“El gran diseño” de Stephen Hawking

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Primer capítulo de El gran diseño

El universo según Hawking 

Portada del último y polémico libro de Stephen Hawking El gran diseño (Crítica) que ha escrito junto al científico Leonard Mlodinov.-

Venimos de la nada. De un universo que lo contenía todo, y que se crea a sí mismo continuamente, sin la intervención de un Dios. Y la filosofía ha muerto. Estas son algunas de las conclusiones de Stephen Hawking en su último y polémico libro El gran diseño (Crítica) que ha escrito junto al científico Leonard Mlodinov. Aseguran que el Big-Bang es una consecuencia inevitable de las leyes de la física y no de ninguna mente superior. Un asomo a dichas teorías lo ofrece hoy Babelia, en esta edición de ELPAIS.com, al avanzar del primer capítulo cómo el Big-Bang contiene las claves de todas las teorías desarrolladas de este esperado ensayo. Además de este adelanto de El gran diseño, que llegará a las librerías el próximo 15 de noviembre, Babelia publicará el sábado un artículo a cargo del científico y académico José Manuel Sánchez Ron.

El nuevo libro del científico británico llega ocho años después de su anterior éxito: El universo en una cáscara de nuez (Crítica). El astrofísico escribe ahora que “dado que existe una ley como la de la gravedad, el Universo pudo crearse a sí mismo -y de hecho lo hizo- de la nada. La creación espontánea es la razón de que exista algo, de que exista el Universo, de que nosotros existamos. Para eso no es necesario invocar a Dios”.

El profesor de Cambridge y autor de Breve historia del tiempo socava argumentos creacionistas. Afirma que el universo no sólo tiene una historia posible. Ante las preguntas que el ser humano alguna vez se plantea, como ¿cuál es la naturaleza de la realidad? O ¿de dónde viene todo lo que nos rodea? Hawking asegura contundente que la filosofía ha muerto porque “no se ha mantenido al corriente de los desarrollos modernos de la ciencia, en particular de la física. Los científicos se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda del conocimiento. El objetivo de este libro es proporcionar las respuestas sugeridas por los descubrimientos y los progresos teóricos recientes”.

En ello juega un papel fundamental la que parece ser una teoría definitiva que acabe con el rosario de preguntas una vez que se da respuesta a una de ellas. Es la Teoría M, que “no es una teoría en el sentido habitual del término, sino toda una familia de teorías distintas, cada una de las cuales proporciona una buena descripción de las observaciones pero solo en un cierto dominio de situaciones físicas”.

Según esa teoría M, nuestro universo no es único, sino que hay muchísimos universos más que no requirieron de la intervención de ningún Dios o Ser Sobrenatural. Y entra en juego las teorías de espacio-tiempo: “Cada universo tiene muchas historias posibles y muchos estados posibles en instantes posteriores, es decir, en instantes como el actual, transcurrido mucho tiempo desde su creación. La mayoría de tales estados será muy diferente del universo que observamos y resultará inadecuada para la existencia de cualquier forma de vida. Sólo unos pocos de ellos permitirían la existencia de criaturas como nosotros. Así pues, nuestra presencia selecciona de este vasto conjunto solo aquellos universos que son compatibles con nuestra existencia. Aunque somos pequeños e insignificantes a escala cósmica, ellos nos hace en un cierto sentido señores de la creación”.

Hacia el final del libro Hawking y Mlodinov reconocen que las leyes de la naturaleza nos dicen cómo se comporta el universo pero no responde a las preguntas de por qué: ¿por qué hay algo en lugar de no haber nada? O ¿por qué existimos?. Y como saben que la respuesta de muchas personas puede ser un Dios que decidió crear todo, afirman que eso desviaría la pregunta a qué o quién creó a Dios. Es decir, volvemos a la pregunta eterna. Los científicos recuerdan, entonces, que nuestras respuestas obedecen o están limitadas por nuestra capacidad cerebral. “Tal como en nuestro universo, en el Juego de la vida la realidad depende del modelo que utilicemos”.

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La nueva Ortografía de la Real Academia Española

La i griega será ye, la b será be (y no be alta o be larga); la ch y la ll dejan de ser letras del alfabeto; se elimina la tilde en solo y los demostrativos (este, esta…) y en la o entre números (5 o 6) y quorum será cuórum, mientras que Qatar será Catar.

La nueva edición de la Ortografía de la Real Academia Española, que se publicará antes de Navidad, trata de ser, como dice su coordinador, Salvador Gutiérrez Ordóñez, “razonada y exhaustiva pero simple y legible”. Y sobre todo “coherente” con los usos de los hablantes y las reglas gramaticales. Por eso el académico insiste en que plantea innovaciones y actualizaciones respecto a la anterior edición, de 1999, pero no es, “en absoluto” revolucionaria. Gutiérrez Ordóñez se resiste incluso a usar la palabra “reforma”.

Con todo, al director del Departamento de Español al Día de la RAE no se le escapa que los cambios ortográficos provocan siempre resistencias entre algunos hablantes. De ahí la pertinencia, dice, del consenso panhispánico que ha buscado la Comisión Interacadémica de la asociación que reúne a las Academias de la Lengua Española de todo el mundo. El miércoles, esa comisión, reunida en San Millán de la Cogolla (la Rioja) aprobó el texto básico de la nueva Ortografía de la lengua española. A falta de su ratificación definitiva el 28 de este mes en la Feria del Libro de Guadalajara (México) durante el pleno de las 22 academias, estas son algunas de las “innovaciones puntuales” aprobadas esta semana y destacadas por el propio Gutiérrez Ordóñez.

La i griega será ye. Algunas letras de nuestro alfabeto recibían varios nombres: be, be alta o be larga para la b; uve, be baja o be corta, para v; uve doble, ve doble o doble ve para w; i griega o ye para la letra y; ceta, ceda, zeta o zeda para z. La nueva Ortografía propone un solo nombre para cada letra: be para b; uve para v; doble uve para w; ye para y (en lugar de i griega). Según el coordinador del nuevo texto, el uso mayoritario en español de la i griega es consonántico (rayo, yegua), de ahí su nuevo nombre, mayoritario además en muchos países de América Latina. Por supuesto, la desaparición de la i griega afecta también a la i latina, que pasa a denominarse simplemente i.

Ch y ll ya no son letras del alfabeto. Desde el siglo XIX, las combinaciones de letras ch y ll eran consideradas letras del alfabeto, pero ya en la Ortografía de 1999 pasaron a considerarse dígrafos, es decir, “signos ortográficos de dos letras”. Sin embargo, tanto ch como ll permanecieron en la tabla del alfabeto. La nueva edición los suprime “formalmente”. Así, pues, las letras del abecedario pasan a ser 27.

Solo café solo, sin tilde. Hay dos usos en la acentuación gráfica tradicionalmente asociados a la tilde diacrítica (la que modifica una letra como también la modifica, por ejemplo, la diéresis: llegue, antigüedad). Esos dos usos son: 1) el que opone los determinantes demostrativos este, esta, estos, estas (Ese libro me gusta) frente a los usos pronominales de las mismas formas (Ese no me gusta). 2) El que marcaba la voz solo en su uso adverbial (Llegaron solo hasta aquí) frente a su valor adjetivo (Vive solo).

“Como estas distinciones no se ajustaban estrictamente a las reglas de la tilde diacrítica (pues en ningún caso se opone una palabra tónica a una átona), desde 1959 las normas ortográficas restringían la obligatoriedad del acento gráfico únicamente para las situaciones de posible ambigüedad (Dijo que ésta mañana vendrá / Dijo que esta mañana vendrá; Pasaré solo este verano / Pasaré solo este verano). Dado que tales casos son muy poco frecuentes y que son fácilmente resueltos por el contexto, se acuerda que se puede no tildar el adverbio solo y los pronombres demostrativos incluso en casos de posible ambigüedad”, esto dice la comisión de la nueva Ortografía, que, eso sí, no condena su uso si alguien quiere utilizar la tilde en caso de ambigüedad. Café para todos. No obstante, la RAE lleva décadas predicando con el ejemplo y desde 1960, en sus publicaciones no pone tilde ni a solo ni a los demostrativos.

Guion, también sin tilde. Hasta ahora, la RAE consideraba “monosílabas a efectos ortográficos las palabras que incluían una secuencia de vocales pronunciadas como hiatos en unas áreas hispánicas y como diptongos en otras”. Sin embargo, permitía “la escritura con tilde a aquellas personas que percibieran claramente la existencia de hiato”. Se podía, por tanto, escribir guion-guión, hui-huí, riais-riáis, Sion-Sión, truhan-truhán, fie-fié… La nueva Ortografía considera que en estas palabras son “monosílabas a efectos ortográficos” y que, cualquiera sea su forma de pronunciarlas, se escriban siempre sin tilde: guion, hui, riais, Sion, truhan y fie. En este caso, además, la RAE no se limita a proponer y “condena” cualquier otro uso. Como dice Salvador Gutiérrez Ordóñez, “escribir guión será una falta de ortografía”.

4 o 5 y no 4 ó 5. Las viejas ortografías se preparaban pensando en que todo el mundo escribía a mano. La nueva no ha perdido de vista la moderna escritura mecánica: de la ya vetusta máquina de escribir al ordenador. Hasta ahora, la conjunción o se escribía con tilde cuando aparecía entre cifras (4 ó 5 millones). Era una excepción de las reglas de acentuación del español: “era la única palabra átona que podía llevar tilde”. Sin embargo, los teclados de ordenador han eliminado “el peligro de confundir la letra o con la cifra cero, de tamaño mayor”.

Catar y no Qatar. Aunque no siempre lo fue, recuerda el coordinador de la nueva ortografía, la letra k ya es plenamente española, de ahí que se elimine la q como letra que representa por sí sola el fonema /k/. “En nuestro sistema de escritura la letra q solo representa al fonema /k/ en la combinación qu ante e o i (queso, quiso). Por ello, la escritura con q de algunas palabras (Iraq, Qatar, quórum) representa una incongruencia con las reglas”. De ahí que pase a escribirse ahora: Irak, Catar y cuórum. ¿Y si alguien prefiere la grafía anterior: “Deberá hacerlo como si se tratase de extranjerismos crudos (Qatar y quorum, en cursiva y sin tilde)”.

Dostoievski periodista en Español

Se publica por primera vez en castellano el diario completo del escritor ruso, en el que se revela como creador de opinión y ensayista.

Dostoievski, además de ser uno de los grandes nombres de la literatura universal y un analista del alma humana, fue un agudo periodista, creador de opinión y ensayista, como refleja su “Diario de un escritor”, que ahora por primera vez se publica completo en castellano y en un solo tomo.
 

Fiódor Dostoievski
EFE
Por primera vez se publica en castellano el Diario completo de Dostoievski
Un monumental libro de más de 1.600 páginas publicado por Páginas de Espuma -con edición de Paul Viejo, experto en literatura rusa y que ha trabajado con tres traductores- que incluye más de un tercio de material inédito. El libro saldrá a las calle el 8 de noviembre en España y México simultáneamente.
Esta ambiciosa publicación, en la que los editores han invertido más de tres años de trabajo y que se basa en la edición rusa de 2005 de “Diario de un escritor”, publicada en tres tomos, reúne además en una sola pieza la obra periodística: artículos, crónicas, críticas y demás escritos que el autor de “Crimen y Castigo” firmó antes de que en 1847 se publicara este famoso diario, y los posteriores a esa fecha, junto con una amplia selección de sus cuadernos de notas.
Legado intelectual
Un legado intelectual que pone en presente la honda y crítica mirada de un Dostoievski siempre preocupado por la moral del escritor y la defensa de la libertad, y que escribía y publicaba sus reflexiones a modo de trabajo periodístico. Primero lo hizo en 1873, cuando ya era un escritor ampliamente conocido y fue nombrado director de la revista “El Ciudadano”, donde comentaba y denunciaba la injusticias y los acontecimientos de la Rusia del XIX.
Un año después, y por desavenencias con el dueño de la revista, interrumpió sus escritos y en 1976 fue él mismo quien financió un cuadernillo especial que editaba cada mes y en el que plasmaba sus pensamientos y opiniones sobre política europea, comentaba aspectos cotidianos o desarrollaba la critica literaria, como la que escribió dedicada a Anna Karenina. Así lo pone de manifiesto Paul Viejo en el extenso prólogo de este volumen.
Un libro como muchas aristas, como recuerda el director de “Páginas de Espuma”, Juan Casamayor, que advierte de que este monumental volumen es fundamental para la comprensión de la historia más reciente de Rusia. Así, este gran escritor que buceó en las profundidades del corazón, en opinión de Casamayor, entroncaría con los creadores de los actuales blogs y la nuevas tecnologías, ya que el ruso ponía su pensamiento al alcance del lector de forma inmediata.

Gabriel García Márquez: Yo no vengo a decir un discurso

 

Gabriel García Márquez

A Gabriel García Márquez no le gusta hablar en público y mucho menos dar discursos. Y cuando lo ha hecho ha sido empujado por las circunstancias o por el cariño a un amigo. Algunas de esas intervenciones son conocidas y otras no tanto por el gran público que ahora podrá acceder a esa memoria oral del Nobel colombiano en el volumen Yo no vengo a decir un discurso, que editará Mondadori el 29 de octubre. El título corresponde a una de las frases que García Márquez pronunció en su primer discurso con 17 años. Como adelanto, Babelia publica hoy en ELPAIS.com la estructura y temas de dicha antología y algunos fragmentos, especialmente del titulado América Latina existe, que la revista cultural del diario publicará completo este sábado 23 de octubre.

Se trata de uno de los textos más comprometidos y clarificadores de la visión de García Márquez (Aracataca, Colombia, 1927) sobre su continente. Lo pronunció en la isla de Contadora (Panamá) en 1995 cuando algunos países latinoamericanos crearon un grupo que buscaba analizar y proponer soluciones a la situación compleja que atravesaba el continente en todos los aspectos. Las palabras allí pronunciadas por el autor de El coronel no tiene quien le escriba y El otoño del patriarca es un resumen de su preocupación por su continente, al que siempre ha mirado desde dentro y desde fuera. Ha pensado el origen y las circunstancias de su tierra y del destino que ha corrido. Quince años después la situación no ha cambiado mucho. Y ese pasado y esa realidad la ha contado García Márquez a través de su imaginación convirtiendo esas historias locales en arte literario universal. Este texto América Latina existe es una especie de continuación del discurso que pronunció en Estocolmo 1982 cuando recibió el Nóbel de Literatura: La soledad de América Latina, también incluido en este volumen.

Yo no vengo a decir un discurso reúne 22 intervenciones públicas y conferencias de García Márquez donde ha abordado todos los temas: literarios, políticos, sociales, artísticos o ecológicos. La primera de ellas pronunciada en 1944, con 17 años, en la despedida a la clase un año superior a la suya, en la “nevera” del Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá, en mitad de los Andes y lejos de su costa caribeña. En ella, el autor de cuentos como El ahogado más hermoso del mundo hace una breve aproximación sobre lo que es la amistad, pero, sobre todo, invita a compartir entre todos el “doloroso instante de la despedida”. Con unas cuantas pinceladas describe a los compañeros de quienes dice que “todos van en busca de la luz impulsados por un mismo ideal”

Así, García Márquez fue escuchado antes que leído. Tras esta intervención de 1944, el libro trae los siguientes discursos: Cómo comencé a escribir (reproducido por el diario El Espectador de Bogotá en 1972 y que ha servido de material a sus biógrafos y estudiosos); también está la pieza titulada Por ustedes, cuando recibió en Caracas, en 1972, el II Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos por Cien años de soledad; sus reflexiones sobre el futuro en Palabras para un nuevo milenio que compartió en La Habana durante el II Encuentro de Intelectuales por la Soberanía de los Pueblos de Nuestra América, en 1985; su preocupación por el medio ambiente queda reflejada en Una alianza ecológica de América Latina, en Guadalajara (México), en 1991; no faltan sus homenajes a amigos como Álvaro Mutis, Belisario Betancur y Julio Cortázar; su pasión por el reporterismo queda patente en Periodismo: el mejor oficio del mundo, durante al LII Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en Los Ángeles en 1996; no falta su provocador discurso de 1997 en el I Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Zacatecas, México: Botella al mar para el dios de las palabras; sobre Colombia habló en La patria amada aunque distante, en Medellín en 2003; y, claro, el discurso que dio en Cartagena de Indias en 2007 con motivo del IV Congreso Internacional de la Lengua Española donde se le rindió homenaje por sus ochenta años: Un alma abierta para ser llenada con mensajes en castellano. Todas estas piezas han sido revisadas por el autor y corregidas de manera mínima.

Son 22 textos que conforman una biblioteca y memoria oral de Gabriel García Márquez. De 66 años de escritura de un clásico de la literatura universal que antes que empezar a ser leído fue escuchado, y del que Babelia avanza hoy un fragmento elacionado con la preocupación que siente por América Latina.

El ‘postcarvalhismo’ en la novela negra

Manuel Vázquez Montalbán. | Jorge MorenoManuel Vázquez Montalbán. | Jorge Moreno

  • Autores e historiadores discuten el legado del detective de Vázquez Montalbán

Marta Medina | El Escorial

Todo Conan Doyle tiene a su Sherlock Holmes, un personaje –o mejor dicho, ‘el’ personaje-, que empieza por ser un esbozo secundario y que, al final, eclipsa a sus compañeros de reparto y se adueña de cualquier historia concebida por la mente de su creador. Le tortura, le impide centrarse y le exige un protagonismo absoluto. Con todos ustedes, el Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán, el Philip Marlowe de Raymond Chandler, los Chamorro y Belvilacqua de Lorenzo Silva, los Caldas y Estévez de Domingo Villar…

“La serie Carvalho empezó en 1972 con ‘Yo maté a Kennedy'”, recordó este jueves la periodista Rosa Mora en el curso ‘Pepe Carvalho: cómo se crea un personaje en la novela negra’ de la Universidad Complutense. Pero en este punto hay división; ‘Yo maté a Kennedy’ registra la primera aparición del personaje, pero no es la primera novela centrada en él. En el libro, Carvalho aparece como un personaje inverosímil, un comunista que, harto de su mujer Muriel, viaja a Estados Unidos y recibe el encargo de la CIA de acabar con Kennedy. ¿Es ése nuestro Carvalho?

Ya en ‘Tatuaje’, aparece el Carvalho barcelonés –al igual que el Méndez de González de Ledesma-, amante de las callejuelas sórdidas y los antros de mala muerte. Porque el investigador es el antihéroe romántico, “con una galería de personajes desheredados en los que encuentra la humanidad”, razona el escritor Lorenzo Silva.

Montalbán quiso hacer una especie de justicia poética en sus libros –un arbitraje improbable en la realidad-; por eso, los derrotados son el refugio del investigador y los burgueses cumplen el papel antagonista “con un discurso totalmente ruin”, según Silva.

“Carvalho encuentra en la escoria su reducto confortable, en contra del poder, fuera quien fuera”, destacó el escritor Domingo Villar. Es fascinante “la piedad con la que Montalbán mira a sus personajes“, además de dejar espacios para la reflexión del lector y ser un dibujo costumbrista de la sociedad española, como lo fuera la Francia de Luis XIII dibujada por Alejandro Dumas.

Carvalho se rodea de unos personajes secundarios que evolucionan, envejecen y se cansan; la marcha habitual de cualquier vida vista a través de una mirilla. Su amante Charo, que busca una relación convencional imposible; su compañero Biscuter, hermano de pasiones gastronómicas; y Bromuro, el malhadado limpiabotas soplón que desaparece cuando deja de ser útil para el detective.

Pocos autores españoles de novela negra han traspasado la frontera y han influido tanto en el género como lo hizo Montalbán. Desde ‘cameos’ y encuentros furtivos con Carvalho hasta personajes nombrados en honor del autor –como el comisario Montalbano de Andrea Camilleri o el Fabio Montale de Jean-Claude Izzo-, Montalbán es un referente para los autores mediterráneos de novela detectivesca, como Petros Márkaris y su teniente Jaritos.

No tan quijotescos como los anteriores, sino que más adheridos a la realidad son el brigada Belvilacqua y la sargento Chamorro, la pareja protagonista de las novelas policiacas de Silva. No en vano, Silva ha ejercido la abogacía y se ha visto envuelto en casos complicados de sobornos, espionaje y contraespionaje, un pasado que le “ha condicionado el enfoque” en sus novelas. Los jueces, por ejemplo, figuras indispensables a la hora de llevar una investigación

La pareja protagonista de Silva es piadosa “en el sentido integral de la palabra”. Belvilacqua es un psicólogo uruguayo que acaba en la Guardia Civil por cuestiones económicas y no por vocación, pero a quien le reconforta sentirse útil para con los que sufren. Por otro lado, Chamorro tiene “un estricto sentido del deber”, eficiente en los aspectos institucionales. No son perfectos, pero son reales. Silva ha convivido mucho tiempo con agentes del cuerpo y tras un proceso de observación y de acercamiento ha podido moldear a los personajes de sus novelas. Incluso, la base de las tramas muchas veces ha salido de experiencias diarias, de conversaciones escuchadas furtivamente o de casos reales tan modificados que se convierten en imaginarios.

No tan quijotescos como los anteriores, sino que más adheridos a la realidad son el brigada Belvilacqua y la sargento Chamorro, la pareja protagonista de las novelas policíacas de Silva. No en vano, Silva ha ejercido la abogacía y se ha visto envuelto en casos complicados de sobornos, espionaje y contraespionaje, un pasado que le «ha condicionado el enfoque» en sus novelas. Los jueces, por ejemplo, figuras indispensables a la hora de llevar una investigación –«son ellos los que finalmente resuelven»- pocas veces aparecen en las tramas de la novela negra.

Por su parte, Domingo Villar ha creado una pareja –”porque los agentes de seguridad siempre van de dos en dos”- de opuestos y complementarios. Leo Caldas es otro romántico, un inspector gallego que siempre responde a las preguntas con más preguntas. Y eso irrita a su compañero, Rafael Estévez, un zaragozano vehemente y violento. Sacados a base del análisis de la calle, no son superhéroes, ni llevan el arma más novedosa, ni tienen una hacker como Lisbeth Salander. Porque, como bromea Villar, “con 40 grados bajo cero, ¿qué mejor pasatiempo que matar?”.

Esos oscuros señores ortodoxos: El Vaticano condena otra vez a Saramago tras su muerte

Le acusa de “populismo extremista” y le define como “ideólogo antirreligioso”

Las gafas y la maquina de escribir

José Saramago

FOTOS – ADRIEL PERDOMO –

Las gafas y la maquina de escribir. La vieja máquina de José Saramago y sus gafas en la sala a la que da nombre en la Fundación César Manrique de Lanzarote, con motivo de una exposición dedicada a su obra.- ADRIEL PERDOMO

Ni elogio fúnebre ni nota necrológica neutra. Fiel a su historia, el Vaticano ha dedicado hoy a José Saramago, fallecido el viernes a los 87 años en Lanzarote, un ataque denigratorio, una condena de un tono casi sarcástico, que suena casi a celebración por la muerte de uno de los intelectuales que más lúcidamente ha condenado los abusos cometidos en nombre de la religión y la hipocresía y contradicciones de la Iglesia de Roma.

El artículo dedicado al autor de ‘Memorial del convento’ por el diario oficial de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, se titula La omnipotencia (relativa) del narrador, está firmado por Claudio Toscani y mezcla reflexiones sobre su tarea de intelectual de izquierdas con descalificaciones del tipo “populista extremista”.

La pieza subraya la “ideología antirreligiosa” de Saramago, a quien define como “un hombre y un intelectual de ninguna capacidad metafísica, (y que vivió) agarrado hasta el final a su pertinaz fe en el materialismo histórico, alias marxismo”. Para añadir: “Colocándose lúcidamente de la parte de la cizaña en el evangélico campo de trigo, (Saramago) se declaraba insomne por las cruzadas, o por la inquisición, olvidando el recuerdo de los ‘gulag’, de las purgas, de los genocidios, de los ‘samizdat’ (panfletos de la Rusia soviética) culturales y religiosos”.

Por lo que respecta a la religión, continúa la nota, “uncida como estuvo siempre su mente por una desestabilizadora banalización de lo sagrado y por un materialismo libertario que cuanto más avanzaba en los años más se radicalizaba, Saramago no dejó nunca de sostener una simplificación teológica inquietante: si Dios está en el origen de todo, él es la causa de todo efecto y el efecto de toda causa”.

La estocada posterior es durísima. “Un populista extremista como él, que se hacía cargo del porqué de los males del mundo, habría debido antes que nada aplicar el problema a todas las estructuras humanas erróneas, desde las histórico-políticas a las socioeconómicas, en vez de saltar al detestado plano metafísico y culpar, de manera demasiado cómoda y carente de cualquier otra consideración, a un Dios en el que nunca creyó debido a su omnipotencia, a su omnisciencia, a su omnipresencia”.

El artículo critica de modo especial la novela ‘El Evangelio según Jesucristo’, con la cual, dice L’Osservatore Romano, el Premio Nobel de Literatura lanzó “un reto a la memoria del cristianismo de la cual no se sabe qué se puede salvar si, entre otras cosas, Cristo es hijo de un padre imperturbable que lo manda al sacrificio, que parece entenderse mejor con Satanás que con los hombres, y que domina el Universo con poder pero sin misericordia”.

“Irreverencias aparte”, concluye la pieza, “la esterilidad lógica, antes que teológica, de tales asuntos narrativos no produce la buscada deconstrucción ontológica, sino que se retuerce en una parcialidad dialéctica tan evidente como para impedirle alcanzar cualquier objetivo creíble”.

Por qué la gente quería tanto a Saramago

Cientos de personas aguardan en la plaza del municipio lisboeta para acceder hasta el sitio en el que se halla su cuerpo.

José Saramago está expuesto desde esta tarde en el salón noble del Ayuntamiento de Lisboa, la ciudad en la que se hizo escritor. Cientos de personas aguardan en la plaza del municipio a que les toque el turno que les permite acceder hasta el sitio en el que se halla su cuerpo ya sin vida, su semblante noble y adusto, sosegado aún más por la sombra sutil de la muerte. Hay gente de todos los sectores, profesionales, obreros, campesinos como los de su origen, poetas, periodistas, gentes venidas desde distintos lugares de Portugal o de España, cronistas que le han seguido el rastro, familiares, gente que se cruzó con él alguna vez en la presentación de un libro o en un mitin. ¿Por qué le quieren tanto? Su editor, Zeferino Coelho, me dijo esta mañana, con lágrimas en los ojos, que le querían porque representaba, en el siglo XX y aún más allá, “un monumento portugués, como Pesoa”.

Cree el editor que Saramago “concibió un mundo, que le representa y nos representa”. En ese mundo el autor de El año de la muerte de Ricardo Reis reinventó los mitos civiles de Portugal a la altura del maestro de los heterónimos, Fernando Pesoa. Y, además, nunca se dejó intimidar por los convencionalismos del poder.

¿Es un monumento pues? Se lo pregunté a un gran folclorista, cantante, intelectual y hombre de izquierdas, Carlos do Carmo, confundido entre los que acudieron a contemplar de cerca el rostro sin vida de José Saramago, su amigo. Dijo Carlos do Carmo “yo diría que Saramago es excepcionalmente un extramonumento portugués. Yo tengo 70 años”, siguió diciendo do Carmo, “y es la primera vez que veo en mi vida un reconocimiento popular a alguien tan peculiar como Saramago”.

Un amigo

Carlos do Carmo nunca había visto en su vida “a alguien que fuera tan querido, que le gustara tanto, a todo el mundo y sobre todo a la gente muy sencilla”. Le pregunté por qué. “Ah, vaya preguntándolo por ahí. Lo cierto es que todo el mundo ha aprendido de él. Yo he sido su amigo, era mi amigo, era uno de los amigos de mi vida, y muchas veces he aprendido de José, hasta el último instante”. Le pregunté al ilustre folclorista qué había aprendido de Samarago. “La paciencia. Su paciencia era inagotable, y yo creo que la paciencia proviene de la nobleza. Y además tenía un humor muy particular, que la gente no conocía. Y era una persona muy generosa. Son muchas cosas que aprender de una sola persona”.

Quería añadir algo más Carlos do Carmo. Y lo hizo, a media voz dentro del salón noble del municipio. Quiero destacar su similitud con Jacques Brel. Como el cantante, José mostró siempre una total intolerancia hacia la mediocridad. Eso me encantaba”. Cerca de él, Zeferino Coelho nos dijo al oído: “Saramago decía que lo peor de la muerte es que estás y de pronto no estás. Él estará siempre con esta gente que le viene a ver”. Su biógrafo, Fernando Gómez Aguilera, director de la Fundación César Manrique y creador de la exposición sobre la vida y la obra de Saramago, estaba allí, de pie, frente a su amigo muerto. Había venido en el avión militar que fletó el Gobierno portugués. Tuvo esta reflexión poética sobre el regreso de Saramago a su patria: “Fue a Lanzarote en una balsa de piedra y vuelva a Portugal entre las nubes del aire”.

Su amigo Javier Pérez Royo, catedrático sevillano, se mostraba extrañado ante un silencio: “¿Por qué no están diciendo ustedes estos días que la mejor novela de Saramago, la más consistente entre sus metáforas, la que demostró para siempre su gran categoría de novelista, la gran novela de Lisboa es El año de la muerte de Ricardo Reis?”. Pues ya está dicho. Por cierto, esta novela, El año de la muerte…, fue la que llevó a Pilar del Río a conocer, como periodista, a Saramago, con las consecuencias sentimentales que ya todo el mundo conoce.

“Libertad” por Amnistía Internacional, Paulo Coelho, Henning Mankell, Juan Goytisolo, Nadine Gordimer, Joyce Carol Oates, Ariel Dorfman

Kailas Editorial/ Amnistía Internacional. Varios autores: Paulo Coelho, Henning Mankell, Juan Goytisolo, Nadine Gordimer, Joyce Carol Oates, Ariel Dorfman… 500 páginas

«Libertad»

Hambre, odio, persecución, barbarie, tortura, silencio, silencio, silencio. A lo largo de los siglos, nuestra especie ha ido renqueando por este planeta, dando muchas veces palos de ciego, intentando romper cadenas y echar abajo muros de la vergüenza. Pero hoy por hoy, este género que solemos llamar humano es el único capaz de llevar al potro de la infamia, a la picana de la desolación a otro ser de su misma especie.

Todavía, en las cuatro esquinas del planeta el hombre sigue siendo el más feroz de los lobos para el hombre. Ante esta carnicería muchos callan y, por supuesto, otorgan. Pero no todos. Desde que el hombre es hombre y desde que el arte es arte, otros han levantado la voz, han dicho basta una y mil veces, han dicho alto y claro que no, incluso a riesgo de la propia vida.

Dickens denunció la explotación de la Era Victoriana, Camus metió el dedo en la llaga de la opresión viniera de donde viniera, los poetas, durante siglos, ante la injusticia, la violencia, el terror, pidieron la voz y la palabra. Como lo han hecho ahora un puñado de los mejores escritores contemporáneos en el libro «Libertad», que han puesto sobre el papel magníficos textos de ficción con los Derechos Humanos como eje, como centro y como inspiración.

Es quizá un sueño, como el de Martin Luther King. Es un sueño llamado Libertad, y como han hecho aquí estos autores vale la pena perseguirlo, seguir luchando por él

La última palabra«El hecho de que estos escritores hayan contribuido con sus extraordinarios dones a la causa de los derechos humanos es un signo de que la injusticia nunca tendrá la última palabra», señala en el prólogo el arzobispo surafricano Desmond Tutu. Y así lo han hecho en este emocionante título Juan Goytisolo, Nadine Gordimer, Xiaolu Guo, Paula Coelho, Henning Mankell («Una de las cosas más difíciles de asimilar en nuestros días y en nuestra época es que tanto sufrimiento es innecesario», escribe en el epílogo), Joyce Carol Oates y otros colegas, llegados a estas páginas dese todos los rincones del mundo.

«Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros». Es el artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos. Es quizá un sueño, como el de Martin Luther King. Es un sueño llamado Libertad, y como han hecho aquí estos autores vale la pena perseguirlo, seguir luchando por él. Palabra por palabra.

Cinco autores debaten en el Festival de la Palabra sobre escribir contra la violencia

Escritores en el Festival de la Palabra de San Juan de Puerto  Rico

Lo que para los autores del boom representaron el paraguayo José Gaspar Rodríguez de Francia, el dominicano Rafael Leónidas Trujillo, el guatemalteco Estrada Cabrera o el chileno Augusto Pinochet lo representan hoy para sus herederos los jefes de las bandas mafiosas de Medellín o Ciudad Juárez. Los capos del narcotráfico han sustituido a los dictadores en la literatura latinoamericana. Los jeeps militares han dado paso a una flota de aparatosos cuatro por cuatro con cristales ahumados y la violencia ha dejado de moverse en sentido vertical para colonizar horizontalmente la sociedad entera.

Cuando el mexicano Élmer Mendoza, un hombre al que según su compatriota Paco Ignacio Taibo II los traficantes respetan “porque quieren salir en sus novelas”, habla de los 22 asesinatos diarios de su país, con 100 millones de habitantes, el puertorriqueño Pedro Cabiya saca una cifra similar para el suyo, con sólo cuatro millones. “¡No puede ser!”, tercia asombrado el cubano Leonardo Padura. “Puerto Rico se va a quedar vacío”.

¿Cómo se traduce en letra toda esa sangre? ¿Cómo contar la violencia? Esa es la pregunta que ocupa varias de las sesiones del Festival de la Palabra, el encuentro que hasta el domingo se celebra en San Juan de Puerto Rico. La respuesta, a la vista de la edad de oro editorial que vive el género, es esta: con las herramientas del género policiaco. Taibo II, director de la Semana Negra de Gijón, lo explica así mientras se mueve hiperactivo por la sede del festival: “La corrupción es un iceberg y tanto el periodismo como las ciencias sociales tienen muy difícil contar la parte sumergida. Muchas veces se conforman con contar la parte visible, o sea, el 10%. La novela negra cuenta el iceberg completo”. El español José Ovejero, que estos días ultima un libro sobre escritores delincuentes, confirma que la novela negra es además, junto con la autobiografía, el formato preferido por los narradores -no es el caso, que se sepa, de los invitados a Puerto Rico- que pasan por la cárcel: la ficción sirve para vender libros; la no ficción, para vender la idea de que la sociedad también es culpable.

“Si hablamos de violencia hablamos de narco”, dice Cabiya mientras Élmer Mendoza apunta que se trata del segundo negocio más importante del mundo después del tráfico de armas: “No es algo exótico sino la realidad cotidiana”. Y en pocos sitios es así como en Colombia, añade otro Mendoza, Mario. El narrador bogotano, autor de Satanás, una novela adaptada el cine por Andi Baiz, y que acaba de publicar en su país el ensayo La locura de nuestro tiempo (Seix Barral), recuerda que en Colombia la violencia es “del establecimiento”, es decir, estructural. “El propio narcotráfico tiene un diseño perfecto para permear toda la sociedad”, reflexiona. Y explica que el llamado proceso 8.000, que en 1995 implicó al presidente Ernesto Samper, acusado de recibir dinero del narco para su campaña, destapó una red cuyo hilos habían sido tejidos por traficantes, ministros, futbolistas, periodistas y reinas de la belleza. “La violencia ya no es vertical, ahora es un rizoma”. ¿Y qué hace un escritor con todo eso? “Equilibrios”, responde Mendoza. “No hay buenos ni malos. Si eres maniqueo cometes un error. Si creas héroes, también. Todos son malos”, dice. Y al instante, añade: “Pero no use como titular, por favor, ‘En Colombia todos son malos’. Luego tengo problemas con ese nacionalismo ofendido que gasta dinero en publicidad para dar buena imagen del país”.

“La modernidad de una ciudad se mide por las balas que truenas en sus calles”, se lee en el arranque de Balas de plata (Tusquets), de Élmer Mendoza. El escritor mexicano dice que esa línea es un truco para atrapar al lector -y en Europa atrapó a muchos- pero no desmiente lo que tiene de radiografía social. A medio camino, literalmente, entre México y Colombia, en Nicaragua, situó Sergio Ramírez su última novela, El cielo llora por mí (Alfaguara), una historia de ex combatientes antisomocistas que terminan trabajando en el departamento de estupefacientes de la policía. Generacionalmente con un pie en el boom y otro en sus consecuencias, Ramírez es, como su país, el puente perfecto entre la literatura que se ocupó de la violencia política y la que se ocupa ahora de la violencia sin adjetivos. Para él además los escritores siguen respondiendo al mismo resorte: “La historia pública irrumpe en la historia privada y la destroza”. Sea pasto de las enciclopedias o de las páginas de sucesos.

¿Qué es escribir?


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“¿Sabéis lo que es escribir? Una antigua y muy vaga, pero celosa práctica, cuyo sentido yace en el misterio del corazón”, fueron las palabras de Stéphane Mallarmé para referirse a la seducción de la escritura sobre algunas personas.

¿Y qué es la literatura? preguntaron a Toni Morrison (cuya mano ilustra este post): “Un refugio, un lugar donde todo puede ocurrir, donde se puede reaccionar con violencia o sublimidad, donde es bueno sentir melancolía o temor, o incluso fracasar, o equivocarse, o amar a alguien, o desear algo profundamente, y no llamarlo por otro nombre, no sentir vergüenza por ello. Es un lugar para sentir profundamente”.

Durante estas fechas previas al Día del Libro, 23 de abril, sólo voy a a escribir algunos de los secretos de grandes escritores sobre su relación con la literatura y que han quedado a lo largo de la historia. Las fotografías de manos que acompañarán al post serán de Kim Manresa y pertenecen al libro Rebeldía de Nobel (El Aleph) que ilustran las entrevistas que realizó el periodista Xavi Ayén a 16 premios Nobel.

Los premios Ortega y Gasset 2010

Los Premios Ortega y Gasset de Periodismo han reconocido en su vigésimo séptima edición el trabajo de investigación del caso Gürtel realizado por el diario EL PAÍS, la trayectoria profesional de Jean Daniel y el conjunto de piezas publicadas en Internet por Judith Torrea en su blog Ciudad Juárez, en la sombra del narcotráfico. El galardón a la mejor fotografía ha sido para el reportaje Somalia en el fin del mundo del fotógrafo José Cendón publicado en el Magazine de La Vanguardia.

El jurado de los Premios Ortega y Gasset de Periodismo, reunido hoy y presidido por Miguel Zugaza, director del Museo del Prado, ha estado compuesto por Daniel Monzón, María Garaña, Daniel Samper y los cuatro directores de EL PAÍS desde su fundación: Juan Luis Cebrián, Joaquín Estefanía, Jesús Ceberio y Javier Moreno.

El premio al mejor trabajo de periodismo impreso ha sido concedido a la labor de investigación sobre el caso Gürtel de EL PAÍS, un trabajo conjunto del equipo de la sección de Nacional y de la redacción en Valencia dirigido por el subdirector del periódico José Manuel Romero. El jurado ha valorado el “excelente trabajo” de la redacción del diario que “fue capaz de descubrir y denunciar este gran escándalo de corrupción política, frente a los innumerables intentos de muchos sectores por ocultar la verdad”.

El galardón al mejor trabajo publicado en Internet ha sido para Judith Torrea por su blog Ciudad Juárez, en la sombra del narcotráfico. El jurado ha distinguido “el tratamiento de uno de los dramas más graves y brutales de nuestro tiempo”.

En la categoría de periodismo gráfico, el premio ha recaído en el reportaje Somalia en el fin del mundo, firmado por José Cendón y publicado en el Magazine de La Vanguardia por su “alto valor humano” y por la calidad técnica de unas instantáneas conseguidas “en circunstancias especialmente conflictivas”.

En el apartado de mejor trayectoria profesional, el Ortega y Gasset reconoce al periodista francés de origen argelino Jean Daniel. El jurado considera a Daniel, amigo y colega de Albert Camus y fundador y director de Le Nouvel Observateur, “exponente de un periodismo culto y de alta calidad”.

Los galardones, concedidos por el diario EL PAÍS y dotados con 15.000 euros en cada una de las categorías y una obra conmemorativa de Chillida, se entregarán el próximo 4 de mayo en Madrid.

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