¿Quién fue el niño del gueto?

La imagen del Gueto de Varsovia de 1943. | US Holocaust MemorialLa imagen del Gueto de Varsovia de 1943. | US Holocaust Memorial

  • Un libro disecciona la imagen más simbólica del Holocausto judío…Pero no consigue identificar a su protagonista principal

Sal Emergui | Jerusalén

La imagen del niño del gueto de Varsovia, apuntado con un fusil, las manos en alto y la cara aterrorizada, retrata no sólo un momento ordinario del Holocausto; retrata la extraordinaria crueldad nazi aunque no se vea ni una gota de sangre. La imagen vale más que mil palabras; vale años de investigación sobre la maquinaria asesina del Tercer Reich y sobre la angustia de los protagonistas de la foto-símbolo.

En otras palabras, ¿qué ha sido de ese niño? ¿Sobrevivió? ¿Qué pasa con las dos presas judías en primer plano y los tres soldados alemanes a su alrededor?

Preguntas que se hizo Dan Porat, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén y especialista en la Shoa. La imagen del niño se convirtió en su obsesión. En una visita en el 2004 al Yad Vashem de Jerusalén, donde se honra y homenajea a las víctimas del Holocausto, Porat escuchó a un guía explicar que “el niño sobrevivió, estudió Medicina, se convirtió en doctor en Nueva York; hace un año emigró a Israel”.

El profesor escuchó sobrecogido. Deseaba creer ese relato para dar un nombre y apellidos a la estampa. Una historia a la cara del niño. Una biografia a la que apoyarse. Quizá, también, como lección de superviviencia al horror. Pero necesitaba algo más que palabras para calmar su curiosidad académica y personal. Conectado a los asustados ojos del niño encerrado en el infierno de 1943, Porat decidió investigar hasta el último rincón de la foto. El resultado es su obra ‘El niño: una historia del Holocausto’ (en otoño, La Esfera de los Libros lo publicará en España), donde sigue e intenta recomponer las piezas del demoledor puzzle visual.

Muchos supervivientes han dicho que son o creen ser el niño de la foto”, comenta Porat que confiesa con tristeza que no ha podido dar con su auténtica identidad. Tampoco confirmar si sobrevivió o, por el contrario, fue asesinado como el millón y medio de niños judíos en los campos de exterminio nazis.

En su trabajo, el profesor pone en duda la teoria más extendida, según la cual el niño es el doctor Tsvi Nussbaum, que hace 31 años afirmó que creía ser el protagonista de la foto. Según él, la imagen se tomó en Varsovia en julio de 1943. Sus padres habían sido asesinados antes en la localidad polaca de Sandomierz, a 125 kilómetros. Porat cree que Nussbaum se confunde. En primer lugar, sostiene el profesor, Nusbaum no estuvo en el gueto en el momento de la sublevación y posterior represión. El crío estaba refugiado con sus tíos en Varsovia pero fuera del gueto. Décadas después, Nusbaum recordó un momento de su infancia en el que fue apuntado por un militar nazi como ocurre en la fotografía. Escenas así se produjeron miles de veces sin que nunca llegaran al objetivo de una cámara.

Porat indica en su libro que si la versión Nussmbaum fuera cierta y la foto hubiera sido tomada en verano, no se entiende por qué las personas fotografiadas iban vestidas con ropa de invierno. Y otra pregunta: ¿Cómo pudo ser en julio si la imagen fue entregada el 2 de junio en un informe especial al jefe de los SS, Heinrich Himmler?

Más fácil parece reconocer la identidad del militar nazi que apunta al niño con su arma. Se trata de Josef Blosche, apodado en el gueto judío como ‘Frankenstein‘ por su extraña y cruel afición (no tan extraña en esos años) de disparar a niños y mujeres judías embarazadas.

La imagen fue tomada, seguramente, por Franz Konrad, un oficial nazi nacido en Austria y apodado ‘el Rey del Gueto’, con todo el significado negativo que uno puede imaginar. Como muchas de sus fotos, quedó registrada en el llamado ‘Informe Stroop’ en honor a su autor, el oficial Juergen Stroop. Encargado de aplastar el gueto en la primavera del 43, Stroop ordenó incendiarlo después. Hecho el trabajo, el oficial escribió unas palabras famosas e infames: “El barrio judío de Varsovia ya no existe”.

En la búsqueda del niño judío, Porat se encontró con las tres figuras del lado oscuro: El fotógrafo, el oficial y el soldado. Los tres fueron llevados posteriormente a un tribunal y ejecutados por sus crímenes.

Unos crímenes documentados en millones de papeles, datos, diarios, cartas, testimonios, libros, vestimentas, restos de zapatos, películas y fotos. Aunque pocos objetos tienen la fuerza que irradia la impotencia del niño del gueto de Varsovia. Una imagen vale seis millones de víctimas.

Dashiell Hammett, El Padre de la novela negra

[foto de la noticia]

Efe | Madrid

Una gabardina, tabaco, alcohol, desencanto y un inquebrantable código moral, que no necesariamente coincide con el de la sociedad, son los atributos con los que Dashiell Hammett, de cuya muerte se cumplen 50 años, vistió al detective Sam Spade en ‘El halcón maltés’ e inventó de paso la novela negra.

El 10 de enero de 1961, Hammett moría en su Estados Unidos natal. En su haber tenía dos guerras, un valiente compromiso con la izquierda política a pesar de su paso por la mítica agencia de detectives Pinkerton -germen del FBI- y una mala salud de hierro macerada en alcohol pero, sobre todo, cinco novelas y dos libros de relatos con los que sentó las bases de un nuevo género.

El nacimiento de la novela negra

Antes de Hammet, existía la novela policíaca, aquella que cultivaron Edgar Allan Poe o Agatha Christie, de detectives desdeñosos con ayudante algo bobalicón que desprecian a la policía y cuya mente prodigiosa se revela capaz de desentrañar los más retorcidos crímenes.

“En cambio, el detective de negra suele ser un tipo solitario, desengañado, y ese modelo lo inventó Hammett con Sam Spade. Le metió músculo a la novela policiaca y la convirtió en un testimonio social“, afirma el escritor David Torres, merecedor en 2008 del premio Dashiell Hammett que otorga la Asociación Internacional de Escritores de Novela Policíaca.

Para Torres, Spade es el detective por excelencia, y el resto, “variaciones más o menos afortunadas” de este personaje “más filósofo que policía”, que se mueve en las tinieblas, que ha de decidir constantemente entre el bien y el mal hasta el punto de entregar a la justicia a la mujer que ama.

Un código moral de caballero andante, quizá espejo del propio Hammett, a quien su negativa de delatar a supuestos militantes comunistas le valió unos meses de cárcel en 1951. “Un hombre debe mantener su palabra”, dijo la noche antes de ocupar su celda, según relata Diane Johnson en su biografía del autor.

La aparición de semejante personalidad no escapó al séptimo arte, y en 1941 Humphrey Bogart se enfundó la gabardina de Spade en ‘El Halcón Maltés’ bajo las órdenes de John Houston. Si Hammett fue el padre de la novela negra, con esta película Houston fue, sin duda, el del cine negro.

Las miserias de la sociedad y el alma humana

Hammett inventó también un nuevo lenguaje: diálogos que son todo aristas, cortantes y secos -“echan chispas”, dice Torres- mientras su protagonista patea las calles a trompicones, de charco en charco, para encontrar a un criminal a la vez que descubre “que en realidad es la sociedad la que está podrida”.

Y es que fue el escritor quien, como recuerda Torres, inició una “larga y compleja estirpe de escritores que usaron el género negro no tanto para resolver un misterio como para descubrir la podredumbre del entramado social y las miserias del alma humana“.

Porque Dashiell Hammet desconfiaba de su sociedad, como escribió en su panegírico la dramaturga Lillian Hellmann, con la que mantuvo una relación extramatrimonial de varias décadas: “No pensaba bien, tal como ya sabéis, de la sociedad en que vivimos, pero incluso cuando ella lo castigó no se quejó, y no le tenía miedo al castigo”.

Creía en el derecho del hombre a la dignidad y jamás, durante toda su vida, jugó a otro juego que al suyo propio: nunca mintió, nunca fingió, nunca se rebajó”, leyó Hellmann en el funeral de “Dash”.

Además, pese a que despreciaba profundamente la violencia, fue quien la introdujo explícitamente en la literatura criminal, donde hasta entonces aparecía velada, sugerida.

Hammett dejó un legado que va mucho más allá de ‘El Halcón Maltés’: creó al “agente de la Continental”, protagonista de ‘Cosecha Roja’ y de varios relatos, a la pareja formada por Nick y Nora Charles (‘El hombre delgado’) y al detective Ned Beaumont de ‘La llave de cristal’.

Desde 1934 a su muerte no volvió a publicar nada memorable. O como diría Josephine Hammett en la biografía que escribió sobre su padre, “no dejó de escribir, no hasta el final de su vida, lo que dejó de hacer fue acabar lo que escribía”.

Dostoievski periodista en Español

Se publica por primera vez en castellano el diario completo del escritor ruso, en el que se revela como creador de opinión y ensayista.

Dostoievski, además de ser uno de los grandes nombres de la literatura universal y un analista del alma humana, fue un agudo periodista, creador de opinión y ensayista, como refleja su “Diario de un escritor”, que ahora por primera vez se publica completo en castellano y en un solo tomo.
 

Fiódor Dostoievski
EFE
Por primera vez se publica en castellano el Diario completo de Dostoievski
Un monumental libro de más de 1.600 páginas publicado por Páginas de Espuma -con edición de Paul Viejo, experto en literatura rusa y que ha trabajado con tres traductores- que incluye más de un tercio de material inédito. El libro saldrá a las calle el 8 de noviembre en España y México simultáneamente.
Esta ambiciosa publicación, en la que los editores han invertido más de tres años de trabajo y que se basa en la edición rusa de 2005 de “Diario de un escritor”, publicada en tres tomos, reúne además en una sola pieza la obra periodística: artículos, crónicas, críticas y demás escritos que el autor de “Crimen y Castigo” firmó antes de que en 1847 se publicara este famoso diario, y los posteriores a esa fecha, junto con una amplia selección de sus cuadernos de notas.
Legado intelectual
Un legado intelectual que pone en presente la honda y crítica mirada de un Dostoievski siempre preocupado por la moral del escritor y la defensa de la libertad, y que escribía y publicaba sus reflexiones a modo de trabajo periodístico. Primero lo hizo en 1873, cuando ya era un escritor ampliamente conocido y fue nombrado director de la revista “El Ciudadano”, donde comentaba y denunciaba la injusticias y los acontecimientos de la Rusia del XIX.
Un año después, y por desavenencias con el dueño de la revista, interrumpió sus escritos y en 1976 fue él mismo quien financió un cuadernillo especial que editaba cada mes y en el que plasmaba sus pensamientos y opiniones sobre política europea, comentaba aspectos cotidianos o desarrollaba la critica literaria, como la que escribió dedicada a Anna Karenina. Así lo pone de manifiesto Paul Viejo en el extenso prólogo de este volumen.
Un libro como muchas aristas, como recuerda el director de “Páginas de Espuma”, Juan Casamayor, que advierte de que este monumental volumen es fundamental para la comprensión de la historia más reciente de Rusia. Así, este gran escritor que buceó en las profundidades del corazón, en opinión de Casamayor, entroncaría con los creadores de los actuales blogs y la nuevas tecnologías, ya que el ruso ponía su pensamiento al alcance del lector de forma inmediata.

Herta Müller ‘Cada frase es una obra de arte’

Herta Müller, hoy, en Madrid. | EfeHerta Müller, hoy, en Madrid. | Efe

  • La premio Nobel presenta ‘Todo lo que tengo lo llevo conmigo’

Emma Rodríguez | Madrid

Herta Müller es menuda, viste sobriamente de negro y mantiene las distancias con quienes la acribillan a preguntas y quieren saber cuáles son las razones que la llevan a escribir, cuáles son las interpretaciones que se ocultan detrás de lo que cuenta. “Lo que quiero decir es lo que pongo en mis novelas. No hay más. Muchas veces lo que escribo es sobreinterpretado y no siemrpe es una suerte que sea así”, señala.

La escritora rumana, Premio Nobel de Literatura 2009, ha venido a España para presentar ‘Todo lo que tengo lo llevo conmigo’ (Siruela), título que hace referencia al mínimo equipaje del protagonista, un joven de 17 años que abandona su pueblo después de la II Guerra Mundial camino de un campo de trabajo en la Unión Soviética, cargando su maleta con sus pocas posesiones, con todo aquello que cree que puede hacerle falta.

“Todos nos rodeamos de más cosas de las que necesitamos, pero no es esa idea la que late en el fondo de la novela. Aquí hablo de la gente que sufrió la deportación, de los desposeídos de todo, incluso de la propia vida”. Estas palabras de la escritora rumana bastan para apresar lo que consigue con su novela: hacer que el lector viaje al interior de una pesadilla que fue realidad.

La escritora lo sabe bien. Su propia madre formó parte de la minoría alemana de Rumanía, castigada por colaborar con los nazis a trabajar para reconstruir la diezmada Unión Soviética. La biografía de esta mujer se levanta sobre durísimos pilares, de ahí la fuerza de su mirada, la brecha que es capaz de abrir en la realidad con una prosa de aliento poético.

Cada frase es una obra de arte“, declara Müller, quien con esta novela rinde homenaje a su amigo el poeta Oskar Pastior, quien fue el que le proporcionó todos los detalles, quien la hizo sentir lo que significa sentir cerca la humillación y “el ángel del hambre”, expresión que él utilizaba para hablarle de la experiencia.

La identidad es importante en la obra de quien se ha movido en dos realidades y en dos lenguas, la alemana y la rumana, pero la escritora le quita importancia. “Todos venimos de algún sitio, es cierto, pero a mí no me gusta reflexionar sobre ello. Hablar de la identidad es más propio de los políticos. La identidad es algo que cambia constantemente. Yo no me reconozco en las fotos de la infancia ni me parezco a la chica pelirroja de mis 20 años”, asegura con una inmensa sonrisa que quita gravedad a los pasadizos negros de su obra.

Las revoluciones de Independencia como revoluciones políticas por Carlos Malamud

Victoria de Boíivar en la batalla de Carabobo, obra de Arturo Michelena

Se cumplen doscientos años de la independencia de la América española, acontecimiento capital que abrió el acceso a la modernidad de una galaxia de nuevas naciones. Una brillante Junta Autónoma de historiadores y americanistas ilumina hoy en las páginas de El Cultural aquel proceso insurreccional cuajado de guerras y violencias, así como su resonante eco en el presente: Carlos Malamud apunta el carácter político de la revoluciones americanas; Ramón María Serrera analiza su configuración territorial; Luis Ribot da cuenta de su contexto temporal; Carlos Martínez Shaw destaca su perfile ilustrado, y Javier Fernández Sebastián revisita sus mitos y metáforas. Y tres momentos fugaces para la creación: los microrrelatos de Alberto Ruy Sánchez, Óscar Collazos y Alonso Cueto.

En la terminología utilizada por los contemporáneos era frecuente referirse a los procesos de independencia como “revoluciones”. Fue tal el impacto del nombre que tanto los histo- riadores del siglo XIX, aquéllos que forjaron la identidad nacional de sus respectivos países, como los del XX siguieron hablando de revoluciones, como fue el caso de John Lynch o Alberto Flores Galindo, entre otros. Sin embargo, de tanto hablarse de revoluciones nadie se paraba a definir qué era lo que se quería decir. A la vista de lo ocurrido en los primeros años del siglo XIX en lo que habían sido las distintas colonias españolas de América está claro que no se produjeron ni revoluciones sociales ni económicas. Desde un punto de vista social no se encuentran rupturas importantes del orden establecido, por más que en las guerras de independencia y en las guerras civiles posteriores nos hubiéramos enfrentado con sucesos de inversión social. Es verdad que con el ánimo de reclutar soldados para los ejércitos los dirigentes de los bandos en lucha prometieron y otorgaron beneficios para los indígenas, esclavos negros y campesinos, pero nada de todo ello afectó los cimientos sociales.

Desde un punto de vista económico, las estructuras productivas se mantuvieron inalteradas, aunque en numerosos lugares del continente los enfrentamientos bélicos hubieran producido importantes destrozos en campos de labranza, yacimientos mineros o talleres artesanales. Sin embargo, en poco tiempo las cosas volvieron a la normalidad y la agricultura siguió siendo central en todas las economías regionales. Si a corto plazo la independencia supuso la interrupción de las rutas de comercio atlántico con España, aunque no con Europa, a medio plazo los circuitos interregionales se vieron más afectados, pero sin producir cambios radicales.

De modo que la única posibilidad que resta es definir a las revoluciones de independencia como revoluciones políticas. Se puede hablar de ese modo por cuanto la ruptura del orden colonial introdujo dos cambios fundamentales y profundos, con notables repercusiones para el futuro de los países que surgieron a partir de aquel entonces. Por un lado, el paso de súbditos a ciudadanos; por el otro, el de monarquía a repúblicas.

La monarquía absoluta imperante en España estaba también presente en América. La soberanía descansaba en el monarca y era él, o las autoridades que encarnaban su poder, quien tomaba las decisiones y disponía del destino de sus súbditos. La ruptura del orden colonial permitió el surgimiento de nuevas repúblicas. Fue en ellas precisamente donde los súbditos dejaron de ser tales para convertirse en ciudadanos. Y si en el Antiguo Régimen la sociedad se ordenaba a partir de las corporaciones, en las nuevas repúblicas llegó la hora de los individuos. Fueron ellos los titulares de la soberanía y fueron ellos los responsables de elegir a sus representantes y a sus autoridades por un período limitado de tiempo, no por toda la vida, como ocurría con los reyes.

Contradicciones, marchas y contramarchas
El proceso de construcción de la ciudadanía no se produjo de la noche a la mañana, ha estado lleno de contradicciones, de marchas y contramarchas y ha tomado demasiado tiempo. En algunos países de América Latina todavía se está completando, como se puede ver con la incorporación plena de los indígenas a la vida política. Sin embargo, ese proceso es el que lleva a hablar de elecciones, de parlamentos, de libertades y derechos, de democracia en definitiva. Téngase en cuenta que en América Latina se comenzó a votar cuando el derecho al voto era practicado en muy pocos países del planeta.

Los bicentenarios de las independencias han llevado a que estemos asistiendo a importantes debates historiográficos sobre el pasado nacional, aunque lo grave es que en algunos casos, y alentado por algunos gobiernos, se estén produciendo falsificaciones de peso, que llevan forzosamente a una reescritura de la historia con fines políticos. De ahí la importancia de insistir en los valores republicanos y en señalar la vieja filiación democrática de las repúblicas latinoamericanas. Por eso, resulta conveniente señalar frente a aquellas corrientes revisionistas que tienden a rechazar a la democracia como algo ajeno a las culturas y a las raíces históricas latinoamericanas, que su presencia en la región es tan antigua como las repúblicas. Y si el republicanismo es un valor que nadie se atreve a condenar es justo hacer lo mismo con la democracia representativa.

Carlos MALAMUD

Ray Loriga rinde homenaje al oficio de escribir

Ray Loriga. | EfeRay Loriga. | Efe

  • ‘Uno no escribe para ser humilde. Uno escribe para ser un buen escritor’

Lucía González | Madrid

Mientras prepara su octava novela, Ray Loriga (Madrid, 1967) ha querido reflexionar sobre lo que ha leído y escrito, analizando sus referentes, la forma de construir ficción a partir de la realidad y de la visión del escritor. ‘Sombrero y Mississippi’ (El Aleph Ediciones) es una especie de ensayo –“un diario de impresiones”, según el autor- que reflexiona sobre “las deudas contraídas” con sus autores de referencia.

No da pistas sobre la novela que espera publicar en 2001. “No me gusta hablar de los libros cuando están a la mitad, porque me da la sensación de que me quita la posibilidad de girar cuando quiera”. Pero a partir de sus reflexiones sobre literatura (“casi todo lo que soy y no soy se lo debo a ella”), Loriga -que se dio a conocer con tan sólo 25 años con la novela ‘Lo peor de todo’ y es también guionista y director de cine – aborda varias cuestiones que forman parte de un oficio que desmitifica.

  • LECTURA
  • “A escribir se empieza leyendo, se sigue leyendo y se acaba leyendo. Los escritores releemos mucho. Llega una edad en que uno vuelve a las lecturas primeras y a las que más te impresionaron a lo largo de los años. Vuelven con 15 o 20 años de distancia y con una visión fresca y diferente de tu experiencia como lector. Hay algunos que ahora se han convertido en un pozo que se ha secado y otros todo lo contrario. Pero no se trata de un juicio crítico, sino de la función que esos libros tienen en tu propio trabajo. Así como Proust cada vez es un descubrimiento más grande, los hay como Henry Miller que me gustaron mucho de jovencito y que ahora no les encuentro un acomodo en mi propio trabajo”

  • LA CRÍTICA
  • “No me siento en absoluto maltratado por la crítica, pero hay una parte de la que leo que no me gusta. Una que no es tanto de crítica, sino casi de cotilleo o banalidad. Hace poco me hicieron una entrevista que empezaba hablando de un semblante fumando sin parar y con gafas de sol. Luego recordé que fue en el [hotel] Palace, y allí está prohibido fumar. Y no llevaba las gafas porque estábamos dentro de un salón. Respecto a las etiquetas, las hay muy reduccionistas y veo que también se caen solas, como un pegamento que no fija bien”

  • INFLUENCIAS
  • “La palabra influencia es un poco ajena al propio trabajo de escritor. Uno utiliza herramientas diferentes que ha descubierto en manos de otro. Por ejemplo, cuando uno está dialogando tiene en la cabeza una serie de escritores que han dialogado de la manera que a ti te interesa para ese libro en concreto”

  • EL OFICIO
  • “Es un oficio más. De lo que hablo en el libro es que más alla del logro puntual de cada uno de nosotros, todos funcionamos más como carpinteros en un taller. No hay tantos elementos mágicos ni misteriosos, lo que no quiere decir que sea menos apasionante”

  • LA RUTINA
  • “Casi todos los escritores somos muy metódicos porque no hay otra manera. Hay que tener una rutina bastante rigurosa. La única diferencia es puntual, en cuanto a tu vida. Cuando no tienes hijos a lo mejor escribes de noche. Pero quitando los cambios de horarios en lo esencial el trabajo no cambia”

  • LA MOTIVACIÓN
  • “Mi motivación para escribir no ha cambiado, pero con los años se produce un efecto curioso. Cuando empiezas tan joven como hice yo, eres más insconsciente de la propia dificultad de tu oficio. Con la edad vas, por un lado, cogiendo confianza en tus propias herramientas y habilidades y, por otro, te vas preocupando más. Cada vez eres más consciente de la dificultad que entraña este trabajo. Pierdes por un lado y ganas por otro”

  • EL EGO
  • “Uno no escribe para ser humilde. Uno escribe para ser un buen escritor. Y hay que tener esa aspiración. Otra cosa es que se consiga o no”

    ¿Qué es escribir?


    ManosMorrison01

    “¿Sabéis lo que es escribir? Una antigua y muy vaga, pero celosa práctica, cuyo sentido yace en el misterio del corazón”, fueron las palabras de Stéphane Mallarmé para referirse a la seducción de la escritura sobre algunas personas.

    ¿Y qué es la literatura? preguntaron a Toni Morrison (cuya mano ilustra este post): “Un refugio, un lugar donde todo puede ocurrir, donde se puede reaccionar con violencia o sublimidad, donde es bueno sentir melancolía o temor, o incluso fracasar, o equivocarse, o amar a alguien, o desear algo profundamente, y no llamarlo por otro nombre, no sentir vergüenza por ello. Es un lugar para sentir profundamente”.

    Durante estas fechas previas al Día del Libro, 23 de abril, sólo voy a a escribir algunos de los secretos de grandes escritores sobre su relación con la literatura y que han quedado a lo largo de la historia. Las fotografías de manos que acompañarán al post serán de Kim Manresa y pertenecen al libro Rebeldía de Nobel (El Aleph) que ilustran las entrevistas que realizó el periodista Xavi Ayén a 16 premios Nobel.

    José Emilio Pacheco Ganador del Premio Cervantes

    Poema ‘Prehistoria’, de José Emilio Pacheco, incluido en ‘Tarde o temprano’

    José Emilio Pacheco

    “Yo pensaba que esto sólo les pasaba a los actores”, dijo esta mañana el mexicano José Emilio Pacheco al ver la nube de fotógrafos que le recibió en el auditorio del Ministerio de Cultura. Entró acompañado de la titular de la casa, Ángeles González-Sinde, para participar en un encuentro en el que hubo preguntas de la prensa, lectura de poemas a cargo del último Premio Cervantes y charla distendida y de altura entre el galardonado, la ministra y el presentador del acto, Ignacio Elguero, poeta y director de Radio Nacional. Pacheco empezó anunciando que no tenía mucho que decir pero terminó hablando de todo: de sus libros más recientes –Tarde o temprano, que reúne su poesía completa, y la novela corta Las batallas en el desierto (ambos en Tusquets)-, de su abuela, de su preocupación por la violencia en México y por la salud de sus amigos Sergio Pitol y Carlos Monsiváis. También de su admiración por Miguel Delibes: “La literatura sirve para imaginar las vidas que no vivimos. Admiro mucho a Delibes. Sólo una adversidad: él era cazador y yo, anti-caza. Pero la belleza de su escritura hace que uno venza los prejuicios”. Así, poco a poco fue desgranando algunas de las claves de una obra que le valió el premio más importante de las letras en español. El próximo viernes se le entregarán los Reyes en Alcalá de Henares.

    Poeta no es una profesión. “Que alguien escriba poesía es un absoluto misterio porque todo está en contra. Cuando uno tiene 14 años tiene tanta vergüenza de escribir que no se atreve a decírselo a sus compañeros de clase. Luego tampoco puede. No parece serio. Una vez al hacerme un carnet dije que era escritor y la funcionaria me dijo: “¡Eso no es profesión!” Y puso: “Trabaja por su cuenta”.

    Privilegios y esperanzas. “No quiero quejarme y decir que la situación de la poesía es terrible porque miren todos estos privilegios que tengo ahora. Pero la verdad es que, usando un verbo tecnocrático que detesto, esto no estaba contemplado. Cuando empecé a escribir no pensaba en publicar en Tusquets, ni en recibir el premio Reina Sofía, ni el Cervantes. Por eso actuaba con gran libertad, porque no tenía ninguna esperanza más que la de seguir escribiendo”.

    Enemigo de sí mismo. “Ya somos todo aquello / contra lo que luchamos a los 20 años”. Mucha gente me ha recordado ahora, sí, estos versos del poema Antiguos compañeros se reúnen. Por suerte nunca satanicé los premios literarios”.

    Discurso secreto. “¿Que qué puedo avanzar del discurso del viernes? ¡Nada! Llevo seis meses repitiendo las mismas cosas. Agradezco la atención, pero si digo algo es que no lo voy a escribir. Nabokov decía: “Si hablo soy un niño de siete año. Si escribo, soy un gran autor”. Tenía razón. Yo necesito ver lo que escribo, para corregir. Y hablando no le puedes decir a la gente: “Borra eso, que te lo digo mejor”.

    Los 15 minutos de Andy Warhol. “Me temo que a la edad que tengo voy a tener que guardar el dinero del Cervantes para gastos de hospital. Veo enfermo a mi amigo Carlos Monsiváis y me doy cuenta de que ese es mi porvenir inmediato. Ojalá se recupere pronto. Sin Monsiváis no se entiende la cultura mexicana de los últimos 50 años. A mí, me llegaron los 15 minutos de fama de los que hablaba Andy Warhol, pero me llegaron a un cuarto para las 12. O sea, que tengo un cuarto de hora de provecho”.

    Versos para el teléfono móvil. “Yo ya no pertenezco al mundo de ustedes, llego tarde, con la tecnología es como tratar de aprender un idioma de mayor: puedes hablarlo, pero siempre con acento. No obstante, los nuevos medios pueden ayudar a propagar un género breve como la poesía. Hasta el móvil puede ser un instrumento de poesía. Pero no perdamos de vista la obsolescencia de los aparatos. Todavía recuerdo cómo hace 20 años me quedé asombrado al ver salir un fax del teléfono. Hoy es tan antiguo como una locomotora de vapor”.

    Desastre de mundo. “¿Cómo veo el mundo de hoy? ¡Desastroso! Cuando a finales del año pasado publiqué el libro de poemas Como la lluvia [editado en España por Visor] mucha gente me dijo que era muy pesimista, pero si uno mira todo lo que ha pasado en este trimestre -los terremotos de Haití y Chile, la violencia de México…- se da cuenta de que todo lo escribí parece de color de rosa, cosas de un optimista absoluto. Alguna vez dije que el siglo XX se podía situar entre un título de Dickens y otro de Balzac, entre grandes esperanzas y las ilusiones perdidas”.

    México: la eterna violencia. “La nube de ceniza que se cierne sobre Europa me tuvo sin saber si podría venir, pero eso no es nada al lado de la violencia que sufre México. Lo terrible es que va ocupando hasta los oasis. Piensen en Cuernavaca, un lugar al que la gente iba a descansar. Siempre se decía que era la ciudad de la eterna primavera. Hoy se dice que es la ciudad de la eterna balacera. Se ha vuelto tan terrible como Ciudad Juárez”.

    Poesía para los sicarios. “No creo haber influido en la historia de la literatura mexicana. En la sociedad, seguro que no, aunque me hubiera gustado escribir un poema que sirviera para parar la violencia. La sensibilidad por la poesía, como por la música, se tiene o no se tiene. Yo conozco a grandes intelectuales que no la tienen, pero cuando fui al festival de poesía se Medellín, en Colombia, me llevaron, primero a un estadio con 12.000 personas y luego, a una escuela secundaria en la que los chicos eran sicarios (deben de estar todos muertos), y tenían una gran sensibilidad poética. ¿Una definición de poesía? No tengo, lo siento. Yo escribo porque me pasa algo. Un epigrama griego dice que la poesía es pintura que habla y la pintura, poesía del silencio. Antes decía yo que todo conspira contra ella, pero la poesía está en el propio lenguaje. Basta pensar en lo que preguntan los niños. Cosas como: ¿A dónde van los días que pasan?” La pregunta quedó ahí, flotando, sólo la ministra de cultura aventuró una respuesta: “A la poesía de José Emilio Pacheco”.

    Secretos de la literatura

    Por: Winston Manrique Sabogal

    ManosMorrison01

    “¿Sabéis lo que es escribir? Una antigua y muy vaga, pero celosa práctica, cuyo sentido yace en el misterio del corazón”, fueron las palabras de Stéphane Mallarmé para referirse a la seducción de la escritura sobre algunas personas.

    ¿Y qué es la literatura? preguntaron a Toni Morrison (cuya mano ilustra este post): “Un refugio, un lugar donde todo puede ocurrir, donde se puede reaccionar con violencia o sublimidad, donde es bueno sentir melancolía o temor, o incluso fracasar, o equivocarse, o amar a alguien, o desear algo profundamente, y no llamarlo por otro nombre, no sentir vergüenza por ello. Es un lugar para sentir profundamente”.

    Durante estas fechas previas al Día del Libro, 23 de abril, sólo voy a a escribir algunos de los secretos de grandes escritores sobre su relación con la literatura y que han quedado a lo largo de la historia. Las fotografías de manos que acompañarán al post serán de Kim Manresa y pertenecen al libro Rebeldía de Nobel (El Aleph) que ilustran las entrevistas que realizó el periodista Xavi Ayén 16 premios Nobel.

    Una despedida sentida y pausada para Miguel Delibes


    La llegada

    Valladolid, la ciudad que hace 89 años vio nacer a Miguel Delibes, fallecido este viernes, se ha volcado para despedir a uno de sus más ilustres hijos. Desde primera hora los trabajadores del Ayuntamiento colgaron los carteles in memorian por las calles de la localidad castellana. Sol, frío y el recuerdo a Miguel Delibes. Alrededor de 15.000 personas se acercaron al Ayuntamiento para dar su último adiós al escritor en la capilla ardiente instalada en el Ayutamiento, que cerró sus puertas a las 22.30 horas. Las colas cruzaban de parte a parte la Plaza Mayor de la localidad.

    La capilla ardiente había quedado instalada en la Casa Consistorial desde el medidodía. Allí quedará hasta que este sábado el féretro sea conducido a las 12.00 a la catedral, donde se celebrará, media hora después, la misa de funeral. Tras el oficio religioso se procederá a la cremación del novelista y tendrán lugar actos familiares. Delibes será enterrado en el Panteón de Hombres Ilustres del cementerio de Valladolid, junto a Rosa Chacel y José Zorrilla, siempre que se cumpla la condición que en su día puso el literato (que los restos mortales de su mujer, Ángeles de Castro, fallecida en 1974, sean trasladados al mismo lugar).

    Con admirable contención castellana, la despedida al escritor por parte de su pueblo, el de Valladolid, ha sido tan sentida como pausada. Desde primera hora centenares de ciudadanos han esperado a que el Ayuntamiento abriera las puertas de una capilla ardiente por la que a lo largo de la mañana han pasado las actrices Concha Velasco y Lola Herrera, el cantautor Amancio Prada, la ministra de Cultura, Ángeles González Sinde, la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, y el actorManuel Galiana.

    La ministra ha lamentado que Delibes hubiese fallecido sin los honores del Nobel de Literatura, mientras Lola Herrera repetía que no hay palabras para calificar lo que supuso para ella interpretar Cinco horas con Mario. Al mediodía las puertas se han cerrado hasta que, pasadas las cuatro de la tarde, y ante una nueva cola que cruzaba la plaza, han vuelto las despedidas. La dirigente del PP Soraya Sáenz de Santamaría, el ex presidente castellano-leonés Juan José Lucas y el escritor Gustavo Martín Garzo son algunos de los rostros que se han podido ver.

    A la Casa Consistorial han llegado más de un centenar de ramos de flores y coronas, como las enviadas por los Reyes y los Príncipes de Asturias, de la Junta, de la RAE, de la Universidad de Valladolid, del Ayuntamiento de Sedano (Burgos) o de la Cámara de Comercio de Valladolid, informa Efe. En un principio el Consistorio había habilitado tres libros de firmas para recoger las condolencias y pensamientos de los ciudadanos, pero la masiva afluencia de personas ha obligado a duplicar los puntos de firma.

    Vea aquí un glosario de términos utilizados por Miguel Delibes en sus escritos | Los blogueros de EL PAÍS despiden a Miguel Delibes.

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