Tomas Tranströmer, premio Nobel de Literatura

Nacido en Estocolmo en 1931, es también conocido por su labor como traductor.- La Academia sueca le premia por sus “imágenes condensadas y translúcidas”, que dan “acceso fresco a la realidad”

El poeta sueco Tomas Tranströmer es el ganador del Premio Nobel de literatura 2011 “porque, a través de sus imágenes condensadas y translúcidas, nos da un acceso fresco a la realidad”, según el dictamen de la Academia sueca. El sucesor de Mario Vargas Llosa en el galardón más importante de las letras nació en Estocolmo el 15 de abril de 1931 y, además de su obra poética, ha destacado como traductor. EL PAÍS ofrece mañana una entrevista con el premiado. Hoy adelantamos un extracto de esta charla, así como la crítica de su nueva antología Deshielo a mediodía, publicada por Nórdica.

El premiado se ha mostrado “contento” y “emocionado” tras conocer la noticia. “No creía que podía llegar a vivir esto”, ha dicho su mujer, Monica, a medios digitales suecos desde su casa de Estocolmo. Según su esposa, el poeta “se siente cómodo con todas esas personas que vienen a felicitarlo y a fotografiarlo”.

Psicólogo de oficio, Tranströmer sufrió en 1990 un ictus que le paralizó la mitad derecha del cuerpo y le produjo una afasia que le impide hablar, pero no escribir. Ni tocar el piano. De hecho, en la entrevista que mañana publicará EL PAÍS con él da cuenta de su sorpresa al descubrir la cantidad de piezas escritas para la mano izquierda. Uno de los grandes enigmas que rodea su figura procede del hecho de que en 1974 había escrito en su poema Bálticos unos versos que ahora se leen premonitorios: “Entonces llega el derrame cerebral: parálisis en el lado derecho / con afasia, solo comprende frases cortas, dice palabras / inadecuadas”.

El dictamen de la Academia sueca, recibido con júbilo por los periodistas presentes en el acto a las 13.00, habla de Tranströmer como de un gran creador de imágenes y su uso de la metáfora, virtuoso pero riguroso es, en efecto, una de las marcas más personales de su poesía. El galardón está dotado con 10 millones de coronas suecas (1,1 millones de euros).

Traducido a medio centenar de lenguas

La obra del nuevo Nobel, traducida a medio centenar de lenguas, contiene una docena de libros que se extienden entre 1954 (17 poemas) y 2004 (El gran enigma). En España, la editorial Hiperión publicó en 1991 la antología Para vivos y muertos, traducida por Francisco Uriz y Roberto Mascaró. Este último es el artífice de dos completísimas selecciones, publicadas una el año pasado y otra este mismo mes por la editorial Nórdica. Así, a El cielo a medio hacer -que incluía también la breve autobiografía en prosa del premiado- se le acaba de unir Deshielo a mediodía.

“Es una enorme alegría”, ha declarado Mascaró, poeta y traductor uruguayo. “Su poesía demuestra que las lenguas son barreras superables, como queda claro al ver que llega a países como el mío, Uruguay, o a El Salvador, donde estoy ahora en un festival internacional de poesía”. “Siempre he tenido la certeza de que su poesía es universal, aporta a la paz y a la comprensión de las etnias, sobre todo en esta etapa de la humanidad donde estos problemas aún no están superados. Digo esto porque me lo indica el hecho de conocerlo desde hace 30 años, cuando llegué a Suecia y me convertí en su traductor al español. Entonces lo llamé tímidamente por teléfono y me aceptó”, ha agregado Mascaró.

Tranströmer es hijo de una maestra de escuela y de un periodista, en 1956 se licenció en Historia de la Literatura, Psicología e Historia de las Religiones por la Universidad de Estocolmo. Entre los años 1960 y 1966 trabajó como psicólogo en la prisión juvenil de Roxtuna, en las afueras de Linköping, en el sur de Suecia.

El poeta leonés Antonio Colinas ha calificado a Tranströmer de “un gran y auténtico poeta”. “Algunas veces la Academia sueca nos asombra con algún premio provocador o raro, pero Tranströmer tiene una obra muy interesante atravesada por el misterio que se encuentra, en ocasiones, en el lenguaje cotidiano”, ha dicho.

Séptimo sueco nobel

Tranströmer es el séptimo escritor sueco en ganar el premio Nobel. Los últimos fueron, en 1974, Eyvind Johnson y Harry Martinson ex aequo. El poeta sueco estaba en el grupo de favoritos para este año. Le acompañaban en las apuestas el japonés Haruki Murakami, el coreano Ko Un, el estadounidense Philip Roth, el australiano Les Murray, el poeta sirio Adonis e incluso el cantautor Bob Dylan.

Entre los últimos galardonados con el Premio Nobel de Literatura figuran Mario Vargas Llosa, Herta Müller, Jean-Marie Gustave Le Clézio, Doris Lessing, Orhan Pamuk, Harold Pinter, Elfriede Jelinek o John M. Coetze.

Poema ‘Allegro’

Tocó Haydn después de un día negro

y siento un sencillo calor en las manos.

Las teclas quieren. Golpean suaves martillos.

El tono es verde, vivaz y calmo.

El tono dice que hay libertad

y que alguien no paga impuesto al César.

Metro las manos en mis bolsillos Haydn

y finjo ser alguien que ve tranquilamente el mundo.

Izo la bandera Haydn -significa.

“No nos rendimos. Pero queremos paz”.

La música es una casa de cristal en la ladera donde vuelan las piedras, donde las piedras ruedan.

Y ruedan las piedras y la atraviesan

pero cada ventana queda intacta.

Del libro El cielo a medio hacer (1962), incluido en la antología Deshielo a mediodía (Editorial Nórdica). Traducción de Roberto Mascaró.

La obra de un hombre interesado por la música y la naturaleza

La trayectoria poética de Tomas Tranströmer comenzó en 1954, cuando, después de publicar poemas en diferentes revistas, salió a la luz su primer libro, 17 poemas, en el que se notaba su interés por la naturaleza y la música “que caracteriza una gran parte de su producción”, según el comunicado de la Academia sueca. Sus siguientes poemarios Hemligheter pa vägen (Secretos en el camino, 1958), Den halvfärdiga himlen (El cielo a medio hacer, 1962 y traducida al castellano en 2010) y Klanger och spar (Tañidos y Huellas, 1966) le confirmaron como “uno de los principales poetas de su generación”, prosiguió la Academia.

En 1974 escribió Östersjöar (Bálticos), que recoge fragmentos de una historia familiar de Runmarö, una isla del archipiélago de Estocolmo donde su abuelo materno trabajaba como práctico del puerto y donde Tranströmer pasó muchos veranos de niño. Otros recuerdos de su infancia y juventud aparecen en su libro de memorias Minnena ser mig (Poemas selectos y Visión de la Memoria, 1993, traducido al castellano en 2009).

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Vargas Llosa: después del Nobel

El escritor, en la rueda de prensa en Madrid. | AfpEl escritor, en la rueda de prensa en Madrid. | Afp

Luis Alemany | Madrid

Los mismos flashes, los mismos “Oh, es Mario”, la misma mujer (Patricia) que se escabulle, el mismo trato cordial pero muy formal… Y una novela nueva, ‘El sueño del celta’ [Lea un extracto], ya en las librerías. 500.000 ejemplares de primera edición, 22 traducciones encargadas… Los que ya han podido leer sus páginas dicen que parece un ‘crossover’ anglosajón, no muy experimental en las formas.

Así es Mario Vargas Llosa, su vida y su literatura, tras el premio Nobel.

El Nobel

‘Mi sueño es que mis libros se leyeran como yo leí los libros que me cambiaron la vida’

– “El sueño secreto, mío y de todos los escritores, creo, es que mis libros se leyeran como yo leí los libros que me cambiaron la vida. Ese ha sido mi sueño y nunca sabré si se hará realidad”.

– “El Nobel ha sido una sorpresa total, un reconocimiento muy grato, pero mi vida ha cambiado completamente. Una revolución”.

– “Da la sensación de que la gente lo considera muy importante. El acoso periodístico no tiene límite. El departamento en el que estábamos viviendo en Nueva York, por ejemplo, se llenó de gente desconocida para mí. Cómo llegaron allí, no lo sé, pero desde entonces, mis horarios han volado por los aires, duermo dos o tres horas al día, cuando duermo. Pero lo que me tranquiliza es saber que es transitorio. Siento un desequilibrio con el que no me siento cómodo. Pero bueno, no me estoy quejando”.

¿Se apagará su voz tras el premio

– “Ningún peligro. Me encontrará la muerte con la pluma en la mano”.

Su héroe, Roger Casement

‘Casement fue quien le dijo a Leopoldo II que lo de las colonias era mucho peor que el canibalismo’

– “Conocí a Casement a través de Joseph Conrad. Conrad fue lleno de ilusiones a un país que, gracias a la publicidad de bondadoso que se había dado Leopoldo II de Bélgica, se iba a incorporar a la civilización. Y allí se encuentra a Casement que le dice que de eso nada, que la barbarie es mucho peor que antes. Mucho peor que el canibalismo… El efecto que le causa lo que ve es de tal naturaleza que Conrad enferma, cancela su contrato, escapa a Inglaterra y escribe ‘El corazón de las tinieblas’, un libro sobre cómo el hombre civilizado se convierte en un bárbaro”.

– “El caso de Casement es un caso trágico. Fue una de las grandes figuras sociales y una de las más olvidadas. En el Congo, sólo encontré una persona que tuviera una muy vaga idea de quién fue Casement. Y no creo que haya habido una sola persona en Europa que haya hecho tanto contra los crímenes perpetrados en el Congo”.

El nacionalismo

Casement es un héroe antieuropeo y nacionalista, una extrañeza para Vargas Llosa:

‘El nacionalismo Es una plaga que ha llenado de sangre la Historia. Nuestro subdesarrollo en América Latina procede del nacionalismo’

– “Hay un momento en el que el nacionalismo es una valencia positiva: en los países ocupados, víctimas de potencias coloniales. Buscar la liberación hace del nacionalismo una ideología de signo positivo. Lo que hizo Casement por Irlanda es positivo. Me identifico con él, lo hubiera apoyado. Pero incluso en ese momento, el nacionalismo arrastra a un momento de violencia y se ve en su caso. Casement se radicaliza, justifica la violencia, hace afirmaciones sectarias e injustas empujado por una fuerza discriminatoria, si se escarba, racista. Es una plaga que ha llenado de sangre la Historia. Nuestro subdesarrollo en América Latina procede del nacionalismo.

Lo que ha aprendido con la novela

– “Una de las enseñanzas de lo que significó la vida de Roger Casement es que, cuando desaparece toda forma de legalidad, brota la barbarie, la crueldad. Casement fue uno de los primeros europeos que comprendió lo que el colonialismo representaba. Vio en lo que se convertía la Europa civilizada, la de la legalidad, la civilidad, las buenas maneras… En un mundo de monstruosas crueldades. Su enorme mérito es haberlo comentado con lujo de detalles”.

– “Su vida acabó mal. Denunció la explotación en la Amazonia, abrazó el nacionalismo irlandés y, por ello, fue encarcelado por el Reino Unido por traición a la patria y le acabaron por atribuir unos diarios sexuales bastante embarazosos”.

– “Casement era maniáticamente educado, se burlaban de su prurito en el tratamiento. No decía una palabrota. Mi impresión es que, cuando estaba solo, soltaba los frenos, podía, mentalmente, gozar. Son sus fantasías sexuales privadas. Eso nos recuerda que los héroes no nacen con una marca de perfección en la frente. Uno puede ser un héroe en un campo y un ser humano con los desvaríos de los seres humanos. Y eso no lo empequeñece”

América

[Un periodista mexicano preguntó a Vargas Llosa si las victorias de los republicanos en EEUU y de Dilma Roussef en Brasil quiere decir que hay dos Américas: la del sur, de izquierdas; y la del norte de derechas. Vargas Llosa no estuvo de acuerdo]:

‘Los héroes no nacen con una marca de perfección en la frente’

“El caso de América Latina hay que hacer una matización. La diferencia importante es la que hay entre Gobiernos democráticos y Gobiernos que no lo son. Entre los democráticos, hay gobiernos de izquierdas y de derechas. Eso ya es un adelanto sobre el pasado, cuando no había izquierdas ni derechas democráticas. Y también hay gobiernos que no son democráticos: dictaduras como la de Cuba, gobiernos que se dirigen hacia la dictadura como Venezuela, Gobiernos a los que conducen al autoritarismo como los de Nicaragua y Bolivia… Pero creo que América Latina va en la buena dirección. Y en EEUU, la democracia está arraigada.

– “El revés del Partido Demócrata [en EEUU] no pone en peligro nada. Además, los resultados son menos dramáticos de lo que se esperaba. El voto de castigo ha sido menor de lo que se esperaba. En realidad, en EEUU hay un debate muy interesante que no se entiende bien desde el exterior: decidir si las políticas sociales deben ser canalizados por el estado o por la sociedad civil. Hay una desconfianza al estado”.

– “Roussef, tengo la impresión, la política del presidente Lula, que en política interna ha sido excelente: la clase media crece, la pobreza disminuye… Mi esperanza es que la política internacional mejore. Que haya menos complacencia con las dictaduras. El caso de Argentina es muy trágico. Un país próspero y desarrollado que se ha ido subdesarrollando por razones políticas sin que hubiera un motivo exterior. Eso tiene un nombre, el peronismo, que sin embargo sigue siendo muy popular en Argentina y que ha sustituido la palabra política. Mientras Argentina no deje atrás esa experiencia, Argentina no va a despegar”.

Mario Vargas Llosa se encuentra con su destino

J. ERNESTO AYALA-DIP

Escritores latinoamericanos

Resulta cuando menos curioso que el mejor libro que se escribió sobre la personalidad y obra del premio Nobel Gabriel García Márquez, lo haya escrito el flamante hoy también premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. Hablamos de García Márquez: historia de un deicidio. Simetrías del azar y de la alta estética narrativa. Alguna vez dijo el gran escritor peruano que los únicos límites de la novela realista son la realidad, “que no tiene límites”

Dicha sentencia tenía que ver con una de las características esenciales de su novela La ciudad y los perros (1963), obra con la que el escritor adquiere su consagración y prestigio internacionales. Y con motivo de este mismo título agregó entonces que la realidad supone la existencia de las pesadillas de Kafka, el empeño psicológico hecho prodigio verbal de Proust, el orbe mítico de Carpentier, las empecinadas y tortuosas búsquedas de Dostoiesvsky, la luminosa objetividad de Hemingway. Vargas Llosa escribió muchas novelas. Algunas de ellas ya forman parte de lo mejor que se escribió en castellano. Como la citada La ciudad y los perros, donde se juntan la representación de un habla popular, inmediata, con el uso exacto del monólogo interior.

Estoy seguro que los lectores del escritor se dividen entre los que prefieren Conversación en la Catedral (1971) y los que se quedan con La guerra del fin del mundo (1981). Aunque bien pudiera haber un tercer grupo que se quedara con las dos. Como un servidor. En ambas novelas se reflejan dos maneras diferentes de enfrentarse al hecho literario. En la primera, proyecto totalizante, las corruptelas políticas peruanas (más un puntilloso detalle de perversiones) en el marco de un gran despliegue de recursos narrativos; en la segunda, con un cambio de mapa geográfico e histórico, una reinterpretación libresca de Os sertoes, del escritor brasileño Euclides da Cunha, y una poderosa metáfora de los fanatismos ideológicos y religiosos de la sociedad contemporánea. Mario Vargas Llosa se alimenta de fuentes estrictamente literarias. Fuentes decimonónicas. Flaubert garantiza el respeto por la frase, los tiempos verbales exactos para generar la sensación de tiempo íntimo, histórico y novelístico. Y Víctor Hugo, la función ética, la escritura titánica.

La versatilidad de Vargas Llosa es encomiable. Como lo demuestra Elogio de la madrasta (1988), una verdadera ofrenda a lo mejor de la literatura erótica. Su riqueza conceptual alcanza estratos sociales, psicológicos; en el nivel de las estrategias narrativas son estudiados y aplicados con precisión quirúrgica el espacio, el tiempo, las voces narradoras y puntos de vistas. Todo en pos de su máxima literaria: la verdad de las mentiras.

Ensaya la novela de misterio policiaco insertada en el espacio del terrorismo político del Perú de los años noventa: Lituma en los Andes (1993): una novela amarga si se atiende su desilusión por las proclamas políticas cuando conducen al sectarismo y a la deshumanización de los medios empleados para alcanzar unos fines no menos inconfesables. La fiesta del Chivo (2000), probablemente una de las mejores novelas sobre dictadores que se escribió en castellano. Soy un admirador incondicional de sus dos últimas novelas: El paraíso de la otra Esquina (2003) y Travesuras de la niña mala (2006).

En la primera convergen algunas de las pasiones literarias de Vargas Llosa: la gran novela decimonónica, el trazo naturalista, el esbozo entre folletinesco y melodramático, la fascinación histórica y la trascendencia moral. Y en la segunda descuella la capacidad del autor para crear una heroína de tanto calado irónico como humano. Las ideas políticas de Mario Vargas Llosa, su defensa de ciertas políticas neoliberales pueden que no lo hagan demasiado simpático a mucha gente. Podríamos decir, como Marx decía de Balzac, que el autor de La casa verde es políticamente conservador pero en el terreno del arte de la ficción es progresista. Yo tampoco comparto muchas opiniones de Vargas Llosa sobre muchas cosas en las que se siente obligado a opinar. Pero en la concepción que tiene de la novela y, a través de ésta, de la realidad, siempre estoy y estaré de acuerdo con él. Pero, vaya, me dejaba otra joya literaria, La tía Julia y el Escribidor (1977). La combinación perfecta de alta literatura y una deslumbrante simulación de literatura popular, además de un inestimable ejercicio de literatura autobiográfica.

*Crítico literario

Isabel Allende: “No se puede desvalorizar a alguien porque tiene éxito”

El siempre debatido premio recayó este año en el escritor chileno (sin acepción de género) que más libros vende en el mundo y quizá si el más conocido a nivel internacional. Sus virtudes literarias, sin embargo, han sido discutidas. Pero la autora de “La casa de los espíritus” está feliz y ya tiene una novela lista.

Patricio Tapia

En 1925, cuando George Bernard Shaw recibió el Nobel de Literatura, decidió rechazar el dinero del premio porque era “un salvavidas lanzado a un nadador que ya ha alcanzado la seguridad de la orilla”. De esa seguridad, al menos en lo que a dinero se refiere, hace ya tiempo que goza Isabel Allende, autora de éxito multitudinario, casi una marca de fábrica, que cuenta las ventas de sus libros y a sus lectores en cifras de varios ceros.

Pero los premios literarios no son sólo cuestión de dinero. Ciertamente no lo es el Nobel, e incluso el más modesto Premio Nacional de Chile, que nació (y en parte fue criado) bajo una admonición asistencial -muchos escritores no podían vivir de sus derechos y ya viejos no contaban con previsión-, tiene dimensiones simbólicas, de prestigio e incluso políticas. Quienes no cuentan con recursos no sólo quieren una pensión; quienes cuentan con ellos por el éxito comercial, quieren algo más que eso. La fama, el reconocimiento artístico, el registrar su nombre en la historia de la literatura nacional, contarán entre sus posibles motivos. Tampoco se puede descartar la pretensión de encabezar una cruzada de género: después de todo, afianzar el feminismo o cuando menos luchar contra el machismo y el patriarcado han sido razones invocadas por Isabel Allende para disputar el premio de este año.

Debates sobre su obra

Si, al parecer, el premio no fue tan disputado en las deliberaciones del jurado a la hora de elegir a su ganador, sí fue ampliamente debatido con anterioridad. A diferencia de ocasiones anteriores, la autora tuvo el apoyo de ex presidentes y de miembros del Congreso. A semejanza de todas las ocasiones anteriores, hubo un fuego cruzado de bandos, autores y opiniones entre detractores que sostenían que su obra era subliteratura y un conjunto de best sellers sin calidad, y partidarios que afirmaban que ella ha dado más figuración a Chile que ningún otro escritor y que millones de lectores no pueden estar tan equivocados al valorar su obra. Una obra ya amplia en la que suelen aparecer aguerridas mujeres, generalmente enredadas en vaporosas historias de amor, contra un trasfondo de agitación política (desde golpes de Estado a revoluciones), abarcando un registro que va desde crónicas familiares de varias generaciones hasta recuentos autobiográficos, además de novelas históricas y juveniles. Si en su ficción acostumbran figurar hechos increíbles o trágicos, sus memorias registran hechos no menos increíbles y a veces trágicos.

Prueba viviente de los beneficios del vegetarianismo y del chocolate, Bernard Shaw, después de recibir el premio Nobel cuando estaba a punto de cumplir setenta años, siguió escribiendo por otros veinticinco. Isabel Allende, por su parte, también continúa escribiendo, aunque piensa tomarse un año libre. Horas después de recibir la noticia del premio, cansada, entre las llamadas y felicitaciones, se da el tiempo para responder desde su casa en los Estados Unidos.

-Usted ha escrito que los premios más importantes son las cartas de sus lectores. ¿Sigue pensando lo mismo?

“Sigo pensando lo mismo, que es lo más importante. Y este premio realmente lo consiguieron ellos. Para mí, sin duda, es muy significativo recibir un premio que me da mi país, pero lo cierto es que los lectores fueron quienes lo lograron”.

-¿Y le gustaría ganar el Nobel?

“A todo el mundo le gustaría ganar el Nobel”.

-¿Qué razones adujeron las editoriales para rechazar “La casa de los espíritus” en su momento?

“Yo creo que no la leyeron en algunas editoriales y en otras no me dieron razones. Nadie me contestó. En algunas partes me consta que no la leyeron y en otras partes me imagino que simplemente no les gustó o era un riesgo publicarla; nadie me conocía, era una obra un poco complicada, demasiado larga o el manuscrito les pareció impublicable, no sé. Nunca recibí una respuesta”.

-¿Alguna vez le rechazaron algún libro por poco comercial?

“Nunca me han rechazado un libro por ese motivo. Es decir, te dicen otras cosas: podrían decirte que el libro no se corresponde con su línea o que no calza con la lista de sus obras, pero nadie te dice que no lo publican porque sea poco comercial”.

-¿Qué le produce, orgullo o irritación, cuando la comparan con García Márquez?

“Me produce un gran orgullo. Gabriel García Márquez es el gran escritor del siglo XX latinoamericano. Es Premio Nobel, un autor que cambió el tono de la literatura en América Latina. ¿Cómo no va a ser un halago tremendo ser comparada con él? Ahora desgraciadamente ya no me comparan hace mucho tiempo con García Márquez”.

-¿Le produce orgullo o irritación cuando la comparan con Corín Tellado?

“Ah, eso no lo había oído todavía”.

-¿Considera que la medida del valor de un escritor está en el favor de los lectores?

“No, no siempre. Porque hay veces en que se termina por reconocer a un escritor, o el valor de un escritor, muchos años después de su muerte. Y hay escritores, o más bien artistas de toda clase, que no tuvieron ningún reconocimiento en vida. No, no creo que eso sea así. Pero tampoco creo que porque un escritor tenga popularidad es malo. Piensa en cuántos escritores que han sido muy populares en su vida siguen publicándose y siguen leyéndose: grandes novelistas rusos, Dickens, Mark Twain y tantos otros. No es que me esté comparando con ellos, pero quiero decir que no se puede desvalorizar a alguien porque tiene éxito. Eso es injusto”.

-¿Se le ocurre una frase que defina su obra literaria?

“Yo diría que escribo sobre relaciones. Sobre relaciones humanas”.

-De los otros premiados con el Nacional, ¿quiénes le parecen una compañía agradable?

“Me encanta estar en compañía de Jorge Edwards, en compañía de José Donoso y de tantos otros. También de Zurita; sé que yo no soy santo de su devoción, pero él es santo de la devoción mía. Encuentro que es un gran poeta”.

-¿Podría indicar el rasgo más insufrible de los chilenos?

“Ay, yo diría que es el chaqueteo, la envidia… No, espérate. Lo más insufrible de los chilenos es un exagerado sentido de clase, un clasismo que es terrible porque es excluyente, como el racismo en los Estados Unidos”.

-¿Agregado a la envidia?

“Además de la envidia. Pero, en realidad, lo que más me ha dolido siempre en Chile es lo mal que se trata a la gente que se considera inferior porque nació en otra parte, porque tiene otro apellido, porque tiene menos plata. Eso a mí me irrita profundamente: que no se valore a la gente por lo que la gente es, sino por un sentido de clase mal entendido”.

-A su juicio, ¿cuál es el destino de las mujeres?

“El destino de las mujeres es cambiar al mundo, en estos momentos”.

-¿Qué opina del vegetarianismo?

“Bueno, parece que es el futuro, porque está siendo cada vez más difícil y más caro alimentar a esta humanidad que crece y crece con carne. Yo siempre me he burlado de los vegetarianos, porque hay todo un fanatismo al respecto, es una cosa casi religiosa. Pero desde el punto de vista económico parece que va a ser la solución”.

-¿Le gustan los chocolates?

“Me fascinan. Negros, sí. Chocolate bien oscuro, bien oscuro”.

-¿Es cierto que este año se lo tomó libre y no hay novela?

“En realidad, es el próximo año: el 2011 me lo tomé libre y voy a tener un año sabático. Pero ya tengo terminada otra novela que se va a publicar el próximo año, si Dios quiere”.

-Si no es mucha la indiscreción, ¿se puede saber algo de ella?

“Bueno, no puedo dar el título, porque no lo tengo todavía, pero es una novela muy contemporánea. De hecho, sucede en el año 2009. Es la historia de una niña joven, muy joven, una americana de 20 años. Comienza aquí en los Estados Unidos y termina en Chile, en Chiloé”.

Castigar la popularidad

Si es por méritos, Isabel Allende está sobre Santiván, Jara, Garrido Merino, Campos Menéndez, Scarpa, para nombrar algunos Premios Nacionales muertos: no hay ofensa al mencionarlos. Si se trata de polémica, en 68 años este galardón ha causado guerras prolongadas, de modo que las intermitentes opiniones actuales se olvidan enseguida. Y si hablamos de influencias, quienes postulan las ejercen o esperan que otros las desplieguen en su favor. Allende pudo conseguir la firma de Obama o Lula, pero le bastó con el inmenso apoyo recibido. El problema es otro: la absurda ley que rige esta condecoración, cuyos mayores defectos son el jurado y el patrocinio de instituciones. Allende es ajena a ello y castigarla por su popularidad es pura mala fe. En cuanto al valor de su obra, es legítimo encontrarla buena, pasable o mala, pero resulta inicuo atacar personalmente a una escritora que jamás ha sido descomedida con sus colegas. Ella misma, sometida por sus compatriotas al aprieto de disculparse, ha dicho que a nadie sin calidad se la lee durante 30 años. Y tiene razón, porque se la seguirá leyendo por largo tiempo, y eso, en lugar de molestarnos, debería regocijarnos. El servicio que ha prestado a la literatura chilena es incalculable, pues miles de hombres y mujeres que no saben español conocen a los autores nativos tras haber devorado sus novelas. Tampoco hay incompatibilidad entre ella, Marín, Eltit, Hahn y otros creadores excepcionales que lo recibirán, sobre todo si el premio se vuelve a dar en forma anual.

Un premio extraviado

Si el fundamento de la concesión del Premio Nacional de Literatura 2010 es la calidad y excelencia literaria de la obra de Isabel Allende, como arguyó el jurado en voto de mayoría, es difícil concordar con la decisión. No se trata de negarle por completo méritos en este ámbito, sino sopesarlos y ponerlos en relación con los de los restantes candidatos. Diamela Eltit, Jorge Guzmán, Germán Marín e Isidora Aguirre reunían, cada uno a su modo, largamente, una mayor contribución a las letras nacionales. No es la primera vez que en la historia de este galardón se producen extravíos que conducen a omisiones de escritores de un oficio más silencioso, pero de gran talento.

En este caso preocupa, sobre todo, la influencia excesiva de la publicidad y la industria editorial, la subyacente confusión entre calidad y popularidad y, en particular, la falta de estímulo para la libertad e imaginación creativas en el plano de los mundos narrados y de nuevas formas de enriquecer y ampliar el idioma.

Ésta es la oportunidad de pensar, con profundidad, acerca del sentido de este premio y traducir esa reflexión en cambios en la composición del jurado de modo que garantice la selección de artistas de la palabra, verdaderos guardianes y pioneros en el lenguaje de la tribu.

Herta Müller ‘Cada frase es una obra de arte’

Herta Müller, hoy, en Madrid. | EfeHerta Müller, hoy, en Madrid. | Efe

  • La premio Nobel presenta ‘Todo lo que tengo lo llevo conmigo’

Emma Rodríguez | Madrid

Herta Müller es menuda, viste sobriamente de negro y mantiene las distancias con quienes la acribillan a preguntas y quieren saber cuáles son las razones que la llevan a escribir, cuáles son las interpretaciones que se ocultan detrás de lo que cuenta. “Lo que quiero decir es lo que pongo en mis novelas. No hay más. Muchas veces lo que escribo es sobreinterpretado y no siemrpe es una suerte que sea así”, señala.

La escritora rumana, Premio Nobel de Literatura 2009, ha venido a España para presentar ‘Todo lo que tengo lo llevo conmigo’ (Siruela), título que hace referencia al mínimo equipaje del protagonista, un joven de 17 años que abandona su pueblo después de la II Guerra Mundial camino de un campo de trabajo en la Unión Soviética, cargando su maleta con sus pocas posesiones, con todo aquello que cree que puede hacerle falta.

“Todos nos rodeamos de más cosas de las que necesitamos, pero no es esa idea la que late en el fondo de la novela. Aquí hablo de la gente que sufrió la deportación, de los desposeídos de todo, incluso de la propia vida”. Estas palabras de la escritora rumana bastan para apresar lo que consigue con su novela: hacer que el lector viaje al interior de una pesadilla que fue realidad.

La escritora lo sabe bien. Su propia madre formó parte de la minoría alemana de Rumanía, castigada por colaborar con los nazis a trabajar para reconstruir la diezmada Unión Soviética. La biografía de esta mujer se levanta sobre durísimos pilares, de ahí la fuerza de su mirada, la brecha que es capaz de abrir en la realidad con una prosa de aliento poético.

Cada frase es una obra de arte“, declara Müller, quien con esta novela rinde homenaje a su amigo el poeta Oskar Pastior, quien fue el que le proporcionó todos los detalles, quien la hizo sentir lo que significa sentir cerca la humillación y “el ángel del hambre”, expresión que él utilizaba para hablarle de la experiencia.

La identidad es importante en la obra de quien se ha movido en dos realidades y en dos lenguas, la alemana y la rumana, pero la escritora le quita importancia. “Todos venimos de algún sitio, es cierto, pero a mí no me gusta reflexionar sobre ello. Hablar de la identidad es más propio de los políticos. La identidad es algo que cambia constantemente. Yo no me reconozco en las fotos de la infancia ni me parezco a la chica pelirroja de mis 20 años”, asegura con una inmensa sonrisa que quita gravedad a los pasadizos negros de su obra.

Saramago, incinerado junto al libro con el que conoció a su esposa; ‘Memorial del convento’

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‘Memorial del covento’ ha acompañado a José Samarago en su último viaje. El Nobel portugués ha sido incinerado en la capital lusa junto a una edición de ese título, una de sus obras fundamentales y gracias a la que conoció a su mujer, Pilar del Río.

La obra fue depositada junto a su féretro por Eduardo Lourenco, coetáneo de Saramago y considerado uno de los intelectuales portugueses más destacados del siglo XX.

Lourenco entregó el libro, con lágrimas en los ojos, a Pilar del Río, y escribió unas palabras que nadie leyó, ya que fue cerrado y depositado junto al féretro en la capilla ardiente del Salón de Plenos del ayuntamiento lisboeta.

Por deseo de su ahora viuda, el libro fue colocado entre las manos del escritor antes de cerrar el féretro e incinerado con él.

Una celestina involuntaria

Blimunda, la protagonista de ‘Memorial del convento’ y una de los personajes femeninos más importantes y logrados de Saramago, fue también la celestina involuntaria entre José y Pilar.

Ocurrió en 1986, cuando Pilar del Río, entonces una joven periodista que trabajaba en Sevilla, compró el libro y le gustó tanto que lo regaló a sus mejores amigas, a las que comentó su determinación de conocer a ese hombre capaz de llegar tan al fondo del alma femenina a través de Blimunda.

Lo llamó a Lisboa, le explicó que le gustaría conocerlo y quedaron al 14 de junio de 1986. Así quedó señalado en la agenda anual de Saramago, junto a una flor seca. Una agenda que, junto a toda su obra, forma parte de la exposición Saramago: la consistencia de los sueños, que se ha podido ver en Lanzarote, Sao Paulo y Lisboa.

Las cenizas de Saramago y Blimunda -así se llama también la casa del escritor en Lisboa- reposarán en breve en un lugar de la capital que no ha sido revelado, pero es deseo de su viuda que sea un sitio que permita a los lectores de José sentarse a leer sus obras o dejarle flores.

Saramago, a cuyas honras fúnebres asistieron numerosas personalidades, amigos y autoridades de Portugal y España, falleció el viernes, a los 87 años de edad, en su casa de Lanzarote y sus restos fueron velados desde ayer sábado en Lisboa.

Esos oscuros señores ortodoxos: El Vaticano condena otra vez a Saramago tras su muerte

Le acusa de “populismo extremista” y le define como “ideólogo antirreligioso”

Las gafas y la maquina de escribir

José Saramago

FOTOS – ADRIEL PERDOMO –

Las gafas y la maquina de escribir. La vieja máquina de José Saramago y sus gafas en la sala a la que da nombre en la Fundación César Manrique de Lanzarote, con motivo de una exposición dedicada a su obra.- ADRIEL PERDOMO

Ni elogio fúnebre ni nota necrológica neutra. Fiel a su historia, el Vaticano ha dedicado hoy a José Saramago, fallecido el viernes a los 87 años en Lanzarote, un ataque denigratorio, una condena de un tono casi sarcástico, que suena casi a celebración por la muerte de uno de los intelectuales que más lúcidamente ha condenado los abusos cometidos en nombre de la religión y la hipocresía y contradicciones de la Iglesia de Roma.

El artículo dedicado al autor de ‘Memorial del convento’ por el diario oficial de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, se titula La omnipotencia (relativa) del narrador, está firmado por Claudio Toscani y mezcla reflexiones sobre su tarea de intelectual de izquierdas con descalificaciones del tipo “populista extremista”.

La pieza subraya la “ideología antirreligiosa” de Saramago, a quien define como “un hombre y un intelectual de ninguna capacidad metafísica, (y que vivió) agarrado hasta el final a su pertinaz fe en el materialismo histórico, alias marxismo”. Para añadir: “Colocándose lúcidamente de la parte de la cizaña en el evangélico campo de trigo, (Saramago) se declaraba insomne por las cruzadas, o por la inquisición, olvidando el recuerdo de los ‘gulag’, de las purgas, de los genocidios, de los ‘samizdat’ (panfletos de la Rusia soviética) culturales y religiosos”.

Por lo que respecta a la religión, continúa la nota, “uncida como estuvo siempre su mente por una desestabilizadora banalización de lo sagrado y por un materialismo libertario que cuanto más avanzaba en los años más se radicalizaba, Saramago no dejó nunca de sostener una simplificación teológica inquietante: si Dios está en el origen de todo, él es la causa de todo efecto y el efecto de toda causa”.

La estocada posterior es durísima. “Un populista extremista como él, que se hacía cargo del porqué de los males del mundo, habría debido antes que nada aplicar el problema a todas las estructuras humanas erróneas, desde las histórico-políticas a las socioeconómicas, en vez de saltar al detestado plano metafísico y culpar, de manera demasiado cómoda y carente de cualquier otra consideración, a un Dios en el que nunca creyó debido a su omnipotencia, a su omnisciencia, a su omnipresencia”.

El artículo critica de modo especial la novela ‘El Evangelio según Jesucristo’, con la cual, dice L’Osservatore Romano, el Premio Nobel de Literatura lanzó “un reto a la memoria del cristianismo de la cual no se sabe qué se puede salvar si, entre otras cosas, Cristo es hijo de un padre imperturbable que lo manda al sacrificio, que parece entenderse mejor con Satanás que con los hombres, y que domina el Universo con poder pero sin misericordia”.

“Irreverencias aparte”, concluye la pieza, “la esterilidad lógica, antes que teológica, de tales asuntos narrativos no produce la buscada deconstrucción ontológica, sino que se retuerce en una parcialidad dialéctica tan evidente como para impedirle alcanzar cualquier objetivo creíble”.

Por qué la gente quería tanto a Saramago

Cientos de personas aguardan en la plaza del municipio lisboeta para acceder hasta el sitio en el que se halla su cuerpo.

José Saramago está expuesto desde esta tarde en el salón noble del Ayuntamiento de Lisboa, la ciudad en la que se hizo escritor. Cientos de personas aguardan en la plaza del municipio a que les toque el turno que les permite acceder hasta el sitio en el que se halla su cuerpo ya sin vida, su semblante noble y adusto, sosegado aún más por la sombra sutil de la muerte. Hay gente de todos los sectores, profesionales, obreros, campesinos como los de su origen, poetas, periodistas, gentes venidas desde distintos lugares de Portugal o de España, cronistas que le han seguido el rastro, familiares, gente que se cruzó con él alguna vez en la presentación de un libro o en un mitin. ¿Por qué le quieren tanto? Su editor, Zeferino Coelho, me dijo esta mañana, con lágrimas en los ojos, que le querían porque representaba, en el siglo XX y aún más allá, “un monumento portugués, como Pesoa”.

Cree el editor que Saramago “concibió un mundo, que le representa y nos representa”. En ese mundo el autor de El año de la muerte de Ricardo Reis reinventó los mitos civiles de Portugal a la altura del maestro de los heterónimos, Fernando Pesoa. Y, además, nunca se dejó intimidar por los convencionalismos del poder.

¿Es un monumento pues? Se lo pregunté a un gran folclorista, cantante, intelectual y hombre de izquierdas, Carlos do Carmo, confundido entre los que acudieron a contemplar de cerca el rostro sin vida de José Saramago, su amigo. Dijo Carlos do Carmo “yo diría que Saramago es excepcionalmente un extramonumento portugués. Yo tengo 70 años”, siguió diciendo do Carmo, “y es la primera vez que veo en mi vida un reconocimiento popular a alguien tan peculiar como Saramago”.

Un amigo

Carlos do Carmo nunca había visto en su vida “a alguien que fuera tan querido, que le gustara tanto, a todo el mundo y sobre todo a la gente muy sencilla”. Le pregunté por qué. “Ah, vaya preguntándolo por ahí. Lo cierto es que todo el mundo ha aprendido de él. Yo he sido su amigo, era mi amigo, era uno de los amigos de mi vida, y muchas veces he aprendido de José, hasta el último instante”. Le pregunté al ilustre folclorista qué había aprendido de Samarago. “La paciencia. Su paciencia era inagotable, y yo creo que la paciencia proviene de la nobleza. Y además tenía un humor muy particular, que la gente no conocía. Y era una persona muy generosa. Son muchas cosas que aprender de una sola persona”.

Quería añadir algo más Carlos do Carmo. Y lo hizo, a media voz dentro del salón noble del municipio. Quiero destacar su similitud con Jacques Brel. Como el cantante, José mostró siempre una total intolerancia hacia la mediocridad. Eso me encantaba”. Cerca de él, Zeferino Coelho nos dijo al oído: “Saramago decía que lo peor de la muerte es que estás y de pronto no estás. Él estará siempre con esta gente que le viene a ver”. Su biógrafo, Fernando Gómez Aguilera, director de la Fundación César Manrique y creador de la exposición sobre la vida y la obra de Saramago, estaba allí, de pie, frente a su amigo muerto. Había venido en el avión militar que fletó el Gobierno portugués. Tuvo esta reflexión poética sobre el regreso de Saramago a su patria: “Fue a Lanzarote en una balsa de piedra y vuelva a Portugal entre las nubes del aire”.

Su amigo Javier Pérez Royo, catedrático sevillano, se mostraba extrañado ante un silencio: “¿Por qué no están diciendo ustedes estos días que la mejor novela de Saramago, la más consistente entre sus metáforas, la que demostró para siempre su gran categoría de novelista, la gran novela de Lisboa es El año de la muerte de Ricardo Reis?”. Pues ya está dicho. Por cierto, esta novela, El año de la muerte…, fue la que llevó a Pilar del Río a conocer, como periodista, a Saramago, con las consecuencias sentimentales que ya todo el mundo conoce.

JOSÉ SARAMAGO: El hombre novelado

FotoFotoArriba, el escritor, en su casa de Lanzarote. Abajo, firmando un ejemplar de su novela ‘La caverna’ en 2001. | Carlos Miralles y Fernando Ruso

Sin pausa pero sin prisa, así vivió su vida José Saramago, que a los 76 años (en 1998) se convirtió en el primer escritor portugués en ganar el Premio Nobel de Literatura. Hay quien dice que fue un escritor tardío, pero lo cierto es que su primera novela, ‘La viuda’, la escribió con 24 años (en 1947). Él estaba loco por publicarla y lo consiguió, pero apareció con el nombre de ‘Tierra de pecado’, más comercial, según su editor. Muchos años después contaría siempre que en aquel momento él «no sabía nada ni de viudas, ni de pecados».

Saramago nació en Azinhaga el 16 de noviembre de 1922, una aldea situada al norte de Lisboa. Allí creció José de Sousa, su verdadero apellido, hijo de una pareja de trabajadores rurales. Según contó el escritor en alguna ocasión, la culpa de que le cambiaran el apellido fue de un funcionario del Registro Civil, que al inscribirle en el censo apuntó el apodo familiar en lugar del apellido real. De esta forma, José se convierte en el primer Saramago de la familia Melrinho Sousa (como apuntara en una de sus citas: «Conoces el nombre que te dieron, no conoces el nombre que tienes»). Su padre quiso que estudiara cerrajería mecánica, parecía destinado a ser campesino u obrero, pero en el programa del oficio que iba a aprender había una asignatura de literatura que empezó a despertar al lector que había en él.

Aunque publicó algunos libros de poemas a finales de los años 60 y primeros 70 (época en la que se afilió al Partido Comunista), el éxito no le llegaría hasta 1982, con la novela ‘Memorial del convento’. Después aparecieron ‘La balsa de piedra’ (1986), ‘Historia del cerco de Lisboa’ (1989) y ‘El evangelio según Jesucristo’, publicada en 1991. Esta última novela fue muy polémica en Portugal, que decidió vetarla y no la presentó al Premio Literario Europeo de ese año. Para entonces Saramago ya había conocido a la periodista Pilar del Río (28 años más joven que él), quien se enamoró del portugués al leer en Sevilla ‘Memorial del convento’. Era el año 1986 y ella, ciega de amor, se empeñó en entrevistar al escritor. Dos años después (ella contaba 38 primaveras y él 66 inviernos a sus espaldas), se daban el ‘sí, quiero’ en Portugal, donde residían. Pero el hecho de que su patria vetara una de sus novelas provocó que ambos establecieran su residencia en Lanzarote.

El Nobel, en un aeropuerto

Desde la isla canaria continuaría su producción literaria. Allí escribiría ‘Los cuadernos de Lanzarote’, ‘Ensayo sobre la ceguera’, ‘Todos los nombres’ o ‘La caverna’. Hasta que en 1998 consiguió el Nobel. «Fue una azafata quien me dijo que había ganado el premio», confesó Saramago en una entrevista. Al parecer, él estaba en el aeropuerto alemán de Francfort, a punto de embarcar para tomar rumbo a la isla, cuando le avisaron por megafonía de que tenía una llamada. Y antes de que pudiera atender el teléfono, la azafata le comunicó la noticia.

Saramago ya había visto reconocida su labor en 1995, con la obtención del Premio Luis de Camoes, el más importante en lengua portuguesa, instituido en 1988 por los gobiernos de Brasil y Portugal. Pero ni los reconocimientos, ni su avanzada edad le llevaron a pararse en el camino. Continuó escribiendo, insistiendo en los frentes que había abierto, machacón hasta el final con sus ideas. Tras lograr el Nobel publicó obras como ‘El hombre duplicado’, ‘Ensayo sobre la lucidez’ y, más recientemente, ‘Las pequeñas memorias’, ‘El viaje del elefante’ y ‘Caín’. Sólo la muerte, el 18 de junio de 2010, cuando contaba 87 años, impidió que siguiera ampliando su producción.

No buscaba una meta, pero sin quererlo, la alcanzó. Contribuyó a difundir la literatura portuguesa y sus obras ya forman una parte inseparable de ella y un lugar al que acudir para no olvidar su nombre, para recordarle, siempre, con ‘saudade’.

Su obra

Saramago, Matute y Le Carré figuran como candidatos al Premio de las Letras

El importante galardón corresponde al “Príncipe de Asturias”. Gente como Arthur Miller, Susan Sontag, Mario Vargas Llosa, Camilo José Cela o Paul Auster han obtenido el premio.

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OVIEDO.- El premio Nobel de Literatura José Saramago, la novelista catalana Ana María Matute y el escritor y diplomático británico John Le Carré son algunos de los 27 candidatos que optan al Premio Príncipe de Asturias de las Letras, que será fallado este miércoles, 9 de junio, en Oviedo, norte de España.

Entre las candidaturas remitidas a la Fundación Príncipe desde 16 países se encuentran también la de la escritora canadiense Alice Munro, y la del ensayista y crítico literario estadounidense Harold Bloom.

A este premio optan candidaturas procedentes de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Estados Unidos, Guatemala, Holanda, Líbano, Macedonia, Marruecos, México, Perú, Portugal, Reino Unido, Rumanía y España.

Del jurado, que iniciará sus deliberaciones el martes, formarán parte, entre otros, la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel; el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha; la ex directora de la Biblioteca Nacional Milagros del Corral, y los escritores J.J. Armas Marcelo, Antonio Colinas, Pedro Casals y Fernando Sánchez Dragó.

También estará integrado por los periodistas Luis María Anson y Manuel Llorente; el ex director del INAEM Andrés Amorós; la directora de la revista El Cultural, Blanca Berasátegui; el crítico literario José Luis García Martín, y el editor Jacobo Fitz-James Stuart Martínez de Irujo, conde de Siruela.

Completarán el jurado los filólogos Pilar García Mouton, Fernando R. Lafuente y Olvido García Valdés; la catedrática de literatura española Rosa Navarro Durán; la académica de la lengua asturiana Berta Piñán, y la decana de Humanidades de la Universidad de Harvard, Diana Sorensen.

El galardón, dotado con 50 mil euros y la reproducción de una estatuilla diseñada por Joan Miró, será el quinto que se falla en esta trigésima edición de los premios Príncipe de Asturias. Los cuatro primeros han sido los de Artes (Richard Serra), Ciencias Sociales (equipo arqueológico de los guerreros y caballos de terracota de Xian), Comunicación y Humanidades (Alain Touraine y Zygmunt Bauman) e Investigación Científica y Técnica (David Julius, Linda Watkins y Baruch Minke).

En el palmarés del premio Príncipe de las Letras figuran escritores como José Hierro, Miguel Delibes, Gonzalo Torrente Ballester, Juan Rulfo, Ángel González, Mario Vargas Llosa, Camilo José Cela, Carmen Martín Gaite, Ricardo Gullón, Uslar Pietri, Carlos Fuentes, Francisco Umbral, Francisco Ayala, Günter Grass, Augusto Monterroso y Doris Lessing.
En los últimos años también lo han obtenido, entre otros, Arthur Miller, Susan Sontag, Claudio Magris, Paul Auster, Amos Oz, Margaret Atwood y el albanés Ismaíl Kadaré, quien fue el galardonado en la última edición.

Los miembros del jurado se reunirán desde el martes por la mañana y el fallo lo harán público el miércoles al mediodía. Según los estatutos de la Fundación Príncipe de Asturias, el premio de las Letras se otorgará “a la persona, institución, grupo de personas o de instituciones cuya labor creadora o de investigación represente una contribución relevante a la cultura universal en los campos de la literatura o de la lingüística.”