelonés –al igual que el Méndez de González de Ledesma-, amante de las callejuelas sórdidas y los antros de mala muerte. Porque el investigador es el antihéroe romántico, “con una galería de personajes desheredados en los que encuentra la humanidad”, razona el escritor Lorenzo Silva.

Montalbán quiso hacer una especie de justicia poética en sus libros –un arbitraje improbable en la realidad-; por eso, los derrotados son el refugio del investigador y los burgueses cumplen el papel antagonista “con un discurso totalmente ruin”, según Silva.

“Carvalho encuentra en la escoria su reducto confortable, en contra del poder, fuera quien fuera”, destacó el escritor Domingo Villar. Es fascinante “la piedad con la que Montalbán mira a sus personajes“, además de dejar espacios para la reflexión del lector y ser un dibujo costumbrista de la sociedad española, como lo fuera la Francia de Luis XIII dibujada por Alejandro Dumas.

Carvalho se rodea de unos personajes secundarios que evolucionan, envejecen y se cansan; la marcha habitual de cualquier vida vista a través de una mirilla. Su amante Charo, que busca una relación convencional imposible; su compañero Biscuter, hermano de pasiones gastronómicas; y Bromuro, el malhadado limpiabotas soplón que desaparece cuando deja de ser útil para el detective.

Pocos autores españoles de novela negra han traspasado la frontera y han influido tanto en el género como lo hizo Montalbán. Desde ‘cameos’ y encuentros furtivos con Carvalho hasta personajes nombrados en honor del autor –como el comisario Montalbano de Andrea Camilleri o el Fabio Montale de Jean-Claude Izzo-, Montalbán es un referente para los autores mediterráneos de novela detectivesca, como Petros Márkaris y su teniente Jaritos.

No tan quijotescos como los anteriores, sino que más adheridos a la realidad son el brigada Belvilacqua y la sargento Chamorro, la pareja protagonista de las novelas policiacas de Silva. No en vano, Silva ha ejercido la abogacía y se ha visto envuelto en casos complicados de sobornos, espionaje y contraespionaje, un pasado que le “ha condicionado el enfoque” en sus novelas. Los jueces, por ejemplo, figuras indispensables a la hora de llevar una investigación

La pareja protagonista de Silva es piadosa “en el sentido integral de la palabra”. Belvilacqua es un psicólogo uruguayo que acaba en la Guardia Civil por cuestiones económicas y no por vocación, pero a quien le reconforta sentirse útil para con los que sufren. Por otro lado, Chamorro tiene “un estricto sentido del deber”, eficiente en los aspectos institucionales. No son perfectos, pero son reales. Silva ha convivido mucho tiempo con agentes del cuerpo y tras un proceso de observación y de acercamiento ha podido moldear a los personajes de sus novelas. Incluso, la base de las tramas muchas veces ha salido de experiencias diarias, de conversaciones escuchadas furtivamente o de casos reales tan modificados que se convierten en imaginarios.

No tan quijotescos como los anteriores, sino que más adheridos a la realidad son el brigada Belvilacqua y la sargento Chamorro, la pareja protagonista de las novelas policíacas de Silva. No en vano, Silva ha ejercido la abogacía y se ha visto envuelto en casos complicados de sobornos, espionaje y contraespionaje, un pasado que le «ha condicionado el enfoque» en sus novelas. Los jueces, por ejemplo, figuras indispensables a la hora de llevar una investigación –«son ellos los que finalmente resuelven»- pocas veces aparecen en las tramas de la novela negra.

Por su parte, Domingo Villar ha creado una pareja –”porque los agentes de seguridad siempre van de dos en dos”- de opuestos y complementarios. Leo Caldas es otro romántico, un inspector gallego que siempre responde a las preguntas con más preguntas. Y eso irrita a su compañero, Rafael Estévez, un zaragozano vehemente y violento. Sacados a base del análisis de la calle, no son superhéroes, ni llevan el arma más novedosa, ni tienen una hacker como Lisbeth Salander. Porque, como bromea Villar, “con 40 grados bajo cero, ¿qué mejor pasatiempo que matar?”.

La edición crítica desvela el ‘idioma secreto’ de la novela ‘Tres tristes tigres’

  • Contiene apéndices con los cortes de la censura franquista

Efe | Madrid

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En 1967 Guillermo Cabrera Infante publicó su novela ‘Tres tristes tigres’, uno de los hitos del ‘boom’ latinoamericano. Ahora, los profesores Enrico Mario Santí y Nivia Montenegro han preparado una edición crítica de esta gran obra que refleja como ninguna otra la cultura popular cubana de los 50.

Publicada por Cátedra, dentro de su prestigiosa colección ‘Letras Hispánicas’, la nueva edición de ‘Tres tristes tigres’ recuerda las numerosas vicisitudes por las que pasó esta obra y contiene sendos apéndices con los cortes de la censura franquista y los que el propio autor realizó en el ‘Bound Manuscript’ de Princeton.

Santí y Montenegro son cubanos exiliados en Estados Unidos desde hace más de 40 años y están casados. Según Santí, ‘Tres tristes tigres’, es “un monumento de juegos de palabra” que está escrita en ‘cubano’, por lo que “era indispensable facilitar un aparato filológico que permitiese entender muchos giros“.

“Lo sorprendente de esta obra es que, a pesar de ese ‘idioma secreto’ de la novela, siempre ha sido un éxito de ventas y un libro favorito dentro del ‘boom’ de la novela latinoamericana, en el que hubo otros títulos monumentales desde el punto de vista de la experimentación lingüística y de la forma”. Su publicación coincide con la de ‘Cien años de soledad’, de Gabriel García Márquez.

Para este libro, Montenegro y Santí han partido de la edición conmemorativa que en 1997 publicó Seix Barral y que ya incluía los textos cortados por la censura franquista “por sus referencias políticas y sexuales”, aunque, a diferencia de aquella, en la de Cátedra sí se señalan los fragmentos suprimidos.

‘Tres tristes tigres’ es una obra compleja y, para facilitar su comprensión, los preparadores tratan de captar la significación del libro “en cuanto a documento arqueológico de esa cima de la cultura popular que fueron los años 50 en Cuba”.

Esos oscuros señores ortodoxos: El Vaticano condena otra vez a Saramago tras su muerte

Le acusa de “populismo extremista” y le define como “ideólogo antirreligioso”

Las gafas y la maquina de escribir

José Saramago

FOTOS – ADRIEL PERDOMO –

Las gafas y la maquina de escribir. La vieja máquina de José Saramago y sus gafas en la sala a la que da nombre en la Fundación César Manrique de Lanzarote, con motivo de una exposición dedicada a su obra.- ADRIEL PERDOMO

Ni elogio fúnebre ni nota necrológica neutra. Fiel a su historia, el Vaticano ha dedicado hoy a José Saramago, fallecido el viernes a los 87 años en Lanzarote, un ataque denigratorio, una condena de un tono casi sarcástico, que suena casi a celebración por la muerte de uno de los intelectuales que más lúcidamente ha condenado los abusos cometidos en nombre de la religión y la hipocresía y contradicciones de la Iglesia de Roma.

El artículo dedicado al autor de ‘Memorial del convento’ por el diario oficial de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, se titula La omnipotencia (relativa) del narrador, está firmado por Claudio Toscani y mezcla reflexiones sobre su tarea de intelectual de izquierdas con descalificaciones del tipo “populista extremista”.

La pieza subraya la “ideología antirreligiosa” de Saramago, a quien define como “un hombre y un intelectual de ninguna capacidad metafísica, (y que vivió) agarrado hasta el final a su pertinaz fe en el materialismo histórico, alias marxismo”. Para añadir: “Colocándose lúcidamente de la parte de la cizaña en el evangélico campo de trigo, (Saramago) se declaraba insomne por las cruzadas, o por la inquisición, olvidando el recuerdo de los ‘gulag’, de las purgas, de los genocidios, de los ‘samizdat’ (panfletos de la Rusia soviética) culturales y religiosos”.

Por lo que respecta a la religión, continúa la nota, “uncida como estuvo siempre su mente por una desestabilizadora banalización de lo sagrado y por un materialismo libertario que cuanto más avanzaba en los años más se radicalizaba, Saramago no dejó nunca de sostener una simplificación teológica inquietante: si Dios está en el origen de todo, él es la causa de todo efecto y el efecto de toda causa”.

La estocada posterior es durísima. “Un populista extremista como él, que se hacía cargo del porqué de los males del mundo, habría debido antes que nada aplicar el problema a todas las estructuras humanas erróneas, desde las histórico-políticas a las socioeconómicas, en vez de saltar al detestado plano metafísico y culpar, de manera demasiado cómoda y carente de cualquier otra consideración, a un Dios en el que nunca creyó debido a su omnipotencia, a su omnisciencia, a su omnipresencia”.

El artículo critica de modo especial la novela ‘El Evangelio según Jesucristo’, con la cual, dice L’Osservatore Romano, el Premio Nobel de Literatura lanzó “un reto a la memoria del cristianismo de la cual no se sabe qué se puede salvar si, entre otras cosas, Cristo es hijo de un padre imperturbable que lo manda al sacrificio, que parece entenderse mejor con Satanás que con los hombres, y que domina el Universo con poder pero sin misericordia”.

“Irreverencias aparte”, concluye la pieza, “la esterilidad lógica, antes que teológica, de tales asuntos narrativos no produce la buscada deconstrucción ontológica, sino que se retuerce en una parcialidad dialéctica tan evidente como para impedirle alcanzar cualquier objetivo creíble”.

Por qué la gente quería tanto a Saramago

Cientos de personas aguardan en la plaza del municipio lisboeta para acceder hasta el sitio en el que se halla su cuerpo.

José Saramago está expuesto desde esta tarde en el salón noble del Ayuntamiento de Lisboa, la ciudad en la que se hizo escritor. Cientos de personas aguardan en la plaza del municipio a que les toque el turno que les permite acceder hasta el sitio en el que se halla su cuerpo ya sin vida, su semblante noble y adusto, sosegado aún más por la sombra sutil de la muerte. Hay gente de todos los sectores, profesionales, obreros, campesinos como los de su origen, poetas, periodistas, gentes venidas desde distintos lugares de Portugal o de España, cronistas que le han seguido el rastro, familiares, gente que se cruzó con él alguna vez en la presentación de un libro o en un mitin. ¿Por qué le quieren tanto? Su editor, Zeferino Coelho, me dijo esta mañana, con lágrimas en los ojos, que le querían porque representaba, en el siglo XX y aún más allá, “un monumento portugués, como Pesoa”.

Cree el editor que Saramago “concibió un mundo, que le representa y nos representa”. En ese mundo el autor de El año de la muerte de Ricardo Reis reinventó los mitos civiles de Portugal a la altura del maestro de los heterónimos, Fernando Pesoa. Y, además, nunca se dejó intimidar por los convencionalismos del poder.

¿Es un monumento pues? Se lo pregunté a un gran folclorista, cantante, intelectual y hombre de izquierdas, Carlos do Carmo, confundido entre los que acudieron a contemplar de cerca el rostro sin vida de José Saramago, su amigo. Dijo Carlos do Carmo “yo diría que Saramago es excepcionalmente un extramonumento portugués. Yo tengo 70 años”, siguió diciendo do Carmo, “y es la primera vez que veo en mi vida un reconocimiento popular a alguien tan peculiar como Saramago”.

Un amigo

Carlos do Carmo nunca había visto en su vida “a alguien que fuera tan querido, que le gustara tanto, a todo el mundo y sobre todo a la gente muy sencilla”. Le pregunté por qué. “Ah, vaya preguntándolo por ahí. Lo cierto es que todo el mundo ha aprendido de él. Yo he sido su amigo, era mi amigo, era uno de los amigos de mi vida, y muchas veces he aprendido de José, hasta el último instante”. Le pregunté al ilustre folclorista qué había aprendido de Samarago. “La paciencia. Su paciencia era inagotable, y yo creo que la paciencia proviene de la nobleza. Y además tenía un humor muy particular, que la gente no conocía. Y era una persona muy generosa. Son muchas cosas que aprender de una sola persona”.

Quería añadir algo más Carlos do Carmo. Y lo hizo, a media voz dentro del salón noble del municipio. Quiero destacar su similitud con Jacques Brel. Como el cantante, José mostró siempre una total intolerancia hacia la mediocridad. Eso me encantaba”. Cerca de él, Zeferino Coelho nos dijo al oído: “Saramago decía que lo peor de la muerte es que estás y de pronto no estás. Él estará siempre con esta gente que le viene a ver”. Su biógrafo, Fernando Gómez Aguilera, director de la Fundación César Manrique y creador de la exposición sobre la vida y la obra de Saramago, estaba allí, de pie, frente a su amigo muerto. Había venido en el avión militar que fletó el Gobierno portugués. Tuvo esta reflexión poética sobre el regreso de Saramago a su patria: “Fue a Lanzarote en una balsa de piedra y vuelva a Portugal entre las nubes del aire”.

Su amigo Javier Pérez Royo, catedrático sevillano, se mostraba extrañado ante un silencio: “¿Por qué no están diciendo ustedes estos días que la mejor novela de Saramago, la más consistente entre sus metáforas, la que demostró para siempre su gran categoría de novelista, la gran novela de Lisboa es El año de la muerte de Ricardo Reis?”. Pues ya está dicho. Por cierto, esta novela, El año de la muerte…, fue la que llevó a Pilar del Río a conocer, como periodista, a Saramago, con las consecuencias sentimentales que ya todo el mundo conoce.

JOSÉ SARAMAGO: El hombre novelado

FotoFotoArriba, el escritor, en su casa de Lanzarote. Abajo, firmando un ejemplar de su novela ‘La caverna’ en 2001. | Carlos Miralles y Fernando Ruso

Sin pausa pero sin prisa, así vivió su vida José Saramago, que a los 76 años (en 1998) se convirtió en el primer escritor portugués en ganar el Premio Nobel de Literatura. Hay quien dice que fue un escritor tardío, pero lo cierto es que su primera novela, ‘La viuda’, la escribió con 24 años (en 1947). Él estaba loco por publicarla y lo consiguió, pero apareció con el nombre de ‘Tierra de pecado’, más comercial, según su editor. Muchos años después contaría siempre que en aquel momento él «no sabía nada ni de viudas, ni de pecados».

Saramago nació en Azinhaga el 16 de noviembre de 1922, una aldea situada al norte de Lisboa. Allí creció José de Sousa, su verdadero apellido, hijo de una pareja de trabajadores rurales. Según contó el escritor en alguna ocasión, la culpa de que le cambiaran el apellido fue de un funcionario del Registro Civil, que al inscribirle en el censo apuntó el apodo familiar en lugar del apellido real. De esta forma, José se convierte en el primer Saramago de la familia Melrinho Sousa (como apuntara en una de sus citas: «Conoces el nombre que te dieron, no conoces el nombre que tienes»). Su padre quiso que estudiara cerrajería mecánica, parecía destinado a ser campesino u obrero, pero en el programa del oficio que iba a aprender había una asignatura de literatura que empezó a despertar al lector que había en él.

Aunque publicó algunos libros de poemas a finales de los años 60 y primeros 70 (época en la que se afilió al Partido Comunista), el éxito no le llegaría hasta 1982, con la novela ‘Memorial del convento’. Después aparecieron ‘La balsa de piedra’ (1986), ‘Historia del cerco de Lisboa’ (1989) y ‘El evangelio según Jesucristo’, publicada en 1991. Esta última novela fue muy polémica en Portugal, que decidió vetarla y no la presentó al Premio Literario Europeo de ese año. Para entonces Saramago ya había conocido a la periodista Pilar del Río (28 años más joven que él), quien se enamoró del portugués al leer en Sevilla ‘Memorial del convento’. Era el año 1986 y ella, ciega de amor, se empeñó en entrevistar al escritor. Dos años después (ella contaba 38 primaveras y él 66 inviernos a sus espaldas), se daban el ‘sí, quiero’ en Portugal, donde residían. Pero el hecho de que su patria vetara una de sus novelas provocó que ambos establecieran su residencia en Lanzarote.

El Nobel, en un aeropuerto

Desde la isla canaria continuaría su producción literaria. Allí escribiría ‘Los cuadernos de Lanzarote’, ‘Ensayo sobre la ceguera’, ‘Todos los nombres’ o ‘La caverna’. Hasta que en 1998 consiguió el Nobel. «Fue una azafata quien me dijo que había ganado el premio», confesó Saramago en una entrevista. Al parecer, él estaba en el aeropuerto alemán de Francfort, a punto de embarcar para tomar rumbo a la isla, cuando le avisaron por megafonía de que tenía una llamada. Y antes de que pudiera atender el teléfono, la azafata le comunicó la noticia.

Saramago ya había visto reconocida su labor en 1995, con la obtención del Premio Luis de Camoes, el más importante en lengua portuguesa, instituido en 1988 por los gobiernos de Brasil y Portugal. Pero ni los reconocimientos, ni su avanzada edad le llevaron a pararse en el camino. Continuó escribiendo, insistiendo en los frentes que había abierto, machacón hasta el final con sus ideas. Tras lograr el Nobel publicó obras como ‘El hombre duplicado’, ‘Ensayo sobre la lucidez’ y, más recientemente, ‘Las pequeñas memorias’, ‘El viaje del elefante’ y ‘Caín’. Sólo la muerte, el 18 de junio de 2010, cuando contaba 87 años, impidió que siguiera ampliando su producción.

No buscaba una meta, pero sin quererlo, la alcanzó. Contribuyó a difundir la literatura portuguesa y sus obras ya forman una parte inseparable de ella y un lugar al que acudir para no olvidar su nombre, para recordarle, siempre, con ‘saudade’.

Su obra

Roberto Saviano aprovecha el éxito de “Gomorra” y recopila sus crónicas

El autor, condenado a muerte por la mafia italiana, muestra su diversidad de intereses en “La belleza y el infierno”.

SANTIAGO.- Ya quisiera él que no hubiera sido así, pero tras la celebridad de Roberto Saviano hubo una razón que terminó por imponerse a cualquier otra: La infame y condenable sentencia de muerte con que lo tachó la mafia italiana, luego de que el autor publicara “Gomorra”.

Paradójicamente, la condena hizo que ese título se transformara en un hito del mercado editorial, que de alguna manera lo ofreció precisamente como el libro que condenó al escritor y periodista italiano.

Ambas cosas ahora se mezclan esquizofrénicamente, el éxito y la persecución (que es también la imposibilidad de disfrutar al primero), y ni el propio Saviano esconde eso cuando se atreve a calificar a “Gomorra” como “un libro maldito”.

Ante un escenario así, lo más probable entonces era que sus títulos siguientes continuaran filtrando esa mezcla de estímulos, y es lo que sucede con “La belleza y el infierno” (Debate, $10.000), la recopilación de crónicas del italiano que acaba de llegar a las librerías locales.

Hay alguna acerca de la mafia, claramente, pero no es la norma. “La belleza…” es un libro diverso con lógica de antología, que entre sus temáticas incluye a la líder pacifista Miriam Makeba, las particularidades del Festival de Cannes, un perfil del fallecido músico Michel Petrucciani, o su visión de ese fenómeno que es Lionel Messi, entre otros.

Incluso reproduce el discurso y los diálogos que tuvo en la Academia Sueca en 2008, cuando lo invitaron junto a Salman Rushdie en calidad de escritores perseguidos.

Muchos de los textos son anteriores a “Gomorra”, y entonces la paradoja de Saviano vuelve a aparecer. Porque sin ese libro ni esa infeliz condena, los trabajos probablemente no estarían hoy en las manos de un lector de Chile.

Pero qué va. Escapando de esa obra “maldita”, Saviano recuerda que en su vida existió algo antes de ella, así como parece guardar la esperanza de que también haya algo después. Aunque sea como escritor.

Nueva edición del ‘Libro de buen amor’

Manuscrito original

No lo hacía para fanfarronear sino para dar ejemplo. O eso decía. El clérigo más promiscuo de la literatura medieval española escribió sus memorias para que todos aprendieran de su experiencia. Su Libro de buen amor (o Libro del Arcipreste) recoge sus escarceos con monjas, pastoras, moras y jóvenes viudas con el ánimo de advertir a los lectores de las sucias tretas del amor loco. Ese que da mala fama y hace que las almas se pierdan. Pero cuidado con el arcipreste, porque justo a continuación añade que, como el pecar es humano, “si algunos, lo que non los consejo, quisieran usar del loco amor, aquí hallarán algunas maneras para ello”.

Maneras, ardides y estratagemas que abundan en estas confesiones eróticas imaginarias escritas hacia 1340 por un tal Juan Ruiz (hacia 1283-1350), arcipreste de Hita (localidad al noreste de Madrid), de quien se ignora casi todo. Obra inclasificable, el Libro de buen amor es una mezcla de sátira clerical, parodia literaria, tratado didáctico-religioso y manual amatorio, todo ello empapado de un extraordinario y procaz sentido del humor basado en la obsesión del protagonista por yacer con “hembra placentera”. Considerada una de las cumbres de la literatura medieval española, su naturaleza sigue siendo un enigma casi 700 años después. ¿Cuál es su objetivo? ¿A quién iba dirigida? ¿A qué género pertenece?

“Pese a los esfuerzos eruditos y a veces brillantes de los mejores críticos, ¿cómo es que no ha sido posible dar con la clave de sus objetivos y criterios, de su ideología y cosmovisión, con el significado de las confesiones de un sacerdote manifiestamente abarraganado?”, se pregunta el filólogo Anthony Zahareas en el prólogo de la nueva edición crítica del Libro del arcipreste, un grueso volumen de 1.200 páginas elaborado junto a su colega Óscar Pereira Zazo, de la Universidad de Nebraska-Lincoln (EEUU), y que acaba de publicar Akal.

El Libro de buen amor narra las andanzas de un clérigo que vive en un dilema morrocotudo: seguir el buen amor (a Dios) o entregarse al loco amor (carnal). Él se debe a su cristiano oficio de guiar las almas hacia la virtud pero no puede reprimir el instinto de buscar ayuntamiento con “hembra placentera”. Y no lo tiene fácil. Como le cuesta convencer a las candidatas, el arcipreste eleva una queja formal al dios del amor por publicidad engañosa, desatención y malas prácticas. La cosa cambia cuando contrata alcahuetas, grandes intercesoras del trato amoroso medieval. Su favorita es la astuta Trotaconventos, con la que establece una provechosa sociedad.

En pleno ocaso medieval, los requiebros amorosos son reflejados en la literatura con un carácter descarnadamente terrestre. “De hecho” -explica Pereira a través del correo electrónico- en el Libro “las aventuras amorosas se estructuran como un intercambio mediado de deseos y necesidades, en forma semejante a cómo el mercader media entre quien tiene algo que ofrecer y quien tiene algún deseo o necesidad”. Luego la intercesión de las alcahuetas da sus frutos y el clérigo logra sus conquistas, como hace el joven don Melón, que engatusa a doña Endrina. O el propio Arcipreste, que seduce a la esquiva monja doña Garoza. El clérigo incluso llega a ser requerido carnalmente por asilvestradas pastoras en plena sierra. Se trata de una aproximación desenfadada a los encuentros carnales muy similar al de los coetáneos Cuentos de Canterbury, de Geofrey Chaucer, y Decamerón, de Giovanni Boccaccio.

Un complejo poema narrativo

Con todo, el Libro no es un texto sencillo. Primero hay que enfrentarse al castellano del siglo XIV, algo que puede resultar disuasorio (muchos lectores se han acercado al texto gracias a la excelente traducción al castellano moderno que elaboró la filóloga María Brey Mariño en los años sesenta). Y luego están las muchas referencias de un poema trufado de proverbios, fábulas y alegorías que pertenecen a una cultura muy lejana, como es la medieval, según advierte Pereiro.

Por ello la nueva edición acomete un asedio casi línea a línea de las 1.720 estrofas del poema, escrito sobre todo en coplas alejandrinas monorrimas. Son 600 páginas que glosan las abundantes cuestiones históricas, sociales y literarias contenidas en cada verso. Una exuberancia referencial nada sorprendente en una obra que bebe de un caudal literario que va desde la Biblia a la poesía goliárdica (versos satíricos compuestos por monjes), pasando por Ovidio, los fabliaux (cuentos procaces juglarescos) y la literatura árabe.

“Medita donde hallares señal y lección ciertas”

Son numerosos los episodios complejos. Uno es el combate entre Carnal y Cuaresma, que alegoriza la contienda entre el amor erótico y la abstinencia. Así, las fuerzas terrenales del exuberante Don Carnal, con sus lugartenientes Tocino y Cecina, se enfrentan a las hordas acuáticas de Doña Cuaresma, de “hundidas mejillas”, flanqueada por sus temibles congrio, atún, pulpo y salmón. Una batalla de huestes semejante a un cruce entre el Señor de los anillos y las delirantes pinturas de El Bosco. Es una lid que ilustra la irreprimible tensión interna del clérigo y que al mismo tiempo escenifica el quid de todo el libro.

Otros pasajes sustanciosos son la disquisición sobre el amor como instigador de los siete pecados capitales, los consejos sobre el arte de seducir que ofrece la diosa Venus al arcipreste (donde el dinero, ay, juega un papel crucial) y el pleito entre el lobo y la zorra ante el juez Simio, que parodia la terminología legal medieval. Luego está el combate dialéctico entre Trotaconventos y doña Garoza. La alcahueta intenta convencerla de que ceda a la llamada del arcipreste y la monja se esfuerza por defenderse, en un intercambio de fábulas ejemplarizantes. Son episodios en los que abundan las claves que es necesario interpretar, tal como avisa el narrador. “Son, las de Buen Amor, razones encubiertas;/ medita donde hallares señal y lección ciertas,/si la razón entiendes y la intención aciertas,/ donde ahora maldades, quizá consejo adviertas”

Texto nacido antes de la modernidad, cuando no existía diferenciación clara entre las modalidades de la escritura, es una amalgama de contenidos de alcance enciclopédico. “Hoy en día diríamos que es literatura de ficción, pero también tratado filosófico y científico donde se dirimen cuestiones relacionadas con la moral, la política, la psicología, la naturaleza humana, etcétera, etcétera”, añade Pereiro, a través del correo electrónico. “En este sentido El libro del arcipreste sólo tiene parangón con textos como La Celestina o El Quijote, o la obra completa de un Galdós, un Goytisolo o un Sánchez Ferlosio”.

En todo caso, el provecho de la lectura siempre depende de cada lector. Ya lo advierte el autor (en traducción de Brey Mariño): “De músico instrumento yo, libro, soy pariente:/si tocas bien o mal te diré ciertamente;/ en lo que te interese, con sosiego detente/ y si sabes pulsarme, me tendrás en la mente”.

El pabellón del crimen. Y después de Larsson, ¿Qué?

El pabellón del crimen

por VIRGINIA HERNÁNDEZ
vídeo: RICARDO DOMÍNGUEZ

Aunque muchos fanáticos confesos de la novela negra lo son desde que descubrieron a Lisbeth Salander, Stieg Larsson bebió las aguas de escritores como el matrimonio Maj Sjöwall y Per Wahlöö o Henning Mankell. Según sus cercanos, también leía a Äsa Larsson.

‘Elemental, querida Salander’ es el pabellón que la Feria del Libro dedica a los escritores venidos del norte, invitados especiales en esta edición. En él se incluye a Lapidus, el encargado de retratar los actuales bajos fondos de Estocolmo.

Descúbralo junto a su comisario, el escritor Lorenzo Silva. También los correos electrónicos que el autor de la trilogía Millenium se intercambió con su editora mientras escribía los ‘best seller’. Un hallazgo.

Y después de Larsson, ¿qué?

por SONIA APARICIO
De izda a dcha., Äsa Larsson, Arnaldur Indridason, Camilla Läckberg y Håkan Nesser.

Cuando no hemos acabado de aprendernos el nombre raro del volcán islandés Eyjafjalla, llega la Feria del Libro con una retahíla de nombres impronunciables. La literatura nórdica está de moda. Después de que los tres millones y medio de libros vendidos por Stieg Larsson abrieran las puertas del mercado español a otros autores escandinavos, ya no vale leerle sólo a él. Casi todas las editoriales cuentan con un nórdico en su catálogo; algunos, recién llegados; otros, viejos conocidos en el norte de Europa, pero novedad para el lector español.

«La gente va a descubrir que existen otros muchos autores interesantes, aunque no tengan la dimensión de Larsson», cuenta el escritor Lorenzo Silva, comisario del pabellón de la Comunidad de Madrid en la Feria del Libro, que considera que el fenómeno del sueco es irrepetible por la «inigualable» Lisbeth Salander (en homenaje a ella se ha bautizado el pabellón: ‘Elemental, querida Salander’). Porque ¿cuántos nórdicos eran conocidos y leídos en España antes de Larsson? La Pipi Langstrum de Astrid Lindgren marcó (más en televisión que en papel) a los niños de los 70; los cuentos de Hans Christian Andersen son clásicos de ayer y hoy. Henning Mankell ha sido durante años autor de referencia en novela negra. Y Jostein Gaarder se coló en las listas de más vendidos en los 90 con su clase magistral de Filosofía para todos los públicos de ‘El mundo de Sofía’. El noruego Henrik Ibsen (‘Casa de muñecas’), la danesa Isak Dinesen (seudónimo de Karen Blixen, conocida por ‘Memorias de África’ y autora de ‘Carnaval y otros cuentos’) y el finlandés Mika Waltari (‘Sinuhé el egipcio’) pueden completar la corta lista de nórdicos conocidos hasta hace poco por el público medio español.

Camilla Läckberg (‘La princesa de hielo’), Jens Lapidus (‘Trilogía negra de Estocolmo’) y Äsa Larsson (‘Aurora boreal’) han triunfado al tiempo que Stieg Larsson, aunque con cifras mucho más modestas. Los lectores más iniciados ya conocen al matrimonio Maj Sjöwall y Per Wahlöö, dos nombres de culto en la literatura negra, ‘padres’ de Mankell y Larsson (‘Rosseanna’, ‘El policía que ríe’ y ‘El hombre que se esfumó’ son las tres principales obras de las 10 protagonizadas por el inspector Martin Beck, en la colección Serie Negra de RBA). Arnaldur Indridason (‘La mujer de verde’, ‘Las marismas’, ‘La voz’), Jo Nesbø (‘Némesis’ y ‘Petirrojo’) y Håkan Nesser (‘La mujer del lunar’) son los otros tres grandes maestros de esta colección policiaca ‘5 estrellas’, que con estos cuatro autores ha vendido más de 245.000 ejemplares.

Si aún no se había sumergido en el género, ya tiene una buena lista para empezar. Y con las novedades que se presenten en esta Feria, tendrá aún más, porque unos 25 autores escandinavos vendrán al Retiro a presentar sus respetos al lector español. Suma de Letras trae a España ‘Dinamita’, de la sueca Liza Marklund (Mankell la presenta como «una fuera de serie»), el primer título de una serie que ha sido número uno en los países nórdicos y que ha vendido más de 9 millones de libros en todo el mundo. Destino aspira a seguir vendiendo más ejemplares de ‘Millennium’, y lanza a otro sueco, Arne Dahl, ‘bestseller’ en su país y aclamado por la crítica del norte de Europa, que entra en España con ‘Misterioso’, primera novela de una serie que se venderá sola si este primer volumen cuaja en el mercado. Y Mondadori quiere sorprendernos con Johan Theorin y ‘La hora de las sombras’, primer volumen de la tetralogía ‘El cuarteto de Öland’, que está arrasando en Suecia.

La novela negra sigue siendo la estrella, aunque Diego Moreno, fundador de Nórdica Libros, cree que esta Feria «acercará al público otros autores nórdicos no policiacos», porque esta literatura, negra o no, tiene «un estilo muy directo, la manera de contar es precisa y muy sencilla, no hay nada superfluo, y llega muy bien al lector». ‘La casa del mirador ciego’ (Herbjørg Wassmo) y la antología poética ‘El cielo a medio hacer’ (Tomas Tranströmer) son sus principales apuestas.

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